domingo, 10 de mayo de 2015

FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE GRANADA 2015




FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE GRANADA 2015
El lunes participo en el FIP 2015 dedicado este año a dos grandes poetas, el ruso YEVGUENI YEVTUSHENKO y el granadino y último premio FEDERICO GARCÍA LORCA, RAFAEL GUILLÉN.
Me cabe el honor de hablar de la poesía de RAFAEL GUILLÉN con el que conversaré el Lunes día 11 de mayo a las 12 h. en la Facultad de Ciencias de la Educación de Granada.
RAFAEL GUILLÉN, al que recientemente dedicamos un homenaje en Granada la AAEC (Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios) junto a otros escritores granadinos ganadores del Premio Andalucía de la Crítica: L. García Montero, Mariluz Escribano, Antonio Carvajal, Fernando de Villena, Ángel Olgoso, Manuel Talens, Justo Navarro, Guillermo Busutil y José Lupiáñez.
Les avanzo un fragmento de mi intervención sobre RAFAEL GUILLÉN.
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HUMANISMO, METAFÍSICA E INCERTIDUMBRE EN LA 

LÍRICA CÓSMICA DE RAFAEL GUILLÉN
F. MORALES LOMAS
En España, la literatura la hicieron durante mucho tiempo Madrid y Barcelona.
¿Ocurre esto ahora?
Dejemos la pregunta en el aire como instrumental sano para la reflexión. Esta canonización allende los montes sobre el que debe o no debe ser algo en literatura dejó durante mucho tiempo al margen a escritores como Rafael Guillén, cuya obra es (en palabras de Jenaro Talens y en las mías propias, en su reciente edición de la poesía de Guillén El otro lado de la niebla. Trilogía y coda) una de las propuestas “más sólidas e innovadoras de su generación. Y ya iba siendo hora de decirlo de manera pública”. Y algo se está reconociendo pero no suficientemente a nuestro entender en los últimos tiempos con la concesión del Premio Federico García Lorca, el premio Nacional y muchos otros, pero no le ha llegado el Premio Luis de Góngora, ni el príncipe de Asturias, ni el Cervantes. Y, desde luego, méritos no le faltan a Guillén para que Madrid mire de nuevo al sur.
Rafael Guillén nació en la calle San Juan de Dios, esquina a Cardenal Mendoza, el año 1933. A los dos años muere el padre. Después llegará una dura posguerra en la que cursará estudios elementales en el Seminario de S. Cecilio, dirigido por los Jesuitas, y realiza diversos quehaceres para ayudar a la familia. Asiste más tarde como libre oyente al Instituto Padre Suárez y después se matricula en la Escuela de Comercio, ingresando en el Banco Hispano Americano.
Ya con veinte años, en 1953, funda con José G. Ladrón de Guevara, Elena Martín Vivaldi, Julio Alfredo Egea, José Carlos Gallardo, Miguel Ruiz del Castillo y otros poetas el grupo "Versos al aire libre”, un grupo que rompió el silencio tras el asesinato de García Lorca. Conoció a Blas de Otero con motivo de su servicio militar y fundó y dirigió, junto con José G. Ladrón de Guevara, la colección de libros Veleta al Sur, única manifestación poética en Granada desde 1957 hasta 1966.
En 1962 colaboró con Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Félix Grande y Jaime Ferrán, en el nº 1 de la revista "La Trinchera", dirigida en Sevilla por José Batlló, y en 1963 consiguió el Premio Internacional del Círculo de Escritores Iberoamericanos de Nueva York al que se unirá desde entonces un largo etcétera de reconocimientos como el Premio Leopoldo Panero, el Boscán… hasta llegar al reciente Premio Federico García Lorca de 2014. Poemas y artículos suyos han sido traducidos a numerosos idiomas, como, por ejemplo, en 2001, año en que la Editorial Northwestern University Press, de Evanston, Il. (USA) publicó I´m Speaking, una antología de su obra, en edición bilingüe, con traducción al inglés de Sandy McKinney. Además, en la Historia Crítica de la Literatura Hispánica la catedrática Pilar Palomo lo estudia en el epígrafe "Poetas de los 50"; y se le consideraba como a "uno de los mejores poetas actuales"; y además, Pilar Gómez Bedate en la Historia de la Literatura Española (Cátedra), Elena Barroso en Poesía Andaluza de hoy (1950-1990) (Biblioteca de la Cultura Andaluza) y Angel L. Prieto de Paula en Poetas españoles de los cincuenta (Biblioteca Hispánica, de Ediciones Colegio de España, Salamanca), entre otros autores, lo incluían igualmente entre los más importantes autores de su generación.
Rafael es el caso significativo del escritor fiel a sí mismo y a su modo de ser y estar en el mundo. Constituyendo su lírica una de las trayectorias más coherentes de la literatura española por esa indagación en la epistemología vital y sus correlatos de la vida cotidiana, así como en la búsqueda del conocimiento, como propugnaba Debicki, y la reflexión sobre la materia, el espacio o el movimiento tanto como en su memoria y vivencias.
