jueves, 1 de diciembre de 2011

SOCIOLOGÍA DE LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL, ÚLTIMO LIBRO DE MORALES LOMAS Y MORALES PÉREZ

SOCIOLOGÍA DE LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL DE F. MORALES LOMAS Y L. MORALES PÉREZ HA SIDO PUBLICADO EN EDICIONES ZUMAYA, GRANADA, 2011, 552 PÁGINAS. (PUEDEN ADQUIRIRLO EN CUALQUIER LIBRERÍA O EN LA SIGUIENTE DIRECCIÓN DE EDITORIAL ZUMAYA: http://editorialzumaya.com/contacto.html)
Sociología de la literatura infantil y juvenil es una obra imprescindible si se quiere penetrar en el conocimiento de la literatura dirigida a los jóvenes en la actualidad y esencial para conocer las claves de su funcionamiento. El conocimiento sobre el lector infantil, sus preocupaciones, su forma de acceder al texto literario y las claves de la animación lectora son trascendentes en esta obra que aspira a recoger de un modo amplio la visión de la literatura juvenil actual. Podemos encontrar las funciones y temáticas habituales de la literatura infantil y juvenil, la estructura formal y la sistematización de las obras, la construcción de los personajes y los argumentos, el desenlace de los conflictos. Pero también se intenta dar respuesta a preguntas sobre el valor de esta literatura y su repercusión en la sociedad actual. En un momento en que el lector infantil y juvenil tienen una gran importancia en el panorama editorial los autores de esta obra profundizan en las obras de este momento pero también hacen una amplia exploración de lo que ha sido la literatura infantil a lo largo de la historia, centrándose en los géneros y las formas de creación y en autores fundamentales como Juan Ramón Jiménez, y desarrollan la semblanza del lector infantil y juvenil, la importancia de la familia, la escuela y el profesorado en la f ormación del lector, así como en la calidad de los textos literarios. 

F. Morales Lomas y Lorena Morales Pérez, autores de esta obra


ÍNDICE

LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL Y SUS PROCESOS CREADORES
A. Especificidad de la literatura infantil y juvenil
1. Deslindes teóricos.
2. ¿Qué entendemos por lector infantil?
3. Percepción e impresiones sobre la literatura infantil. Definiciones y procesos cognoscitivos.
4. La infancia como delimitación de los cauces expresivos del escritor.
5. ¿Cuándo surge la literatura infantil?
6. La infancia en la literatura.
B. Características generales y funciones de la Literatura infantil y juvenil
1. Algunas temáticas infantiles y juveniles. Propuestas de análisis.
1. Temas para adultos y temas infantiles y juveniles.
2. El síndrome de la prohibición y las cortapisas del tratamiento didáctico.
3. La temática del miedo, el terror y la violencia.
4. La mujer como lugar de encuentros y desencuentros.
5. La fantasía y la magia como industria y sugestivo secreto.
6. La magia y sus paradojas:
-Algunas ideas generales.
-Los cuentos infantiles y la teoría de lo mágico.
-La elocuencia de lo mágico y los conflictos en literatura infantil y juvenil.
-Algunos modelos dignos de interpretación.
7. Ambiente familiar.
2. La estructura formal y la sistematización de la obra literaria infantil y juvenil.
1. Algunas precisiones teóricas.
2. La voz y la focalización.
3. Los capítulos.
4. La acción novelesca y el ritmo ágil.
5. El espacio-tiempo narrativos:
a) El bosque.
b) El palacio, el castillo y la casa.
c) Las ciudades, las casas burguesas y los espacios al aire libre.
6. Los argumentos, los asuntos, las historias...
7. La construcción del personaje.
8. El desenlace de los conflictos.
9. El tono.
3. El libro infantil y juvenil y el comercio cultural. Encuentros y desencuentros con el autor. Sugerencias editoriales.
4. ¿La literatura infantil y juvenil es un producto de segunda fila?
C. Breve panorámica de la historia de la literatura infantil y juvenil
1. Antes del siglo XIX.
2. El siglo XIX.
3. El siglo XX.
LOS GÉNEROS Y FORMAS EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
1. Presupuestos teóricos.
2. Épico.
· Epopeya y cantares de gesta.
· El cuento y las hadas.
· El Mito y la leyenda.
· Fábulas.
· Relatos de aventuras.
· Novelas históricas.
· Ciencia-ficción.
· Novela policíaca.
· Novela rosa.
3. El teatro.
· Teatro de títeres.
· Teatro de sombras.
· Teatro de marionetas.
4. La lírica.
· Las canciones de cuna.
· Los Villancicos
· Las rondas
· Las coplas
· Rimas infantiles
· Trabalenguas
· Retahílas
· Romances
SEMBLANZA DEL LECTOR INFANTIL Y JUVENIL
A. Etapas de la literatura infantil y evolución psicológica del alumnado.
B. Formación literaria del lector infantil y juvenil
1. Algunas apostillas.
2. El lector.
3. La familia.
4. La escuela y el profesorado.
5. Los bibliotecarios.
C. Criterios para seleccionar obras, teniendo en cuenta el texto y el receptor.
1. La calidad literaria.
2. Introducción de elementos atractivos.
3. El tipo de lenguaje, los recursos literarios y el vocabulario.
LA POESÍA INFANTIL Y JUVENIL DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
  1. Juan Ramón Jiménez, Zenobia y la infancia.
  2. Las ediciones de la poesía infantil y juvenil de JRJ.
  3. Antología para niños y adolescentes (1950) (Edición de Norah Borges y Guillermo de Torre)







    sábado, 12 de noviembre de 2011

    LA NARRATIVA DE PABLO ARANDA POR MORALES LOMAS


    PABLO ARANDA Y LA NARRATIVA DEL NAUFRAGIO Y LA ESPERANZA EN UN MUNDO CONVULSO


    El escritor malagueño Pablo Aranda forma parte de un colectivo de autores nacidos en Málaga o afincados en ésta que han alcanzado cierta notoriedad en los últimos años gracias al éxito más o menos amplio obtenido con sus obras. Entre ellos podríamos citar a Rafael Ballesteros (más conocido como poeta), que con la pentalogía La muerte tiene la cara azul conquistó el Premio Andalucía de la Crítica de 2010, Campos Reina (desgraciadamente fallecido), Antonio Soler, Juan Madrid, Guillermo Busutil, José A. Garriga Vela, José Manuel García Marín, José Antonio del Cañizo, Emilio Calderón, A. Gómez Yebra, Francisco Fortuny, Juan Francisco Ferré, Alfredo Taján, Jacinto Muñoz Rengel, Carlos G. Navarro, J. M. Villalba, Antonio J. Quesada, Mario Virgilio Montañez, Javier Labeira, J. Francisco Guerrero López, o el que esto suscribe.

