miércoles, 24 de julio de 2019

HA FALLECIDO MARI LUZ ESCRIBANO PUEO, UNA MAGNÍFICA ESCRITORA Y UNA BUENA PERSONA


F. MORALES LOMAS Y MARI LUZ ESCRIBANO PUEO

Hace unos días ha fallecido una gran escritora y una extraordinaria persona, luchadora, incansable y afectiva. Hace unos meses le entregamos el Premio de las Letras Andaluces "Elio Antonio de Nebrija" que concedemos desde la Asociación Colegial de Escritores y Críticos Literarios y hace algunos años también le concedimos la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios-Críticos del Sur el Premio Andalucía de la Crítica por su obra Umbrales de otoño, sobre el que realizo la reflexión que sigue. 
Mari Luz Escribano ha tenido una vida dedicada a la docencia como catedrática de la Universidad de Granada y su labor como poeta no ha sido reconocida hasta los últimos años a pesar de haber realizado una importante labor. 
Ha sido un honor conocerla y con estas palabras en las que hablamos de su obra queremos rendirle un sentido homenaje.







UMBRALES DE OTOÑO
DE MARILUZ ESCRIBANO PUEO

F. MORALES LOMAS



La literatura no está construida con palabras. Puede que estas aporten su solución teórica, pero la literatura, sobre todo, está construida de sentimientos, emociones, sensaciones, espacios públicos y privados que se resuelven en una oración, en un adjetivo o en un símil, pero siempre estos serán la vibración última del sentimiento que los creó. Quiero decir que, por encima de las palabras del poemario Umbrales de otoño de Mariluz Escribano Pueo (Hiperión, Madrid, 2013), está la fuerza de las emociones y la vehemencia de un corazón abierto y público.
Con esta obra, precedida de un rico y exhaustivo estudio de la profesora de la Universidad de Granada, Remedios Sánchez, Mariluz Escribano Pueo realiza una confesión hondamente sensitiva. Su vibración interior se apodera del poema a través de una lírica que nace de la memoria pero también de lo que guarda el corazón.
Ya en el título nos dice mucho. El otoño, comienzo de un tiempo que concita una sensación de nostalgia en su origen (es septiembre, de ahí sus umbrales) y fecha que en los calendarios nos conmueve por una recóndita espera y una intromisión en un interior necesario.
Sus dos grandes apartados (el primero sin título, solo enumerado con el dígito romano I; y la segunda, con el dígito II y “Humo remansado”) nos hablan de dos pensamientos muy diferenciados. En el primero, innominado, vive la familia, los amigos, el espacio sentimental, la infancia… en una melancolía de hoja otoñal que va tomando los colores dorados, las lluvias en las ventanas y “los silencios/ aislándonos del mundo”. En el segundo, “Humo remansado”, a pesar del título que nos habla de evanescencia, existe un ardiente cancionero amoroso, en el que hay un tú apostrófico al que se dirige su discurso cálido, sensitivo e íntimo. Se apodera entonces del poemario la conmoción de la mujer enamorada pero muy consciente de que “está escribiendo el color del recuerdo” (que aquí más que nunca tiene su sentido originario: re-cordo, lo que se guarda en el corazón, en el sentido que le daba Schopenhauer).

F. MORALES LOMAS, DAVID LUQUE PESO (Director General del Libro, Junta de Andalucía) y MARI LUZ ESCRIBANO PUEO el día que recibió el Premio Andalucía de la Crítica, Sevilla, 2014.

