viernes, 9 de junio de 2017

LIBRO SOBRE ANTONIO MACHADO POR MORALES LOMAS






MI VISIÓN SOBRE ANTONIO MACHADO

F. MORALES LOMAS




Hay poetas que lo acompañan a uno durante toda la vida: Antonio Machado, César Vallejo, Neruda, Quevedo, Garcilaso, Lorca, San Juan de la Cruz, Lope, Valle-Inclán… Y hay poetas cuya coherencia vital y artística permiten recordarlos siempre. Desde los dieciocho años conservo también de Machado un retrato enmarcado que me acompaña desde entonces a pesar de los años transcurridos y los diversos traslados de vivienda en los que siempre vas dejando por el camino objetos inservibles e imágenes ajadas. La de Machado no.

Junto a Bécquer, Fernando de Herrera, Lorca o, el otro gran poeta olvidado como bien dijo Valle-Inclán, Espronceda, a Antonio Machado lo descubrí en la adolescencia unido indefectiblemente a los estados de ánimo propios de ese momento. Gustaba yo entonces de recorrer en bicicleta los caminos que conducían a las solitarias alamedas cercanas a Fuente Vaqueros y allí me detenía a leer mientras pasaba las horas en un dulce encuentro. Llevaba indefectiblemente junto al bocadillo y algo de fruta unos libros en la mochila. Y en medio de aquella paz de los árboles agitados por el viento, durante muchas primaveras y en los días menos tórridos del verano, leía profusamente a Machado en aquella naturaleza que se avivaba especialmente cuando a lo lejos contemplaba la grandiosa imagen de Sierra Nevada. Arropado por las palabras de Machado y, a veces, también por las de Lorca y ese espíritu que habitaba esas alamedas de su tierra chica.

Llegaba entonces un Machado musical y sentimental, un Machado contemplativo que en el suave ritmo de sus canciones se presentaba soñador, meditabundo… y se detenía en los caminos de la tarde, en el campesino que regresaba del campo después de una dura jornada o en la tenue melodía del agua que me circundaba en pequeños arroyuelos a los que prestaba un coro perfecto el sonido multicolor de todo tipo de pájaros que gorgoteaban enloquecidos. Había en esos momentos de abandono, un Machado en comunión perfecta con la conmoción ensimismada y platónica del adolescente, siempre propensa a los estados de ánimo melancólicos y cambiantes, acaso hipocondríaco y taciturno o por momentos animoso y vivaz, pero también a la templanza de las horas en su lento y monótono discurrir. Era uno de los poetas en que mejor se concentraba el espíritu que habita en las cosas, el ánima de las cosas. Machado humanizaba los elementos, los hacía formar parte de nosotros como una especie de metafísica cercana, una metafísica de la cotidianidad. Había una naturaleza que volvía a ese ser humana, que cantaba la alegría de existir y daba las gracias por estar vivo.

Existía esa visión de Machado de época y el responsable fue, sin duda, Manuel Alvar en aquella magnífica edición de la Poesías completas de Machado que hizo para la Editorial Espasa-Calpe. Sonaban las fuentes, los ríos, los espacios que alcanzaban sus ojos, y los personajes que nacían para unificar la singladura cordial de la existencia. Era fundamentalmente la poesía de sus primeros libros, Canciones, galerías y otros poemas. Pero también era un Machado que le hablaba a la mente, al alma… un Machado que dudaba, un Machado reflexivo para el que la poesía era un “arma humanitaria”, un arma para alcanzar las bondades de la existencia. También un instrumento lingüístico para expresar lo inefable. Muchos Machados surgían entonces, un Machado seducido por la existencia y los afectos, un Machado enamorado de una joven a la que llevaba casi veinte años. Aquel Machado de a Orillas del Duero (que tanto comentaban los profesores de entonces) que contemplaba la vida y se dejaba llevar por el embeleso y los ruidos del mundo.
Luego llegó un Machado más duro. Un Machado que denunciaba la impostura, la incoherencia del castellano-español, su arrogancia… los males y las contradicciones del cainita. Un Machado profundamente comprometido con el ser humano en su necedad, en su sufrimiento y en su miseria. Un ser humano acobardado, violento y sucio. Al que denuncia con virulencia y estupor. Machado era serio y comprometido.