    Pero Pablo Aranda apenas si era conocido antes de la fecha de 2003 en que publica La otra ciudad. No había noticias sobre él y ésta es de hecho la fecha de inicio de su trayectoria literaria que se ha consolidado en poco tiempo, siendo uno de los narradores actuales andaluces que ha alcanzado más notoriedad junto al cordobés Pérez Azaústre, al sevillano Isaac Rosa o a los granadinos Pérez Zúñiga y Ángel Olgoso.

    De hecho algunas de las obras de Pablo Aranda han obtenido premios literarios, y gracias a ello han sido publicadas. En 2002 quedó finalista del Premio Primavera con su novela La otra ciudad (2003). A ella hay que sumar en los últimos años el I premio Sur de novela corta con Desprendimiento de rutina (2003), El orden improbable (2004) y Ucrania (2006), que obtuvo II Premio Málaga de Novela. Recientemente también ha obtenido por una obra de literatura infantil y juvenil, Un pirata en la bañera, el II Premio Ciudad de Málaga de Literatura infantil. Todo ello nos indica que la suerte de los premios y su calidad literaria han sido algunas de sus principales aliadas.

    En su primera obra, La otra ciudad (2003), abordaba la narrativa de personajes en el ámbito de la marginación malagueña con el subsuelo de la inmigración como bandera organizativa y evolutiva. Múltiples personajes con relaciones afectivas que iban transmitiendo su mundo exclusivo en el que se apreciaba un compromiso social y una voluntad de construir la desorganización de los mundos propios con la constante amenaza de la droga, la cárcel, la marginación y la descomposición familiar e individual.

    Una novela de corte existencial sobre lo duro que puede ser la vida para unos personajes que viven su propio crecimiento personal. Se trata de antihéroes cuyas historias surgen desde un costumbrismo vital: una madre con un adolescente que ingresa en un reformatorio, un profesor de instituto abandonado por su mujer, un mecánico, una inmigrante marroquí, Nadia. Vidas sencillas con las que se puede sentir identificado cualquier lector, aunque es cierto que con una tendencia al melodrama social y en medio de un entramado de situaciones habituales y bastantes normalizadas. Paco, el protagonista vive en una ciudad que puede estar perfectamente identificada con Málaga pero también con otras de tipo medio como Sevilla o Bilbao, en un barrio de trabajadores, con una gran lacra que no sólo es personal en tanto la ausencia de perspectivas y el hastío vital crean en él una atonía existencial de corte barojiano sino también familiar porque en su casa las dificultades son extraordinarias: un hermano enganchado a la droga y un padre alcoholizado. El futuro no existe, el presente es una tragedia: el alcohol, las drogas, la violencia, la ausencia de perspectivas conducen su existencia a un callejón con muy pocas salidas. Un mundo que crea su propio microcosmos (en mitad de ese macrocosmos también sin sentido) en el que trata de vivir como puede, evitando su contaminación y caída definitiva. Por eso cultiva la amistad con Richa y acaba enamorándose de otra forma de ver el mundo, de la inmigrante marroquí Nadia, que quizá puede tener aun más motivo para la queja que él.

    En tanto su existencia se traslada a otra cultura diferente en la que la acogida no es buena y en la que tiene que sobrevivir teniendo el desengaño como guía permanente. La historia surge rauda, de repente y va construyendo por un sistema de acumulación de acontecimientos que van y vienen en pequeños trazos de tipo impresionista con intención de construir una situación personal y vital desde la infancia hacia la aparición última de la inmigrante marroquí, Nadia, y el amor como consuelo ante la desolación. Otro tema la relación amor-frustración que también estará presente en obras posteriores como El orden improbable y en Ucrania. Y es que creo que gran parte de su narrativa ya se halla presente en esta novela en cuanto a las diversas posibilidades que ofrece el amor como temática de la salvación personal ante un cúmulo de adversidades que uno no controla. Lo individual se sobrepone a lo social. El amor a la comunidad y su problemática.

    El realismo es tomado como horma narrativa y lo proyecta con un uso cercano y naturalizado, y una amplitud de registros literarios que hace adentrarnos sinuosamente en los personajes y vivir sus vidas con bastante normalidad, en un ámbito de tragedia contenida donde el punto de vista del narrador se multiplica en función de los personajes que abordan su día a día en una sociedad dominada por los perdedores: “Esa otra ciudad tan diferente, tierna y dura a la vez, donde las personas se encuentran de una manera distinta, y de una manera distinta también se alejan. Esa parte de la ciudad tan real y verdadera que la mayoría de las veces casi asusta mirarla, y casi que no lo hacemos. Esa ciudad llena de heridas abiertas, risas, amores y desamores, dolores y lealtades”[1].

    Algunos críticos han visto deudas de esta novela con la narrativa de Antonio Soler, amigo del escritor, en “la fragmentación del ritmo interno, el leguaje coloquial convertido en su propia barroquización, los personajes que vienen de la nada y se dirigen inevitablemente hacia la nada. Por otra parte, los esfuerzos del autor para sofisticar la prosa haciendo de ella un cruce entre literatura oral y fluir ligero de la conciencia (otro recurso de Soler)” [2].

    Creo que estas evidencias existen, sin embargo, los recursos de Soler apuestan más por un lenguaje un tanto sorpresivo, por una mayor desenvolvimiento formal y por una más profunda atención a la dinámica lingüística, así como un mayor valor simbólico y representativo de sus historias y ámbitos vitales.

    Proseguía A. J. Luna diciendo que “estos esfuerzos formales -repito- tropiezan con un dominio desigual del ritmo prosístico; un ritmo que a veces chirría y muestra impúdicamente su artificio. Si a esto unimos que algunas de las historias no son tan brillantes y que no todos sus personajes resultan tan afortunados o necesarios, hay que concluir que la novela presenta un cierto desequilibrio de fuerzas. Aún así, su autor es un buen escritor. Aún así, Pablo Aranda evidencia rabia literaria. Y eso, la rabia literaria, escasea desde hace mucho tiempo en las mesas de novedades. En resumen, un libro con germen de literatura, a pesar de desequilibrios técnicos”[3].

    Sin embargo, ha habido otros críticos cuya opinión con una primera novela no es tan áspera como la de Luna. Entre ellos está Care Santos, que saludaba a esta novela como una magnífica obra y “una mirada muy periodística a la que no se le escapa detalles y que sabe enriquecerse con la sensibilidad del buen contador de historias”. Y añadía desde las páginas de El Cultural: “La otra ciudad no sólo es una magnífica primera novela, también es una historia que retrata algunos de los males de nuestra sociedad, un espejo nada deformante pero sí parcial -refleja, sobre todo, a los más desvalidos- en el que se reflejan los monstruos que nos acechan. Y algunas otras cosas, de las que enseguida damos cuenta (…) Todo ello para narrarnos un aprendizaje, porque la novela de Aranda es, sobre todo, una historia iniciática en la que el autor parece decirnos que incluso en nuestros tiempos y con las lepras que nuestra sociedad padece, el amor conserva aún toda su fuerza redentora. Y, por supuesto, su innegable potencial novelesco”[4].