Lo que podrían entenderse como dos poemarios diferenciados creemos que poseen una enorme complementariedad entre ambos porque retratan el paso del tiempo, la memoria de la que ambos andan conformados, pero con la especial relevancia de la segunda parte, en la que el amor alcanza el sentido último de la existencia.
Comienza el libro con una dedicatoria especial a su madre, a la que rememora trabajando en la casa con la naturalidad de ese tiempo machadiano que se acomoda a la existencia cotidiana y crea las sensaciones de lo perecedero. El otoño se configura entonces como el tiempo preciso, esa determinación en la que se asienta la memoria mientras la Madre, en mayúscula, crece en los poemas con la confidencia del canto y la materialidad de una geografía de patios y huertas. El recuerdo crea el poema, se apodera de él pero en ocasiones rezuma tristeza en una soledad envolvente en la que la geografía, como en su momento en Juan Ramón Jiménez, conforma las sensaciones y las delimita. Se sabe presa de la evocación y con las palabras como enigmas con las que trata de descifrar su existencia, esa vida vivida y ahora traída al lector con la naturalidad de la confidencia y el acomodo del que va dando los pasos en un recorrido con el que trata de llenar su soledad.

ESCRITORES Y POLÍTICOS ACOMPAÑANDO A MARI LUZ ESCRIBANO PUEO CON MOTIVO DE LA ENTREGA DEL PREMIO DE LAS LETRAS ANDALUZAS ELIO ANTONIO DE NEBRIJA.

Es septiembre, ese “umbral del otoño” al que alude el título, y “amanece/ con la amarilla luz de los veranos”. Su delimitación temporal, le permite una permanente llamada al lector que existe un tiempo, y un espacio, una Granada triste, de “pálidos viajeros” y una infancia, como la de Machado, que se está escapando “de un atlas”. Existe en Escribano Pueo una necesidad perentoria de crear un mundo, de precisar unas coordenadas en las que el lector va entrando progresivamente y se va adueñando de él a través de las sensaciones pictóricas, auditivas y luminosas. Es un libro lúcido en su tristeza, en su melancolía de árbol dorado, de barco a la deriva, de niño o niña indefenso.
Y el tiempo se va apoderando del poemario, el tiempo recordado, el tiempo hallado, el tiempo que anda en el corazón zigzagueando e imaginando cómo fue ese pasado, cómo existe en el recuerdo, en ese gozo sin fondo, en esa desolación imprecisa de afectos y ansiedades. Y el año 1936, con ese septiembre que de nuevo surca como el umbral del título el poema, con su aire de membrillos y manzanas, con sus cipreses cercanos y la imagen de la sangre derramada tan duramente en la memoria familiar. Y así germina el padre desde la contemplación, desde la observación cinematográfica que crean sus ojos, esos ojos que observan “la patria cereal de los trigos”, en esa bella metáfora. Unos ojos para un bello poema que nos rememora la guerra y el corazón al unísono, como dos silencios compartidos, como cantos que surgen una y otra vez con sus salmodias. Es una imagen que adquiere una enorme relevancia emotiva y por la que deambula la infancia de la mano de su padre “y al calor de su sangre/ mis pulsaciones tienen/ una ambición de tiempos”. Enorme poema con el que abandera la fuerza de un sentimiento cuando el corazón lo embrida en unas cuantas palabras y lo enaltece. En ese camino de su mano, el mundo es otro, y también la sangre con sus fusiles y, acaso, su muerte ya no lo es tanto porque en la memoria siempre ha quedado ese emblema de la bandera heredada del padre, que es la mayor y más emotiva patria del poeta.
FERNANDO VALVERDE, RAFAEL GUILLÉN, F. MORALES LOMAS, REMEDIOS SÁNCHEZ Y MARI LUZ ESCRIBANO PUEO

Pero también es tiempo de espacios para un nihilismo de ciudad muerta, de ciudad donde pocas veces sucede algo, de ciudad de tardes intrascendentes y soledades ciertas. Es un tiempo el construido en su memoria, un tiempo creado desde el sonido (“con sonidos de pozos”), pero también con el dolor (“y el llanto de las piedras”), un dolor que pudo crear un tiempo y una memoria colectiva, como sucedía en algunos de los poemas de Francisca Aguirre con la que observo muchas complicidades, acaso fortuitas.
En este primer apartado surge la ciudad con su fuerza convincente y también la huerta, esa huerta de San Vicente donde Federico está “ausente como un muerto” y con el que trata de vitalizar los espacios de la memoria y rastrear esa vieja imagen de los sentimientos. Los sentimientos acaso de esos niños de ojos dormidos, de esos niños que van y vienen por los jardines juanramonianos o machadianos con los que se concita un clasicismo consentido: “Los jardines respiran añoranza,/ los árboles tristeza,/ y no encuentro ese viento transeúnte/ que llaman ábrego”. Una ciudad en medio de un jardín que va creciendo en los poemas con la melancolía de una luz otoñal y a media tarde.