Muchos años después, y con motivo de este ensayo “Poética machadiana en tiempos convulsos” surgió otro Machado más combativo, un Machado en la República y en Madrid, Valencia y Barcelona, que percibía con inteligencia y sabiduría que las cosas iban mal e irían a peor. Al mismo tiempo que un Machado  que escribía lentamente su discurso de entrada en la Academia, encumbrado en el éxito de su teatro, en el reconocimiento popular y, de nuevo, aceptado por el amor, aquel amor que se reconstruía de nuevo. Y germinaba entonces un Machado recóndito, que se plegaba como un adolescente, como cualquier adolescente a los embelecos de la amada Pilar de Valderrama (Guiomar) y, por un momento, sentía que el amor era un sueño que renacía de las cenizas y se sentía alegre y satisfecho en medio de una República mortecina. También un Machado cansado, enfermo en su adicción al tabaco, que lucha, que defiende ideas, que se siente fuerte mentalmente para evitar el mal que se avecina, y crea con tenacidad y vigor ese concepto de intelectual comprometido hasta el final que une la ética a la estética con ideas que son la base de la humanidad. Entonces queda el Machado como símbolo en su Juan de Mairena, el Machado pensador y filósofo, el Machado definitivamente construido para la posteridad como un referente de coherencia en la vida y en la obra. Y sobre todo como emblema al que seguir.


sábado, 20 de mayo de 2017

ENTREGA DEL XXIII PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA





LIBROS GANADORES DEL XXIII PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2017



NOTA PRENSA
ACTO ENTREGA
XXIII PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2016
(Guadix, 2 de junio de 2017)


Bajo la organización de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios “Escritores y Críticos del  Sur” (AAEC) y con el patrocinio de la Fundación Unicaja, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Centro Andaluz de las Letras y Ayuntamiento de Guadix (Granada), se llevará a cabo el acto de entrega del XXIII PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2016.

En esta edición, el premio se entregará el próximo viernes 2 de junio, a las 20,00 horas, en el Palacio de Villa Alegre, de la localidad granadina de Guadix.

Hay que recordar que este año los premiados han sido:

PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA DE POESÍA: HORIZONTE INTERIOR, del poeta malagueño, Juvenal Soto.
Juvenal Soto (Málaga, 1954) poeta, fotógrafo, columnista de opinión, crítico literario y profesor de cursos de literatura española en el extranjero; entre otras actividades, es autor de los libros de poesía, Ovidia (Madrid, 1976), Ephímera (Málaga, 1983), El hermoso corsario (Antología poética 1972-1986) (Málaga, 1986), Fama de la ceniza (Madrid, 1997), Paseo marítimo (Madrid, 2002), Las horas perdidas (Madrid, 2002), El cielo de septiembre (Córdoba, 2008) y Compañeros de viaje (Málaga, 2009).

PREMIO ANDALUCIA DE LA CRITICA DE NARRATIVA: BOABDIL. EL PRÍNCIPE DEL DÍA Y LA NOCHE, del escritor granadino, Antonio Enrique.
Antonio Enrique, granadino de 1953, publicó su primer libro de poesía, Poema de la Alhambra, en 1974; su primera novela, La Armónica Montaña, en 1986; y su primer libro de ensayo, Tratado de la Alhambra hermética, en 1988, los tres sobre Granada, libros a los que han seguido otros muchos, como El discípulo amado, Santuario del odio, La espada de Miramamolín, Rey Tiniebla...

PEMIO ANDALUCIA DE LA CRITICA DE RELATO: LA VUELTA AL DÍA, del escritor onubense, HIPÓLITO G. NAVARRO.

Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es autor de los libros de relatos El cielo está López (1990), Manías y melomanías mismamente (1992), El aburrimiento, Lester (1996), Los tigres albinos (2000) y Los últimos percances (2005, Premio Mario Vargas Llosa NH a mejor libro publicado), y de la novela Las medusas de Niza (Premios Ateneo de Valladolid 2000 y de la Crítica andaluza 2001). Con la antología El pez volador (Páginas de Espuma, 2008), preparada por el escritor Javier Sáez de Ibarra,  recibió el Premio El Público de Narrativa 2009, otorgado por los periodistas culturales de Andalucía

A los galardonados se les hará entrega de la escultura representativa del premio, obra de la escultora cordobesa, Marta Campos. Intervendrán en el acto la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Dª Rosa Aguilar, la alcaldesa del Ayuntamiento de Guadix, Dª Inmaculada Olea Laguna, el director de actividades culturales de la Fundación Unicaja, D. Francisco Cañadas, el presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, D. Francisco Morales Lomas y la secretaria de la Asociación de Escritores y Críticos Literarios de Andalucía, Dª Remedios Sánchez García. Igualmente intervendrán, para defender las obras galardonadas, los críticos literarios D. José Cabrera Martos y D. Ricardo Bellveser.





miércoles, 10 de mayo de 2017

NUEVO LIBRO DE MORALES LOMAS SOBRE ANTONIO MACHADO





NUEVO LIBRO DE MORALES LOMAS SOBRE ANTONIO MACHADO

MORALES LOMAS PUBLICA UNA NUEVA OBRA, UN ENSAYO SOBRE ANTONIO MACHADO DURANTE LA REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL.

SOBRE ESTE PROYECTO QUE AHORA ES UNA REALIDAD COMENZÓ A INVESTIGAR HACE SIETE AÑOS, CUANDO SU HIJO JULIÁN 
INICIÓ LA ESPECIALIDAD DE MEDICINA INTERNA EN EL HOSPITAL CLÍNICO DE MADRID (ACTUALMENTE ES MÉDICO INTERNISTA EN EL HOSPITAL GREGORIO MARAÑÓN).

POR ENTONCES VIVÍA AL LADO DE LA ÚLTIMA VIVIENDA DE ANTONIO MACHADO ANTES DE DEJAR MADRID CAMINO DE VALENCIA, EN CALLE GENERAL ARRANDO, Y LAS CONTINUAS VISITAS A ESTA ZONA LE HICIERON PENSAR A MORALES LOMAS EN LA POSIBILIDAD DE CREAR UN LIBRO QUE SE CENTRARA EN EL PERIODO MÁS ACTIVO DE ANTONIO MACHADO EN EL ORDEN SOCIAL Y EN UNA ÉPOCA CONVULSA Y TRÁGICA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA. 

AQUEL PROYECTO DE HACE SIETE AÑOS HA VISTO YA LA LUZ EN UNA DE LAS EDITORIALES MÁS PRESTIGIOSAS DE ESPAÑA, EDITORIAL COMARES, 
Scholarly Publishers Indicators (SPI): número 12, http://ilia.cchs.csic.es/SPI/prestigio_expertos_2014.php
Otros rankings internacionales: Norwegian List y Finnish List

PERO MACHADO NO QUEDARÁ AHÍ PORQUE MORALES LOMAS YA FINALIZÓ HACE UN AÑO LA PRIMERA NOVELA DE UNA NUEVA TETRALOGÍA NARRATIVA QUE LLEVA POR TÍTULO: UN SIGLO LLAMADO INVIERNO Y CUYA PRIMERA NOVELA (YA ESCRITA POR TANTO) SE TITULA LAS EDADES DEL VIENTO, DONDE UNO DE LOS PERSONAJES ES ANTONIO MACHADO. ESTA NOVELA SE PUBLICARÁ A FINALES DE AÑO O PRINCIPIOS DEL 2018.