    Esta novela fue, finalmente, llevada al cine por la ministra de Cultura y realizadora Ángeles González Sinde, que fue quien llevó a cabo personalmente el guión de la misma, y estrenada en la primera edición internacional de Cine y Ficción para Televisión de Valladolid con producción de TVE y TV3, entre otros. Los protagonistas de la película fueron Tristán Ulloa, Marta Milla y Aida Oset.

    En Desprendimiento de rutina (2004) el protagonista es Luis, un personaje obeso y desvaído que vive enamorado de la cerveza y de la comida basura que, tras varias desventuras, decide hacer lo que le dé realmente la gana y que pierde una subvención al no llegar a tiempo para entregar unos informes a su empresa y este acto rutinario se convierte en una evidente aventura en el abismo. De nuevo los embates de la realidad se adueñan de la obra para operar en nuestra contra. Los héroes literarios de Pablo Aranda deben hacer frente a un destino aciago que siempre está dispuesto a jugarle una mala pasada. Así sucedía con Paco en La otra ciudad, con Nuria en El orden improbable o Elena, la ucraniana protagonista de Ucrania. Ante estos conflictos sobrevenidos, sus personajes, aceptan siempre la realidad como Luis y se adaptan a ella para no ser dilapidados completamente: “Siempre observo lo que me rodea. Y todo lo que capto son elementos útiles para la literatura. La realidad más cercana es la que más me atrae y me permite bucear en los personajes que son protagonistas de historias que apenas conozco”.

    A partir de ahí ese mundo de Luis se va llenando también de otros personajes, como su novia (a la que será infiel) que viven sus vidas con naturalidad (un hecho sintomático en sus novelas) que aspiran a cambiar el mundo aunque muchas veces éste los determina y los subsume.

    Aunque pudiera parecer que la novela deriva y podría acabar siendo un pozo sin fondo, en realidad siempre existe en su obra un deje de esperanza que se sobrepone por encima de un mundo de contrariedad y desencuentro.

    El realismo, tan determinante de toda su producción, aspira a una especie de naturalidad conquistada y los sucesos (en muchos casos entretenidos) a medida que Luis va complicando una vida de mentiras y despropósitos.

    En El orden improbable (2004) la protagonista, Nuria, es una malagueña que a la edad de veinte años deja Málaga y se marcha a Madrid para iniciar una nueva vida. Sin embargo, la frustración y el fracaso, tema frecuente en sus obras, pronto se adueña de su vida cuando descubre que su pareja le engaña. Al cabo de los veinte años, y tras separarse de ella y verse envuelta en un hurto en la joyería donde trabajaba que le puede costar muy caro penalmente, decide volver a Málaga. El encuentro no es muy satisfactorio, en tanto es recibida fríamente por el padre, que sufrió mucho su ida y de modo harto indiferente por el hermano taxista. Y un tanto críticamente por la madre. En consecuencia, no sólo ella ha cambiado, también lo ha hecho el entorno social, la familia y los amigos que aparecen como seres lejanos y un tanto extrañados. Nuria debe hacer frente a este entorno hostil, pero también a su pasado, a su memoria. Ambos se coaligan para actuar en su contra. Nosotros no sólo somos dueños de nuestros actos (Nuria lo es) sino también de los actos ajenos que nos impelen a actuar en una línea que quizá no deseábamos.

    De pronto la existencia, parece decirnos Aranda, se puede debilitar por cualquier hecho ajeno a nosotros y no sólo podemos entrar en una situación complicada sino frustrante y “desordenada”. Nuria, que había ordenado su vida en Madrid, de pronto se ve envuelta en una cierta desolación y desesperanza. Ese orden se ha roto. Garrido Moraga[5] hablaba de que en su obra se produce acaso un “territorio de fracasos”: “Unos personajes que fracasan en sí y para los parámetros que el mundo utiliza en forma de éxito económico y social. El componente autobiográfico es clave en la vida de todos, empezando por Nuria que abandonó Málaga, su ciudad, con veinte años, para marcharse a Madrid (...) Vuelve a su ciudad y recupera recuerdos y personas, vuelve a sufrir con el pasado y busca un nuevo lugar, físico y emocional desde el fracaso de un amor de once años de convivencia”.

    El origen de su creación había sido muy diferente al resultado final. Afirma el autor que de "una idea argumental poco elaborada" con la que pretendía dar "un tratamiento de humor" a El orden improbable, algo que no le salió: "Me interesa la literatura de perdedores, la literatura social de los años 60, y eso es lo que intento hacer, pero dando algo de esperanza. Cuento historias duras, pero con un margen, intentando que sea verosímil".

    También ha dicho que ha sido la novela que más ha corregido, con la que más ha vuelto atrás y con la que más inseguro se ha sentido en el proceso: "Le he dedicado muchas horas y he reescrito mucho porque quería que fuera una novela buena y que gustara al lector”[6].

    El proceso narrativo en el que se ve envuelta su protagonista, sobre la que pilota toda la obra, es descrito como un mecanismo de extrañamiento de lo diario de corte emotivo e intimista que, en cierto modo, continuaría la línea que comenzó con La otra ciudad. En el transcurso de la novela el encuentro con otros personajes: los abogados que le llevarán su cuestión legal y la reconstrucción rauda de los años vividos en Madrid nos permitirá ir generando la situación novelesca. Entre esos personajes más llamativos podemos encontrar a Sole, una bailaora que vive sus propios sueños-fracasos mentales; su hermano el Robe, el taxista que vuelve a la casa; Jaime, un alcohólico rehabilitado gay que vive con su madre enferma; el Sueco, que es “el príncipe sucio” de Nuria, un camarero, un tanto macarra que disfruta llevándola en su moto por distintos garitos de Málaga. Un conjunto de personajes que nos invitan no sólo a vivir el pasado sino también a reconstruir el futuro.

    Es verdad que el fracaso está unido a aquel pero no a éste como se deriva de la anécdota final y del proceso de progresivo optimismo del narrador con su protagonista: “También El orden improbable se alimenta de esa poética, a la que hay que añadir el punto de vista, siempre del lado de quienes no protagonizan nada que vaya más allá de sus vidas. De nuevo la ciudad es el espacio vivido y conocido. De nuevo un equilibrio de fuerzas bien diseñado entre narración y diálogo, una pizca de humor y de ternura repartida entre la genuina variedad de tipos que habitan el escenario urbano, y un narrador omnisciente que organiza y explica el relato, hacen que este autor mantenga expectativas que no se agotan con esta historia”[7].