El “Humo remansado” crea desde el inicio la exaltación y la energía vital. Desde la virtualidad imaginaria, la escritora se sitúa en el limbo del corazón, en su extrarradio de tierra, surcos, trigos para poco a poco ir entrando en su alma sencilla y forjada por la ternura, enérgica, vital y amorosa. Los símbolos que aspiran a crear una imagen definitoria transitan el poemario, bien siendo esa carga mineral de la tierra, bien esa agua que crece con la incertidumbre y la voz que retiene el corazón, en el silencio de los suspiros y en una geografía que nos conduce de la mano de ese amor forjado una tarde de lluvia, mientras se abren los cielos y el corazón crece en el mejor trigal.
Es un amor muy nerudiano, creado en el trasiego de la naturaleza, que le sirve de proyección pero también de centro y guía. Existe una necesidad definitoria por expresar el significado de este amor que la concita y la compele a seguir, olvidando esa tristeza de antaño, ese camino de soledad y angustia mientras se crea él, entre la sencillez de lo primitivo, como una sangre, como una caricia de otoño. Es un sentimiento que alcanza los límites de un mundo y trata de edificarse en piedra para conformarse en la consistencia y en lo indestructible de lo creado. Como un sueño inalterable, como la lluvia que humedece los campos y multiplica la cosecha.

ENTREGA DE LOS PREMIOS ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA A EVA DÍAZ, MARI LUZ ESCRIBANO PUEO Y ÁNGEL OLGOSO

En ese fulgor de la necesidad del recuerdo de amor (no olvidemos que escribe en el color del recuerdo) los labios del amado crean la solidez deseada, se apoderan de su existencia y adquieren la esperanza primera. El abandono, ese recuerdo que inunda las tardes (“Entera está mi vida en ti depositada), vuelve también para afianzar una extraña mezcla de placer y desconsuelo, de afectos y derrotas, de silencio y palabras cruzadas. Un oxímoron de sensaciones contrapuestas que pueden llegar también al silencio de amor, pero, al mismo tiempo, a la rendición de amor y entonces vemos a la amada florecer con la tierra y el agua, con los símiles de la naturaleza apoderándose del bello “Entera está mi vida”. Hay como una entrega, el efecto de las manos en el cuerpo de la amada, las manos como un libro que expresa sus sensaciones y se hace uno y expresivo al tacto, pero también un encuentro permanente con la fuerza y la integración de la naturaleza: “Definitivamente me confortan tus manos,/ me dan la certidumbre de mi existencia amante/ cuanto tiemblo en el mar de su interrogatorio/ y respondo a su urgencia con un suave abandono”.
Y el otoño, como un tiempo-espacio, delimita un estremecimiento de la memoria: era tarde y triste, el frío con su color cárdeno y la iniciación de amor, la incertidumbre, el nacimiento del encuentro que poco a poco va creciendo, como se construye el barro con el agua, en la humedad de la arcilla, en la definición de esa antítesis (tiste/alegre, alegremente triste) que va conformando este mundo que se crea desde la metáfora de las humedades y el barro, como si todo estuviera naciendo ahí, en esa conjunción de siempre, como recuerda en el poema “Para calmar tu sed”.
Pero la soledad se hace invectiva y se va adueñando progresivamente de ese encuentro y se crea su dolor de ausencia, a pesar de su diálogo mudo y aun a sabiendas de que es una soledad compartida: “Vivimos solos esperando la tarde”. Una espera que puede abrigar la alegría con el bálsamo de su voz o con el recuerdo de los momentos vividos. Entonces la poesía, su lenguaje hecho de sensaciones, va transigiendo esa geografía creada, va reconstruyendo esa creación de agua, tierra e impaciencias, y va, en definitiva, construyendo una voz que rezuma una historia vivida, un otoño, ese otoño que vibra en el recuerdo como un grato desaliento, como una grata sombra, una suave desesperanza, pero también como una voz transparente y nítida, como un  dorado paisaje, como agua profunda.
Y siempre la vida que germina en el verso. Porque así lo ha querido la escritora en esa consistente aleación nerudiana de tierra y esencia en el caballón de los renglones y en la condición de esa raíz que penetra profunda en la tierra: “Vivirás en mi verso cuando la luz se acabe,/ por eso yo te canto germinal y sencillo”.
Es su luz, la luz encendida que guía este canto, a pesar de que sabe perfectamente que el pasado nunca vuelve y es sublime en su recuerdo.