MACHADO, COMO RECIENTEMENTE HA ANALIZADO MORALES LOMAS EN EL INSTITUTO ANTONIO MACHADO DE SORIA JUNTO A PRIETO DE PAULA Y ARACELI IRAVEDRA, ES EL POETA ESPAÑOL MÁS IMPORTANTE DEL SIGLO XX (LO DIJO ÁNGEL GONZÁLEZ) Y EL ESCRITOR QUE HA TENIDO UN MAYOR NÚMERO DE ESCRITORES/AS SEGUIDORES DURANTE EL SIGLO XX.

ESTE ENSAYO ESTÁ PREVISTO QUE SE PRESENTE EN:
MADRID. EN EL CAFÉ COMERCIAL. LUGAR EMBLEMÁTICO DE LA GLORIETA DE BILBAO DONDE MACHADO FUE ASIDUO.
MÁLAGA. EN EL CAL.
GRANADA.
SEVILLA. LIBRERÍA ANTONIO MACHADO.








domingo, 7 de mayo de 2017

LOS FINALISTAS DEL PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2017 POR F. MORALES LOMAS







REFLEXIONES Y APROXIMACIONES A LOS FINALISTAS EN POESÍA DEL PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2017

F. MORALES LOMAS

Presidente de la Asociación Andaluza
de Escritores y Críticos Literarios

Son ya veintitrés años de existencia de este premio que hasta el momento actual goza de gran prestigio en las letras andaluzas puesto que lo conceden compañeros/as de profesión (profesores de universidad, escritores/as, críticos literarios, periodistas…) que no valoran otra cosa que el texto literario y no conceden otro galardón que el reconocimiento y unas esculturas de la escultora cordobesa Marta Campos. 

Las obras finalistas durante el año 2017, sobre libros publicados en 2016, son las que a continuación vamos a comentar brevemente con objeto de que el lector conozca su existencia y valía. 

Como todos saben, en esta XXIII edición, la obra ganadora ha sido HORIZONTE INTERIOR DE JUVENAL SOTO, EDICIONES DAURO, GRANADA.
 




Horizonte interior de Juvenal Soto, Ediciones Dauro.
Horizonte interior no es solo un libro sobre la subjetividad lírica sino que alcanza el ámbito de los mitos y la conformación de una visión de la realidad en la que se conjugan la literatura con la vida en una aleación sugestiva que conforma una obra de enormes lecturas, con una síntesis en el lenguaje extraído de diversos géneros. 
Un eclecticismo de géneros que conforma otro vital desde ese el inicio: “La vida, no él, es una impostura”. 
El verso medido, rítmico en su estructura endecasilábica, se pronuncia desde esa especie de invocación inicial hasta la profunda aclimatación en los sueños y en la metaliteratura como horizonte de esa creación. 
La reflexión constante sobre la obra literaria (“El libro es un bosque de una selva provista por todos los libros”) nos advierte que en esta obra se recoge toda una tradición y una mitología personal que nos ayuda a satisfacer su propio mundo poético, en el que se opera una suerte de historia interna en prosa que corre pareja a la poética, en una sinopsis muy de agradecer donde surge la infancia, la familia, las lecturas, el amor, el sexo y el tiempo adormecido o encrespado, y donde hay también una invariable reflexión sobre los efectos de este en el hombre, al mismo tiempo que se introducen reflexiones sobre textos literarios, por ejemplo, Vida de un escritor de Gay Talese, o escribe un soneto sobre octubre en Ibiza donde realiza comentarios en una nota de página. 
Es un libro bastante rico en su ordenación donde el escritor ha rehuido de lenguajes trillados y lugares comunes apostando por el vanguardismo y el experimentalismo como camino adecuado, sin olvidar ese componente lectural y el homenaje a escritores como Kavafis, Chéjov, Nabokov, Gorki… A veces el lector puede encontrar también microrrelatos, como “Lolita o el vuelo del ardor”. En otros momentos son los sueños, como “Ne touchez pas les rêves”, los que se apoderan del texto en donde se produce ese arbitrio de ricos/pobres: “Un arbitrio impone el tirano letargo de los poderosos”, que nos lleva a la reflexión sobre el tema de la felicidad y las clases sociales como paradigma muy de actualidad.
Clásico y vanguardista, eclecticismo, mezcla de géneros… bucean en el significante pero en el significado es un libro que va desde la memoria hasta la querencia en su sentido más amplio, ofreciendo ese camino sentimental que, como a imitación de Kavafis, ofrece en el poema que comienza “Volveré a Ítaca, abrazaré a mi mujer”. En el último soneto, a modo de conclusión la vida está muy presente, en su plenitud y también en sus derrotas o ensoñaciones.