    En consecuencia, a pesar de las dudas, del fracaso y de las huidas que nos desarrolla a través de un proceso de asociación mental, nunca de una manera lineal, sino dando continuos saltos en el tiempo, consigue crear en su vida cierto orden, un «orden improbable» donde por fin encontrará la felicidad final que transmite el autor en las últimas páginas: “El título, El orden improbable, es más que acertado, ya que por más que nos empeñemos en llevar nuestras vidas por un determinado carril, siempre se dará este orden improbable que nos hará llegar a la felicidad por otros medios y encontrarla en lugares que ni sospecharíamos[8].

    Con un lenguaje vivo y directo, Pablo Aranda nos sumerge en las vidas de sus personajes y compone un complejo mural coronado por un final que es sumamente oportuno con su forma de ver la realidad y un optimismo evidente, a pesar de todo: “El orden improbable guarda un esperanzador vitalismo, transmitido en un relato sólido y coherente, escrito con aparente sencillez pero muy trabajado –hasta adquirir una notable fluidez y una proporción entre narración y diálogo- en el que se mueven Nuria y los personajes que la circundan (…) todos de carne y hueso, buscando también el hilo de Ariadna de sus laberintos”[9].

    Ucrania (2006) fue galardonada con el II Premio Málaga de Novela, convocado por el Instituto Municipal del Libro en colaboración con la Editorial Destino.

    Como Nuria en El orden improbable, también en esta novela la protagonista es una mujer. En este caso una mujer extranjera. Elena es una mujer preparada y con una formación intelectual que sirve de germen de una historia personal a partir del momento en que llega a Málaga para trabajar como una de tantas inmigrantes en el servicio doméstico. “Aquí su vida –decía Aranda- se ve condicionada por los miedos e ilusiones de tres adolescentes. Incluso estuve hablando con unas cuantas, para conocer las sensaciones que les causaban el cambio de país y qué cosas les llamaban la atención de Málaga”.

    Pero también es cierto que junto a ella hay un grupo que determina todo el proceso narrativo en cuanto posee un enorme poder simbólico, un grupo de jóvenes malagueños que estudian en el mismo centro en los años ochenta. Viven sus experiencias adolescentes y programan el futuro. Después llegan a la facultad y comienzan a estudiar sus respectivas, mientras que Jorge (el otro protagonista) se hace mecánico de automóviles. Ya con treinta años se enamora de una ucraniana por Internet, mientras su hermano Julián acaba en la cárcel. Jorge es un muchacho de espíritu complicado y un tanto desarraigado pero la protagonista ha dejado en Ucrania a su hijo, en la casa materna, y desea traerlo a España como único objetivo. Hay otros personajes protagonistas, otra mujer y otro hombre, que conviven en un barrio de clase media de Málaga con lo que apuesta una vez más Pablo Aranda en convertir la normalidad del barrio y sus gentes en personajes literarios. Inmigrantes que buscan dinero fácil y desengañados.

    Aranda se siente a gusto en Málaga donde trascurren la mayor parte de sus historias y, como en otros escritores malagueños, que han apostado abiertamente por convertir a su ciudad en centro de sus acciones, Aranda se desenvuelve en ella con afecto y sobre todo con conocimiento de causa porque es lo que mejor para cualquier narrador (también en Antonio Soler sucede así) y puede llegar a transmitir en sus obras todo el poder y el simbolismo de la ciudad y es más fácil visualizarla al escribir, aunque también conoce Ucrania –en la que ha estado de viaje- y este hecho permite un mayor acercamiento al espacio narrativo de la protagonista. Al respecto declaraba Aranda lo siguiente: “Por un lado me ha divertido escribir sobre lugares que tengo aquí mismo, por otro en muchas novelas aparecen calles y éstas no tienen por qué estar siempre en Madrid o Barcelona (ciudades que por cierto me encantan).´Me gusta ser de donde soy, pero no creo que Málaga sea mejor ni peor que ningún otro sitio. Que yo sea de aquí es casual, supongo”.

    Tanto el ámbito geográfico como los personajes además se sostienen en todo lujo de detalles, un puntillismo que le permite jugar por momentos a una suerte de construcción visual, imaginaria y sensitiva de muchos aspectos. Un conjunto de situaciones e historias de personajes que acaban cruzándose formando una especie de maraña o gran puzzle: “Intento que las historias no acaben con flecos sueltos, sino que se entrecrucen. Eso pasa con la historia de la ucraniana y con la vida de uno de los tres adolescentes a los que retrato”. A este respecto también decía Basanta lo siguiente: “La novela encuentra su mejor acierto formal en el continuo entrecruzamiento de planos temporales, con múltiples analepsis y prolepsis que recuerdan aspectos del pasado y anticipan situaciones futuras. Este deslizamiento del pasado al presente y viceversa está desarrollado con fluidez y naturalidad, favorecido por la división del texto en cien capítulos cortos. Y su labilidad estructural se apoya en la libre asociación de ideas y en la recurrencia de los personajes principales y de sus motivaciones. Es una técnica deudora de la empleada por el también malagueño Antonio Soler”[10].

    En consecuencia, es una novela cuyos personajes, nos resultan cercanos por su naturalidad y los podemos encontrar en cualquier barrio de cualquier ciudad de España. Una mujer que llega desde Ucrania para alcanzar una vida mejor (como tantos españoles trataron de hacer en el pasado en Alemania, Francia o Bélgica) y un grupo de amigos desde la adolescencia constituyen ese eje alrededor del cual gira la novela. Sin embargo, el eje de la frustración, siempre presente en su obra, llega con todo su poder trágico y de seducción.

    En primer lugar, el amor (que a veces no es correspondido) y también la existencia de conflictos personales y sociales que derivan hacia situaciones de inseguridad personal. Inmerso totalmente en el realismo Aranda no desdeña la crudeza de la sociedad actual y conocedor, como es, por el ejercicio de una de sus profesiones, accede a ello con naturalidad y hipostasiar el lenguaje o sin forzar las situaciones que le tocan vivir a los personajes. Pero también, como en todas sus obras existe una evidente carga crítica ante la situación de la sociedad actual. Al respecto el autor, en declaraciones a Rafael Cortés, distinguía entre el compromiso de escritor y el compromiso de la obra literaria que consideraba perfectamente diferenciados: “El compromiso debe ser literario. El escritor puede comprometerse, pero la obra literaria no, porque corre el riesgo de convertirse en un panfleto. En el caso del articulista en prensa, sí que tiene que estar comprometido, con la palabra y con lo que cuenta (…) No es una novela reivindicativa, sino una obra literaria en la que cuento historias cercanas, de gente de ahora que podemos reconocer, por los tipos sociales actuales, aunque es todo ficción. Algunas veces un poco dura, pero contada con ternura, una historia cercana y de la calle.” [11] Aranda, de hecho, acepta el adjetivo social para aplicarlo a esta novela pero no el de denuncia, porque este término le resulta panfletario: “Es muy difícil hablar del mundo de hoy sin tocar el tema de los inmigrantes. El hecho de que sea una ucraniana que viene de su país a Málaga me permite jugar con las distancias. Los 3.000 kilómetros que separan Ucrania de Málaga suponen tanta distancia como la que existe con tu vecino de al lado, que a lo mejor está más lejos de ti que una ucraniana. Si hubiese que etiquetar la novela, el nombre sería social. Denuncia, no, porque es peligroso. Puedes convertir la novela en un panfleto”[12].