martes, 4 de junio de 2019

EL TEATRO BREVE DE FEDERICO GARCÍA LORCA POR F. MORALES LOMAS





EN ESTA OBRA COORDINADA POR R. SÁNCHEZ GARCÍA Y R. MARTÍNEZ LÓPEZ SE ENCUENTRA MI TRABAJO SOBRE EL TEATRO BREVE DE FEDERICO GARCÍA LORCA. UN TOTAL DE VEINTICINCO PÁGINAS DONDE ANALIZO LOS FUNDAMENTOS DE SU TEATRO Y DOS PIEZAS MUY SIGNIFICATIVAS Y SIMBÓLICAS EN SU TRAYECTORIA: LA DONCELLA, EL MARINERO Y EL ESTUDIANTE Y EL PASEO DE BUSTER KEATON, QUE DARÁN ORIGEN AL TEATRO SURREALISTA, ESPERPÉNTICO Y ABSURDO DE GARCÍA LORCA

EL LIBRO REÚNE 18 TRABAJOS DE IMPORTANTES ENSAYISTAS Y PROFESORES DE DIVERSAS UNIVERSIDADES DEL MUNDO ENCABEZADOS POR EL PROFESOR ALLEN JOSEPHS DE LA UNIVERSIDAD DE WEST FLORIDA (USA)



EL TEATRO BREVE DE FEDERICO GARCÍA LORCA


F. MORALES LOMAS



A CONTINUACIÓN DEJO LA PRIMERA PÁGINA DE MI TRABAJO SOBRE EL TEATRO BREVE DE GARCÍA LORCA:

PROEMIO
No caben muchas dudas de que el teatro fue desde los primeros años una actividad que ejerció en Lorca un enorme atractivo y fue génesis de esa construcción de la identidad literaria toda vez que no pudo continuar su primera vocación musical. Gibson (2016: 39-40), citando a Carmen Ramos, indicaba que a partir del momento en que vio de pequeño a los titiriteros montar el retablillo, Lorca no abandonó la plaza y con un permanente estado de excitación. Con Dolores Cuesta la Colorina y las otras criadas realizará representaciones en el teatrillo de marionetas que comprara Vicenta Lorca, la madre de Federico, en La Estrella del Norte, de la calle Reyes Católicos de Granada; y la madre de Carmen se encargará de confeccionar los muñecos con trapos y cartón. Criadas, niños, ayudantes formaban aquel entramado donde el niño García Lorca hacía las veces de director y dramaturgo. Y en ese recorrido el espacio geográfico de la vega es un elemento trascendente junto a las tradiciones populares que en él se conjugan y su contacto con el pueblo, hasta el punto de que se ha podido tildar de escritor campesino: “Es lógico que el poeta encontrara muchos motivos para sentirse una voz apegada a la tierra y a la visión de la vida propia de los campesinos andaluces” (García Montero, 2014: 7).
Un recuerdo entrañable que quedó en su memoria fue la representación de El alcázar de las perlas de Francisco Villaespesa en 1911 junto a su amigo, el pintor Manuel Ortiz, como nos recuerda su hermano Francisco:
Federico gustaba de disfrazar a las criadas, con las que hacía a veces pequeñas pantomimas. Recuerdo el acontecimiento teatral que fue en Granada el estreno de El alcázar de las perlas, de Villaespesa. No puedo menos de evocar una de nuestras criadas, Julia la de Gabia, que recitaba, medio en serio, medio inventando, los versos modernistas de Villaespesa (…) Federico la había vestido con atavío «oriental». Era muy morena y le había pintado la cara con polvos de arroz (García Lorca, 1996: 95).
 Y continuó con sus representaciones ya desde 1909 en Granada, en la casa de Acera del Darro 66 donde se marcharon a vivir. En esa construcción y nacimiento de una identidad artística no solo serán relevantes los espacios geográficos y populares, las gentes de la vega de Granada sino también la asimilación de una tradición que él logra ir reconstruyendo progresivamente a medida que se produce la asimilación de la vanguardia y, fundamentalmente del cubismo y el dadaísmo, muy presente en esa construcción de la identidad personal teatral inicial:
 ¿No sabemos que disfrutaba y se apasionaba por el teatro desde muy niño? ¿No nos dice que su madre le leía a Víctor Hugo desde pequeñito? Su vocación literaria crece con él desde su infancia, lo mismo que su afición musical (…) Pero existe un «magma» común del que nace su afición por la música y su interés por la literatura. Su familia, su entorno, el flamenco, la canción popular, los romances, las historias contadas por criadas y criados, las lecturas en público de su madre, las ceremonias religiosas, el teatro de títeres, el teatro modernista y realista de la época... (Trancón, 2007: 121).