Pero la materia poética solo puede ser cincelada por la excelencia de un lenguaje cabal y rico, ese monumento a la palabra y su experimentación verbal, como única vía para alcanzar el patrimonio que su obra proyecta y la dota de profundidad en lo esencial. En el núcleo de los temas que han preocupado históricamente al ser humano: el amor, el tiempo, la materia, el sentido de la existencia, nuestra necesidad de conocimiento y nuestra soledad ante los avatares del mundo, con esa duda metódica que pervive en la incertidumbre pero que aspira a la certeza. La penetrante reflexión de todo ello conlleva la emoción sublime de la palabra poética.
Hay poetas que organizan, sistematizan, crean pero son contenidos en la conmoción lírica, romos en sus esencias de humanidad conquistada. No lo es Rafael Guillén, en el que impera el sentido de la agitación poética y acude al lector como su mejor y más conmovido intermediario. Un aliento poético creador que tanto se aprecia en los temas amorosos, metafísicos, sociales o puramente testimoniales… inmersos en las cosas cotidianas. Hay también una subterránea reflexión neorromántica en torno al ser humano y una apreciable conquista del terreno cuántico del hecho lírico.
Pero su poesía está originada en el clasicismo español, se adentra en él y lo redimensiona para después seguir sus propios derroteros líricos al imbuirse del sentido último que posee la realidad y la inmersión en ella del ser humano. De ahí también nace el corolario de una poesía hondamente humanista y esencialmente solidaria con la que pretende crear una metáfora del mundo.
Su independencia artística, su voluntad de creación personal, le ha hecho transigir con su propio camino (ajeno a los cantos de sirena de otros) al entender la poesía como una forma de ser y como una forma de sentido de la existencia. Un personal estado de palabra a través del que ha querido llegar a la transparencia del mundo, su comprensión última, y conquistar las grandes respuestas cuando todo eran/son preguntas. Una poesía que sorprende y trata de iluminar las últimas verdades del ser humano a través de la búsqueda del conocimiento y la interpretación intuida.
La conciencia poética y la voluntad creadora de la palabra irán de la mano para organizar un sentido del espacio y del tiempo desde la esencia de eso que llamamos humanidad. Y para ello todos los sentidos se necesitan porque hay una singladura en la que entrar y un camino que recorrer, por lo que, a veces, su lírica se proclama desde la perspectiva del homo viator o de un camino de conocimiento. Lo que hace engrandecer una poesía profundamente sensorial y creadoramente reflexiva con la que se aspira a la transparencia, a la luz, a un estado de conciencia permanente.
Rafael Guillén reivindica la palabra como concepto poético y sustenta su visión de la poesía en el macrocosmos de riqueza vital y cultural que es el planeta Tierra, por el que ha viajado con profusión y cuya obra ha visto la luz desde Chile a China o desde África hasta Noruega.
Desde su origen la obra de Rafael Guillén ha seguido un camino personal aunque asentado en esa rica tradición que procede del 27 con la que él conecta directamente. De hecho, Rafael Guillén ha manifestado no sentirse adscrito a ninguna de las promociones de posguerra y sí considerarse contemporáneo de la Generación del 27. Y aunque Guillén llegó a cultivar la lírica social, sin embargo, su obra se diversificó, se fortaleció y amplió por otras sendas mucho más sugerentes y ricas en las que habría que constatar su voluntad de ennoblecer la palabra, en ese paradigma intuido de altura, trascendentalizar sus contenidos poéticos y acercarlos a una realidad metafísica y existencial que alcanzará una gran vía en la lírica de José Ángel Valente o la de Francisco Brines en la cavilación elegíaca y melancólica.
No es el individuo en cuanto integrante de una entidad social sino el individuo en cuanto ser humano el que realmente le importa. Es la humanidad del ser lo que prima en su obra, su esencia como individuo en libertad, su percepción como persona con unos valores precisos. Por tanto, su poesía más que socializadora (que en determinados momentos puede darse) tiene más una proyección de neorromanticismo humanista con ascendiente universal, concentrado en ocasiones en la trascendencia de los derechos humanos como guía y en la voluntad del poeta de oponer resistencia.
Una lírica siempre abierta a la capacidad de sugerencia de la palabra con la que pretende organizar una particular visión del mundo y de la existencia, pero nunca como proceso de reducción sino de amplificación consciente.
También hay en su obra una especial concepción de lo real que la conecta con las nuevas vertientes del pensamiento que se ha desarrollado con fuerza en los últimos cincuenta años, la lírica cercana a los descubrimientos de la ciencia y de una nueva forma de mirar la realidad. Esta constatación, que tiene que ver mucho con el concepto de estética cuántica y su especial observación del hecho en sí, nos permite adentrarnos por una poesía conceptual que indaga con solvencia en todo aquello que aparentemente no es realidad (una apariencia sensible) pero que lo constatan el pensamiento y los sentidos.

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