    En definitiva una obra de calidad y compleja que aborda en cierto modo un proceso de aprendizaje y adaptación a la existencia. Aprendizaje y adaptación en el permanentemente se ven envueltos sus personajes que se puede considerar una despedida de los sueños y una conquista de otros nuevos: “despedida y evocación de la adolescencia desde la quiebra de tantos sueños consumada con el transcurso del tiempo, y a la vez se adentra en el extravío existencial producido por la incertidumbre de los destinos humanos de aquellos jóvenes ya en su edad adulta. Hay, pues, un significativo contraste entre el ayer de adolescentes soñadores y el hoy de adultos en la encrucijada de la existencia. Y sobre ese continuo vaivén temporal surcado en busca de abrigo del frío de la vida está construida la estructura de esta novela coral, polifónica, por la profusión de monólogos y diálogos fundidos en el tejido narrativo, con entrecruzamiento de voces de los personajes principales”.



    [1] Acosta, A.: “La otra ciudad”, [en línea], Dirección URL: (Consultado el día 3 de octubre de 2011).

    [2] Luna, A. J.: “La otra ciudad”, Los Proscritos La Revista, martes 25 de octubre de 2011, año 3, núm. (Consultado el día 31 de septiembre de 2011).

    [3] Ibidem.

    [4] Santos, C.: “La otra ciudad. Pablo Aranda”, El Cultural, 25 de septiembre de 2003.

    [5] Garrido Moraga (2004: 68).

    [6] S.A.”Pablo Aranda reflexiona sobre las equivocaciones y las oportunidades para volver a empezar El orden improbable”, [en línea], Dirección URL: (Consultado el día 24 de septiembre de 2011.)

    [7] Castro, P.: “El orden improbable”, El Cultural, 20 de enero de 2005.

    [8] Gil, L.: “El orden improbable”, [en línea], Dirección URL: (Consultado el día 18 de septiembre de 2011).

    [9] Rodríguez Santos, C.: “La vida por delante”, El Cultural de ABC, 29 de enero de 2005, p. 8.

    [10] Basanta, A.: “Ucrania”, El Cultural, 18 de enero de 2007.

    [11] Cortés, R.: “Pablo Aranda consigue el Premio Málaga de novela”, Sur, 17 octubre de 2006.

    [12] Mellado, S.: “Me atraen las mentiras y los que no pertenecen a un sitio”, El País, 1 de diciembre de 2006.

    lunes, 10 de octubre de 2011

    IMÁGENES DE LA PRESENTACIÓN DE JORGE LUIS BORGES, LA INFAMIA COMO SINFONÍA ESTÉTICA DE F. MORALES LOMAS

    F. MORALES LOMAS Y JORGE LUIS BORGES, LA INFAMIA COMO SINFONÍA ESTÉTICA
    PRESENTACIÓN EN MÁLAGA, DÍA 6 DE OCTUBRE DE 2011





    A. GARCÍA VELASCO, PRESENTADOR DE LA OBRA, Y F. MORALES LOMAS, AUTOR DE LA MISMA



    LA FUENTE ES DIARIOLATORRE.ES

    FIRMA DE EJEMPLARES DEL LIBRO

    ASISTENTES A LA PRESENTACIÓN




    ASISTENTES A LA PRESENTACIÓN




    C. BENÍTEZ VILLODRES, J. GARCÍA PÉREZ Y ANTONIO J. QUESADA
    DURANTE LA PRESENTACIÓN

    viernes, 2 de septiembre de 2011

    NUEVO LIBRO DE MORALES LOMAS SOBRE BORGES




    JORGE LUIS BORGES, LA INFAMIA COMO SINFONÍA ESTÉTICA

    DE FRANCISCO MORALES LOMAS,

    EDICIONES CARENA, BARCELONA, 2011, 300 PÁGS.

    Será presentado en Málaga el jueves 6 de octubre a las 20:00 h. en la librería CinchoEchegaray por el escritor y profesor titular de la Universidad de Málaga, Antonio García Velasco.


    Borges es un escritor universal. Su obra abarca lo oriental y lo occidental, lo cristiano y lo musulmán pero también un nuevo concepto de la realidad y de lo mágico. Su figura se agranda con el tiempo tanto que es necesaria su revisión constantemente y su consideración como uno de los grandes escritores en español del siglo XX. El escritor y profesor Morales Lomas ha querido adentrarse en los mecanismos que conforman su capacidad creativa a través de “Jorge Luis Borges, la infamia como sinfonía estética”, con la que ha querido revelar un mundo preciso desde su obra inicial, cuando la lectura llevada a la obra propia alcanzaba un valor literario en sí mismo. Metaficción, metaliteratura, creación de mundos cabales de gran capacidad artística y, sobre todo, organización de una narrativa tan original y personal como pocos escritores en la historia de la literatura.



    Morales Lomas

    (Fragmento del Prólogo)

    El principio que sostiene la literatura borgeana es que «la literatura no es otra cosa que un sueño dirigido». La ficción estética y sus galanes procesos nacen y crecen en los sueños, como la existencia de los seres humanos en la imaginación de Dios y de Lucifer. Así lo declara en el Prólogo de El informe Brodie (1970), donde realiza un análisis epilogal y expresivo de su estética literaria y, entre otras cosas, observa que con sus cuentos no pretendió sino distraer y conmover. Creo que estos dos principios, que suscriben muchos escritores entre los que me encuentro, son inherentes al hecho literario, lejos de esa dimensión estética y ética que igualmente posee, al menos para el que esto subscribe. También nos afirma Borges que pocos han sido los argumentos que le han hostigado a lo largo del tiempo y, en consecuencia, se autodefine como un escritor monótono temáticamente. Y siempre ha preferido en su obra «la preparación de una expectativa o la de un asombro» y no las sorpresas del estilo barroco o las que deparan un final imprevisto. Se define lingüísticamente en la indefinición porque nunca ha pretendido concentrar su obra en lo que dicen los diccionarios a los que considera reductores de la realidad. Pero, sobre todo, se ha dejado llevar en la construcción por el principio absoluto de la libertad, de ahí el situar sus obras en lugares lejanos al momento en que escribe que impidan los límites espaciales tanto como la relación sentimental con la causa-efecto.
    En consecuencia, sus principios rectores son:
    1) El escritor debe elaborar su obra en plena libertad creativa.
    2) La literatura debe distraer, entretener o divertir al lector.
    3) La literatura debe conmover, emocionar, impresionar al lector.
    4) La literatura debe crear expectativas y asombro en el lector.
    5) La literatura debe abarcar la lengua en su más elevada dimensión.