Con este motivo se llevó a cabo el I COLOQUIO INTERNACIONAL "LORCA EN SU ENTORNO: FUENTE VAQUEROS EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD LITERARIA LORQUIANA"
3 Y 4 DE JUNIO DE 2019
CENTRO DE ESTUDIOS LORQUIANOS
FUENTE VAQUEROS






F. MORALES LOMAS Y REMEDIOS SÁNCHEZ

R. MARTÍNEZ LÓPEZ, ALLEN JOSEPHS Y REMEDIOS SÁNCHEZ GARCÍA









ALGUNAS IMÁGENES DE LA INTERVENCIÓN EN EL COLOQU



sábado, 25 de mayo de 2019

PRESENTACIÓN EN LA FERIA DE SEVILLA DE "EL VIENTO ENTRE LOS LIRIOS" DE F. MORALES LOMAS







A todos/as aquellos que estén interesados, este martes presento en La Feria del Libro de Sevilla mi libro de narrativa "EL VIENTO ENTRE LOS LIRIOS", publicado recientemente por Ediciones En Huida.




ALGUNAS CRÍTICAS DE EL VIENTO ENTRE LOS LIRIOS DE F. MORALES LOMAS




 GUILLERMO BUSUTIL, narrador y director de la revista "Mercurio" lo siguiente:


Desahucios de lo real

02.02.2019 | 18:28

Desahucios de lo real

El viento entre los lirios

  • Francisco Morales Lomas
  • Ediciones En Huida
  • 15€

Hay libros cuyos títulos suenan al verso de una caricia en oleaje, o a la imagen de un oráculo al que deshojarle su significado oculto. Le ocurre a El viento entre los lirios cuya pronunciación evoca el romanticismo de esos paisajes de las novelas del XIX en las que las emociones son la épica de un drama, el relato de las peripecias y quiebra de un sujeto que sueña con la libertad o con un amor más o menos imposible o condenado. Pero no, no contienen las historias de este libro acantilados ni brumas, amantes al límite, duelos entre la vida y la muerte, ensimismamientos del corazón ni la tragedia de una identidad frente al espejo de la locura y sus borrascas. Argumentos que antaño llegaban por mar como si los libros fuesen barcos en los que enrolarse frente al fuego durante los duros inviernos y su frio viento entre los lirios.
Aunque también podría jugar a la prestidigitación de lo literario y plantear la duda acerca de que tal vez sí contengan estos relatos, breves, sutiles, ajustados en el ritmo cronopio de su relojería y en la borgiana hora final en las que las agujas de la prosa de Morales Lomas compone una figura, entre las diferentes clases de sonrisas y los diversos aspectos de un interrogante, todo esto que antes he nombrado. Es decir, acantilados como los que hay dentro de piezas como La balsa o La suicida. Amantes al límite al estilo de los de El pene curvo -excelente en el color de su lenguaje latinoamericano y su temperatura erótica- o de El sueño, para mí la mejor pieza de este compendio de cuentos. O tragedias de la identidad acerca de las que trata el bello y filosófico relato El secreto del agua, lírico en su atmósfera y desenlace, o el divertido en su ternura y frágil crueldad La grabación. Lo mismo que hay duelos entre la vida y la muerte en El verano, La rata –propio del extrañamiento de lo real- El Testamento –quizás el más flojo- o En algún lugar del corazón donde Morales Lomas despliega una brillante pieza de lenguaje cervantino. Hay otros que nos preguntan si el alma puede convertirse en mosca; si un cáncer se combate con un infarto; si una casa puede esconder el mundo secreto de una enfermedad hacia dentro, o si son mejores las rubias o las morenas para soñar un matrimonio. No faltan tampoco los que le dan una vuelta de tuerca a célebres cuentos de la infancia para devolverles lo que le quitamos a los Grim Broders; los que abordan el sueño de la migración desde el compromiso y la aceptación de la derrota, o el guiño a ese dinosaurio de Monterroso a cuya momia literaria habría ya que enterrar del todo, a pesar de que Morales la atreva a escribirnos.
Humor de doble filo, actualidad, metamorfosis, absurdo y bestiario es lo que contienen en precisas dosis -las pequeñas que por igual actúan como antídoto o como veneno- este libro en el que cada relato propone puntos de fuga, desmoronamientos súbitos, expectativas que se rompen, revelaciones de lo fantástico, malabarismos del lenguaje, precipicios y fisuras de una realidad convencional sobre la que se pone otro foco y se consigue deslizar al lector hacia la inesperada presencia del terror. Unas veces con aliento en corto, en forma de latigazo de paso, como si fuese la pintada de una pared que nos sale al paso entre un cuento y otro, otras adentrándose en las claves del micro cuento –siempre difícil de catalogar entre el apunte y la anécdota- y en ocasiones como relatos de medio aliento que suponen un fragmento carveriano de sus personajes. Criaturas todas a las que les toma el pulso de sus miedos y extrañamientos con humanidad de al lado, aunque en el fondo asoma el ingenuo caricaturesco del absurdo del maestro Azcona.
Pero sin duda, todos y cada uno son un lirio al que la prosa turgente, pulcra, de realismo contenido y de quiebro surreal los mueve a su antojo, en forma de viento para despeinarles el polen que cae entre las manos del lector, al mismo tiempo que al final de su lectura no reconocemos en la sonrisa que nos despierta.