    sábado, 2 de julio de 2011

    LA POESÍA COMPLETA DE J. HILARIO TUNDIDOR POR MORALES LOMAS




    (Este texto que tiene ante sus ojos el lector/a es un extracto de un amplio estudio sobre la obra completa del poeta zamorano Jesús Hilario Tundidor que se publicará próximamente en una revista literaria. En su momento pondremos la referencia donde el lector podrá satisfacer cumplidamente su curiosidad una vez que se publique)



    Hace unos meses la Editorial Calambur publicó Un único día[1] del escritor zamorano Jesús Hilario Tundidor, obra en dos volúmenes y cerca de mil páginas que se considera hasta ahora su obra completa:

    Sus dos partes –dice el poeta- formarán una entidad única, organizada, que ofrece mi visión personal del mundo, mi reflexión sobre la vida que viví y mi esfuerzo por clarificar la emoción del conocimiento que me produjo el acontecer, sus circunstancias y sus experiencias.[2]

    Hilario Tundidor es uno de los más conspicuos miembros de la generación del 60, lo que en algunos estudios he dado en llamar Poetas del 60. Una promoción entre paréntesis[3], y a la que pertenecerían, entre otros, Antonio Hernández, Diego Jesús Jiménez, Joaquín Benito de Lucas, Francisca Aguirre, Ángel García López…
    Un grupo poético anterior a los Novísimos y al que estos, quizá por azares de la mercadotecnia de Castellet y el grupo catalán, despojaron del protagonismo que se merecían. No obstante, aunque lentamente y de la mano de ensayistas y críticos como Gonzalo Santonja, Francisco J. Peñas-Bermejo, Manuel Rico, Pilar Palomo, L. García Jambrina, Antonio Domínguez Rey, Miguel Galanes, Alberto Torés, y yo mismo… se está ubicando a este grupo en el lugar histórico que se merece y se le está devolviendo el protagonismo cultural y social que ha tenido, aunque es evidente que se necesita de estudios de conjunto necesarios –en uno de ellos estamos inmersos- que hagan definitiva esa imagen pública. Algo similar sucedió en su momento con el Grupo Cántico de Córdoba (y su máximo representante, P. García Baena) cuya ubicación en los manuales de literatura como excelente grupo poético ha sido relativamente reciente, gracias fundamentalmente a los estudios de G. Carnero.
    La publicación última de la obra completa de algunos poetas de este grupo como Ángel García López, Antonio Hernández, Joaquín Benito de Lucas y ahora J. Hilario Tundidor contribuirá sin duda a ello.


    Volumen 1 Borracho en los propileos

    La poesía de Hilario Tundidor es personal y original. Tiene un estilo propio, una marca indeleble que concita la nutrición del mundo, del hecho de vivir y del camino y la jornada con un lenguaje creador aunque inserto en una tradición literaria que llega desde Jorge Manrique y el Renacimiento. Posee una voz propia, rotunda, castellana aunque también en ella existen efluvios del Sur, vía JRJ básicamente. Para Hilario Tundidor la poesía es “inteligencia, emoción, intuición y lenguaje”. ¡Cuántas resonancias de Juan Ramón Jiménez! Y esto le permitirá, como en su momento al poeta de Moguer, relacionar inteligencia y poesía, pero en el caso de Hilario Tundidor con una variante manifiesta de la libertad y sus correlatos jugando a la síntesis: “Sólo tú inteligencia, puedes darnos el nombre: Poesía, oh, libertad, oh libertad inmensa”. Y, en esa dinámica creadora, es el signo lingüístico, la palabra (“ácido código”, “inhóspita soledad, cauce imposible de la forma seca) quien funde y dilata el poema, desvelando y ordenando la realidad: “la realidad real que cerca al hombre y que nunca podremos establecer definitiva en el conocimiento”.

    Aunque dividido en dos volúmenes, Un único día ha sido concebido con una voluntad esencial y unitaria, de circularidad, por cuanto Hilario Tundidor ha optado por darle sentido al conjunto desde la ordenación sistémica del mismo en dos grandes apartados que llevan al final un colofón (el poema último) a modo de cierre; pero también por las palabras de la “Addenda” en la que el poeta explica la razón de ser de Un único día como una síntesis entre un intento por comprender el mundo y su luminosidad junto al encuentro del ser en una dialéctica profundamente conmovedora. La ensayista Giuliana Baita hablaba también de dos épocas en su obra: “El vivir y su entorno” para los libros de la primera época y “La poesía ontológica”, para la segunda. En la primera habría una visión existencial máxima, una inmediatez geográfica emocional de implicaciones personales y reflexiones críticas de carácter testimonial que trascienden la objetivación específica: “En esos reflejos mi tono poético nunca ha sido, plenamente, ni testimonial ni crítico hasta ahora, sino reflexivo”[4].
    La unidad del libro, salvo Pasiono, no se presenta en aspectos argumentales temáticos sino emocionales. En la segunda, cada libro, “refiriéndome exclusivamente a la construcción formal ofrece una estructura orgánica de argumento unitario, bien en su totalidad (Libro de amor para Salónica, Mausoleo, Construcción de la rosa) bien en cada una de sus partes (Repaso de un tiempo inútil, Tejedora de azar y el mismo Tetraedro)”[5]. Pero esta elaboración en dos apartados, desde el punto de vista crítico, no debe verse como compartimentos estancos tal como ha dicho la crítica:

    No se trata, pese a lo que podría pensarse, de bloques estancos, cerrados en sí mismos, sino que, aunque existan similitudes y diferencias que permitan realizar la división entre ambos conjuntos (por ejemplo, la unidad orgánica y temática de los segundos, frente a una unidad lograda por cierto tono general en los primeros), la obra de Tundidor, puede ser valorada, según expresión de Miguel Casado, como "un continuo", que asienta su trabazón orgánica en la dinámica desarrollada, a lo largo del recorrido creador, por la adopción de posturas sucesivas, pero a la vez superpuestas, que podríamos resumir mediante el triple calificativo: EXISTENCIAL- EMOCIONAL-ESENCIAL. Este trinomio funcionará como eje conductor de una poesía que se debatirá en un primer momento dentro de una preocupación existencialista y social, para más adelante, centrarse en la reflexión sobre el conocimiento, en una epistemología.[6]

    En el primer volumen, que lleva por título Borracho en los propileos (1960-1978), reúne los siguientes libros: Río oscuro (1960), Junto a mi silencio (1963), Las hoces y los días (1966), Voz baja (1969), Pasiono (1972) y Tetraedro (1978). Expone Hilario Tundidor las razones de este título de Borracho en los propileos:

    El argumento general de este poema globaliza las connotaciones de la búsqueda de conocimiento y la luz en la emoción de la escritura poética (…) La materia fundamental unitiva, organizante del libro, es la emoción existencial y sentimental del individuo ante la existencia y lo consuetudinario.[7]





    Volumen 2 Repaso de un tiempo inmóvil

    El segundo volumen de su poesía, titulado Repaso de un tiempo inmóvil (1980-2008), se compone de los siguientes títulos: Libro del amor para Salónica (1980), Repaso de un tiempo inmóvil (1982), Construcción de la rosa (1990), Tejedora del azar (1995) y Las llaves del reino (2000).

    [1] Hilario Tundidor, J.: Un único día, Madrid, Calambur, 2010.
    [2] Hilario Tundidor, J.: “Addenda” en Un único día, op. cit., p. 416.
    [3] Morales Lomas, F.: “Promociones y grupos poéticos” en Travesías de las lírica española, Centro de Ediciones de la Diputación, Málaga, 2006, pp 309-331 y también en mi estudio “Poetas del 60 (Una promoción entre paréntesis)”, Canente (2ª época), núm. 1, Málaga, 2001, pp. 259-300.

    [4] Artuñano, G.: “Dos entrevistas fundamentales”, ABC Castilla y León, 23 de enero de 2000.
    [5] Ibidem.
    [6] Hilario Silva, P. y Crespo Massieu, A.: “Apasionar la inteligencia: un recorrido por las claves poéticas de Jesús Hilario Tundidor” en La Pasión por reconocerse. La poesía de Jesús Hilario Tundidor (Ed. de Baita, Giuliana, traducción de la autora con revisión de Pedro Hilario Silva y Prólogo del mismo y Antonio Crespo Massieu). Valladolid, Ediciones de la Academia Castellano–Leonesa de Poesía. 2002.
    [7] Rodríguez Muñoz, P.: “Enclaverevista analiza Un único día, toda la poesía de Tundidor”, [en línea], dirección URL:< http://www.enclaverevista.com/libros/articulo.php?id_articulo=795> (Consultado el día 11 de junio de 2011).

    jueves, 30 de junio de 2011

    Algunas reflexiones sobre la poesía de Rafael Guillén, Premio Nacional de Literatura, por Morales Lomas


    Recientemente, he llevado a cabo la edición, selección y estudio crítico (ochenta y seis páginas donde analizo la obra) de Ser un instante (Antología poética 1956-2010) del poeta granadino Rafael Guillén, Premio Nacional de Literatura en 1994 y uno de los autores vivos más importantes del panorama actual de la literatura española. La publicación ha sido llevada a cabo en un bello volumen de cuatrocientas cuarenta y tres páginas por la Fundación Unicaja, dentro de la colección Clásicos Contemporáneos de Poesía que coordina J. García Pérez.

    Rafael Guillén nació en la calle San Juan de Dios, esquina a Cardenal Mendoza, el año 1933. A los dos años muere el padre. Después llegará una dura posguerra en la que cursará estudios elementales en el Seminario de S. Cecilio, dirigido por los Jesuitas, y realiza diversas ocupaciones para ayudar a la familia. Asiste más tarde como libre oyente al Instituto Padre Suárez y después se matricula en la Escuela de Comercio, ingresando en el Banco Hispano Americano.
    En 1953 funda con José G. Ladrón de Guevara, Elena Martín Vivaldi, Julio Alfredo Egea, José Carlos Gallardo, Miguel Ruiz del Castillo y otros poetas el grupo "Versos al aire libre”, un grupo que rompió el silencio tras el asesinato de García Lorca. Conoció a Blas de Otero con motivo de su servicio militar y fundó y dirigió, junto con José G. Ladrón de Guevara, la colección de libros Veleta al Sur, única manifestación poética en Granada desde 1957 hasta 1966.
    En 1962 colabora con Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Félix Grande y Jaime Ferrán, en el nº 1 de la rev. "La Trinchera", dirigida en Sevilla por José Batlló. Y en 1963 consiguió el Premio Internacional del Círculo de Escritores Iberoamericanos de Nueva York al que se unirá desde entonces un largo etcétera de reconocimientos como el Premio Leopoldo Panero, el Boscán… hasta llegar al Premio Nacional de Literatura en 1994, premio que hasta entonces sólo había recaído en un granadino, Luis Rosales, en 1951.
    Posee la Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de Granada y es miembro de la Academia de Buenas Letras, también de Granada, en cuya creación ha participado.
    Poemas y artículos suyos han sido traducidos a numerosos idiomas. La Editorial Northwestern University Press, de Evanston, Il. (USA) ha publicado en 2001, con el título I´m Speaking, una antología de su obra, en edición bilingüe, con traducción al inglés de Sandy McKinney.
    En la Historia Crítica de la Literatura Hispánica la catedrática Pilar Palomo lo estudia en el epígrafe "Poetas de los 50"; y se le consideraba como a "uno de los mejores poetas actuales".
    Pilar Gómez Bedate en la Historia de la Literatura Española (Cátedra), Elena Barroso en Poesía Andaluza de hoy (1950-1990) (Biblioteca de la Cultura Andaluza) y Angel L. Prieto de Paula en Poetas españoles de los cincuenta (Biblioteca Hispánica, de Ediciones Colegio de España, Salamanca), entre otros autores, lo incluyen igualmente entre los más importantes autores de su generación.