ANTONIO MORENO AYORA, CATEDRÁTICO DE LITERATURA Y ESCRITOR DECÍA SOBRE EL VIENTO ENTRE LOS LIRIOS




FERNANDO DE VILLENA COMENTA EL VIENTO ENTRE LOS 

LIRIOS DE F. MORALES LOMAS

EL HUMOR NEGRO DE FRANCISCO MORALES LOMAS

            Francisco Morales Lomas se ha convertido en los últimos años en uno de los autores más interesantes y prolíficos de nuestras letras con una obra que ya supera los setenta libros y que está repartida entre diversos géneros: ensayo, poesía, teatro, novelas y cuentos.
            A su extraordinario caudal hoy viene a sumarse un nuevo libro de relatos con muy hermoso título “El viento entre los lirios” (Ediciones “En Huida”). Se trata de un conjunto de textos muy variados a los que presta unidad el ingenio y la agilidad narrativa del autor. Aquí podemos hallar desde una novela corta  protagonizada por Miguel de Cervantes y en sintonía con las tres novelas que dedicó a nuestros siglos de Oro, hasta una buena cantidad de microrrelatos basados en la sorpresa o golpe final. También encontramos gran variedad en el lenguaje: desde guiños cultos sabiamente administrados que denotan la cultura clásica del autor, hasta el coloquialismo o incluso la recreación del español de América en otros textos. Pero, eso sí, aunque el lenguaje sea directo a menudo, siempre resulta escogido con eficacia. Claro que Morales Lomas es también poeta y ello se percibe en el uso de ciertas metáforas y símiles de gran originalidad que aparecen a menudo en ocasiones en los textos. He aquí un ejemplo de ello:
             “la mujer va aclimatando su cuerpo a la embestida del animal, cada vez más unicornio en su ingle”.  
            Hay relatos rotundos, algunos inquietantes, otros cargados de denuncia social, lo que concede a este libro una gran fuerza y una completa actualidad. Y lo cierto es que casi ninguno de estos relatos deja indiferente al lector.
            El erotismo, una sensualidad desbordante, impregna otros textos del libro. Claro que tampoco faltan algunas hermosas páginas en las que Morales Lomas evoca escenas de infancia u otras en las que hallamos hondas reflexiones de diversa índole.
            Variedad, pues, y, sin embargo, lo más singular en “El viento entre los lirios” radica en un registro poco habitual en nuestras letras contemporáneas: el humor negro. Morales Lomas lo maneja con acierto, con refinada crueldad a veces, y es que él sabe muy bien que no está haciendo otra cosa que reflejar en toda su desnudez la verdadera realidad de la existencia y de la condición humana.

                                                                      Fernando de Villena.   

ANTONIO ENRIQUE HACE LA CRÍTICA DE EL VIENTO ENTRE LOS LIRIOS DE F. MORALES LOMAS


Una ventana abierta al mundo
El viento entre los lirios. Francisco Morales Lomas. Ediciones En Huida. 2019.

El microrrelato es el género que mejor facilita la visión rápida sobre el mundo. Pero entraña graves riesgos; de una parte el que los contados renglones de que se compone queden en mera ocurrencia insubstancial y de otra, la imposibilidad de atmósfera, quedando así en secuencia cruda de la realidad inmediata, ajustada por lo general al pálpito inmediato y entorno urbano. Es como columpiarse en el filo de la navaja; los dos, tres o más renglones requieren un don de síntesis y habilidad psicológica fuera de lo común. Se trata de escribir por eliminación. En el presente libro, hay un buen rimero de ellos, como también relatos en firme, de correcta factura. Y son más bien relatos, que no cuentos como tales, porque su desenlace es “indefinido”, es decir abierto a la interpretación del lector, y no cerrado ni circular.
     Francisco Morales Lomas es de los autores más prolíficos de su promoción literaria y quizá el más versátil, ya que cultiva la poesía y la narrativa tanto en novela y cuento, como también el teatro y el ensayo; pero es en la crítica literaria el género en el que se hace imprescindible, pues desde décadas está compendiando día a día las novedades que la actualidad depara. No hay autor de mayor capacidad efectiva que la suya, como tampoco mayor y más exhaustiva dedicación. Lo hace por sentido del deber literario y porque alguien debe hacerlo para que dejar constancia de la literatura. Pero quienes le conocemos, le tenemos en mucho por un soñador, esto es un contador de historias. Ahí está en su mundo más acendrado y diverso. Ahí no tiene límites.
     Y es lo que me ha parecido en este El viento entre los lirios, lo que hace alusión a la transitoriedad del tiempo, doble en este caso, porque tanto el viento externo del tiempo como la fragilidad interna de los lirios inciden en que todo parece ser para la nada de nuestras acciones y desvelos. Una multitud de seres anónimos desfila por estas páginas con sus obsesiones personales y circunstancias anómalas; el autor, dotado de una notable empatía para con sus personajes y para el lector, se complace, desde el sano humor y la ironía, pero también la simple agudeza, en mostrar que el mundo es mucho más ancho que si mirado por el ojo de una cerradura. Su prosa es rápida, incisiva y cómplice.
     Pero en otras ocasiones nos embarca en estos otros relatos de mayor enjundia, donde todo puede ocurrir porque la clave está en cualquier zona de la trama. Y es ahí donde es gustoso recalar, porque es como si jugara al ajedrez consigo mismo. El pretexto es la misma realidad que se disfraza para escapar de cualquier previsión lógica. Cualquier cosa puede ocurrir, menos aquella más probable. El mundo en sí es un señuelo para determinar que la verdad se solapa en la mentira, y que ésta posee tantas veces mayor lógica que cuanto consideramos cierto; lo es, pero solo en la ficción que llamamos vida.