    Rafael es el caso significativo del escritor fiel a sí mismo y a su modo de ser y estar en el mundo. Siendo su lírica uno de los acontecimientos poéticos más importantes de los últimos años.
    Su lenguaje del sur ha enriquecido la lírica española a la que ha dotado de una profundidad en lo esencial, en el núcleo de los temas que han preocupado históricamente al ser humano: el amor, el tiempo, la materia, el sentido de la existencia, nuestra necesidad de conocimiento y nuestra soledad ante los avatares del mundo, con esa duda metódica que aspira a la esperanza.
    Su profunda reflexión de todo ello conlleva la emoción sublime de la palabra poética.
    Hay poetas que organizan, sistematizan, crean pero son contenidos en la conmoción lírica, romos en sus esencias de humanidad conquistada.
    No lo es Rafael Guillén, en el que impera el sentido de la excitación poética y acude al lector como su mejor y más conmovido intermediario.
    Un aliento poético creador que tanto se aprecia en los temas amorosos, metafísicos, sociales o puramente testimoniales… inmersos en las cosas cotidianas.
    Hay una profunda reflexión neorromántica también en torno al ser humano y una apreciable conquista del terreno cuántico del hecho lírico.
    Pero su poesía está originada en el clasicismo español, se adentra en él y lo perfecciona para después seguir sus propios derroteros líricos al imbuirse del sentido último que posee la realidad y la inmersión en ella del ser humano. De ahí también una poesía profundamente humanista y esencialmente solidaria con la que pretende crear una metáfora del mundo.
    Su independencia artística, su voluntad de creación personal, le ha hecho conformarse como un escritor con su propio camino, al entender la poesía como una forma de ser y como una forma de sentido de la existencia. Un personal estado de palabra a través del que ha querido llegar a la transparencia del mundo, su comprensión última, y conquistar las grandes respuestas cuando todo eran/son preguntas.
    Una poesía que sorprende, sugerente y seductora, que trata de iluminar las últimas verdades del ser humano a través de la búsqueda y la interpretación intuida.
    Presentación de Ser un instante: J. García Pérez, Mariano Vergara, Rafael Guillén y Morales Lomas




    La conciencia poética y la voluntad creadora de la palabra irán de la mano para organizar un sentido del espacio y del tiempo desde la esencia de eso que llamamos humanidad. Y para ello todos los sentidos se necesitan porque hay una singladura en la que entrar y un camino que recorrer, por lo que, a veces, su lírica se proclama desde la perspectiva del homo viator o de un camino de conocimiento. Lo que hace engrandecer una poesía profundamente sensorial y creadoramente reflexiva con la que se aspira a la transparencia, a la luz, a un estado de conciencia con el que superar los límites de nuestra gnosis y de nuestro mundo físico.


    Por su parte, Joaquín Marco, en la Historia y Crítica de la Literatura Española (Grijalbo) de Francisco Rico, lo sitúa genéricamente entre los "poetas de postguerra" y Emilio Miró, en la Historia de la Literatura Española (Taurus) coordinada por Díez Borque, entre los que "ocupan un puesto indiscutible en nuestro panorama poético".
    Sobre su obra existe una extensa bibliografía que incluye monografías y tesis doctorales.
    Todos estos son méritos suficientes para ensalzar una obra sobre la que recientemente he realizado un estudio crítico que conocerán en poco tiempo en el que digo entre otras cosas, que su obra tiene una proyección humana, vitalista, ecuménica y formal sostenida sobre la precisión, el cuidado y la eficacia de la palabra poética que progresivamente van a desarrollar escritores como Caballero Bonald, Claudio Rodríguez o José Ángel Valente.
    Rafael Guillén reivindica la palabra como concepto poético y sustenta su visión de la poesía en el macrocosmos de riqueza vital y cultural que es el planeta Tierra, por el que ha viajado con profusión y cuya obra ha visto la luz desde Chile a China o desde África hasta Noruega.
    Desde su origen la obra de Rafael Guillén ha seguido un camino personal aunque asentado en esa rica tradición que procede del 27 con la que él conecta directamente. De hecho, Rafael Guillén ha manifestado no sentirse adscrito a ninguna de las promociones de posguerra y sí considerarse contemporáneo de la Generación del 27. Y aunque Guillén llegó a cultivar la lírica social, sin embargo, su obra se diversificó, se fortaleció y amplió por otras sendas mucho más sugerentes y ricas en las que habría que constatar su voluntad de realzar la palabra, el lenguaje, trascendentalizar sus contenidos poéticos y acercarlos a una realidad metafísica y existencial que alcanzará una gran vía en la lírica de José Ángel Valente o la de Francisco Brines en la cavilación elegíaca y melancólica, como ha visto Prieto de Paula.
    No es el individuo en cuanto integrante de una entidad social sino el individuo en cuanto ser humano el que realmente le importa. Es la humanidad del ser lo que prima en su obra, su esencia como individuo en libertad, su percepción como persona con unos valores precisos. Por tanto, su poesía más que socializadora (que en determinados momentos puede darse) tiene más una proyección de neorromanticismo humanista con ascendiente universal, concentrado en ocasiones en la trascendencia de los derechos humanos como guía y en la voluntad del poeta de oponer resistencia.
    Una poesía siempre abierta a la capacidad de sugerencia de la palabra con la que pretende organizar una particular visión del mundo y de la existencia, pero nunca como proceso de reducción sino de amplificación consciente.
    También hay en su obra una especial concepción de lo real que la conecta con las nuevas vertientes del pensamiento que se ha desarrollado con fuerza en los últimos cincuenta años, la lírica cercana a los descubrimientos de la ciencia y de una nueva forma de mirar la realidad. Esta constatación, que tiene que ver mucho con el concepto de estética cuántica y su especial observación del hecho en sí, nos permite adentrarnos por una poesía conceptual que indaga con solvencia en todo aquello que aparentemente no es realidad (una apariencia sensible) pero que lo constatan el pensamiento y los sentidos.

    Obras como Los estados transparentes, Los vientos, Límites, Moheda, Mis amados odres viejos, Los dominios del cóndor, Las edades del frío o el ciclo gestos que reúne: El gesto, Gesto Segundo, Tercer Gesto... son ya literatura de un profundo clasicismo en la lírica española contemporánea. Con ellas se capta la emoción que es atendida como una estridencia permanente en la mente y la sensibilidad del lector y conforma una de las obras más seductoras que le ha llevado a decir al catedrático Antonio Sánchez Trigueros estas palabras que comparto:

    Poeta de la palabra precisa y de la versatilidad expresiva, poeta de tradición, moderno y vanguardista, distanciado de modas, poeta de la sorpresa en cada rincón del poema, poeta reflexivo, indagador del ser en la palabra, poeta del tiempo como proceso de vida y como proceso de muerte, poeta del amor más allá de la arruga, poeta de la duda, poeta que trastorna, que perturba, poeta solidario, poeta elegíaco, poeta de los vacíos expresivos, de lo perdido y recuperado por la palabra, poeta de la luz, de los sentidos, poeta de los límites, poeta de los mil temas y los mil matices, poeta, en suma (y son palabras suyas) para quien la poesía no es sino una manera de respirar[1].

    .



    [1] A. Sánchez Trigueros, La pluma en el dintel, Universidad de Granada, Granada, 2008.

    La creación literaria y el escritor

    La creación literaria y el escritor
    El creador de libros, pintura de José Boyano