                                                                        Antonio Enrique
                                                                                                                              23 marzo 2019  



         MIGUEL ÁNGEL JIMÉNEZ AGUILAR HACE LA CRITICA DE EL VIENTO ENTRE LOS LIRIOS DE F. MORALES LOMAS

El viento entre los lirios: ironía sin máscaras

El viento entre los lirios ofrece un conjunto de relatos breves y microrrelatos heterogéneos, escritos por el novelista, dramaturgo, poeta y ensayista Francisco Morales Lomas, uno de los escritores malagueños con mayor proyección editorial hoy. Catedrático y profesor de Universidad, crítico, académico y presidente de varias asociaciones de escritores y críticos, ha publicado cerca de una decena de títulos como narrador y diversos poemarios y textos dramáticos, que ha englobado bajo la denominación de «Teatro Caníbal», reconocido más allá de nuestras fronteras.
Lo que sorprende de El viento entre los lirios es la fineza del autor para desenmascarar la realidad, para dejarnos entrever esos fragmentos de la existencia a menudo obviados, a menudo olvidados, las más de las veces desconocidos; la sutil ironía con que se aproxima a ellos y los deconstruye, en un divertido juego verbal cargado de ingenio -como el nombre en forma de oxímoron del protagonista de El secreto del agua, Peter Water-, en un preciso ejercicio de simbología -como ocurre con El dinosaurio, convertido en recordatorio de nuestra infancia-, o incluso en un examen y verificación de las frecuentes e insalvables contradicciones humanas, de la que parte su grande y su miseria -lo que queda patente de un modo manifiesto en el hilarante El pene curvo-. Todo cabe en este libro que apunta al centro de cada problema que aborda -ya sea la pobreza, las ideologías, el amor, la muerte, incluso el suicidio-, con una mirada siempre atenta al detalle, penetrante y perspicaz, capaz de evidenciar lo que con frecuencia consideramos tabú y, por ende, cargamos de eufemismos.
Declarado deudor de autores como Monterroso, Cortázar o Borges, Morales Lomas únicamente propone una fracción de vida, de la que los lectores podremos tomar buena nota, aunque solo si estamos bien atentos. Más allá de la sobrecogedora anécdota que narra la historia de Jaimito en Bilbao, por ejemplo, la vanidad del hombre posmoderno queda plamada inconfundiblemente cuando los «turistas europeos [...] se sienten poderosos por primera vez» ante la fascinadora contemplación de «la pobreza». Y algo aún más grave ocurre en La balsa: «Cuando alguien cayó por la borda de popa, todos miramos a la proa. Un futuro prometedor les esperaba al final del viaje.»
Junto a estos referentes, Cervantes ocupa un lugar muy destacado entre las influencias e intertextualidades de Morales Lomas, como en el divertido e ingenioso relato metanarrativo En un lugar del corazón. Metaliterario será también, como es obvio, El extraño caso de Caperucita Roja.
La autorreferencia es otra de las constantes del autor, con especial recurrencia a su universo caníbal, en microrrelatos como La caníbal o El cólico. Y con respecto a los problemas sociales, con frecuencia recurre al sarcasmo y al humor negro, como en el caso de El desahucio.
En definitiva, con Monterroso y Morales Lomas, el lector encontrará en El viento entre los lirios, como poco, los «tres temas muy importantes (los que más) de la existencia de una persona: el amor, la muerte y las moscas.» Casi nada.

Miguel Ángel Jiménez Aguilar



La creación literaria y el escritor

La creación literaria y el escritor
El creador de libros, pintura de José Boyano