El ciclo de la evaporación de Álvaro García, Ed. Pretextos.
Es una continuación estilística y rítmica de libros anteriores en prosa poética en la que cuenta una historia de amor que sólo se revela realmente al final, en los versos últimos. Los versos, siguiendo el decurso de un monólogo interior, van componiendo un estado de conciencia a través de una sintaxis yuxtapuesta y situaciones que se van engarzando ligeramente como si fuera una especie de malla vital. A medida que construye su vivencia personal y amorosa también cimenta una época con tendencia a lo metafórico y simbólico. Lo divide en cuatro bloques y creemos que estaría adscrito a la estética del fragmento y a una cierta neometafísica lírica.
A través de los endecasílabos blancos analiza la realidad, reflexiona sobre el hecho vital a través de una acumulación de sensaciones e intuiciones, pero, al mismo tiempo, saltando de una a otra idea y tratando por momentos de crear un discurso axiomático con frases directas que se sostienen sobre recursos como el símil, la antítesis o los tópicos verbales, con un lenguaje profundamente exigente y una búsqueda poética expresiva que permite una alegorización de raigambre manriqueña por momentos, y que abunda en una retórica centrada en el decurso vital y la búsqueda de lo metafórico,  creando una semántica temporal en un fluir constante de conciencia.
A veces la música, recurriendo a Verlaine, brota con fuerza tanto como la búsqueda y un cierto nihilismo consciente, donde paradigmas como vida/muerte se encuentran muy presentes, y la recurrencia a los cuatro elementos de la física presocrática y la presencia del ser en su plenitud metafórica: el desajuste vital, la eternidad, el tiempo, la antítesis vida/muerte… en esa visión del mundo sobre el agua (vuelta a Manrique) y la síntesis simbólica en la música. Siendo el amor y la conciencia elementos que nos salvan de la muerte, en ese juego de contrastes y profundas reflexiones en las que el fundamento solar es permanente, así como una notificación de la existencia de raigambre metafísica en la que los homenajes (a Bowles, Verlaine, Manrique…) surgen por doquier.
La metaliteratura también tiene su espacio y la reflexión sobre la vida como palabra, viaje… visiones oníricas cercanas a lo surreal que bucean en ese tiempo amoroso (“El amor y la música –dice en uno de sus versos- reordenan el mundo/ mientras parece que lo desordenan”). Un lenguaje que disfruta de la abstracción, el erotismo y el concepto de identidad donde el tú y yo como relevancia última parece que le dan sentido a esa revolución individual del poeta. Un libro muy bien escrito.


Balada en la muerte de la poesía de Luis García Montero, Ed. Visor.
En los 22 poemas en prosa García Montero conforma un libro desmitificador, pesimista, nihilista, vanguardista, homenaje al tiempo como rémora y una larga conquista para la muerte.
Es como un largo lamento en el que desde el principio hay un juego metafórico en torno al concepto “la muerte de la poesía”.
La violencia doméstica, el homenaje a los poetas queridos (Szymborska, Alberti, Manrique o Baudelaire), la búsqueda muy en la línea de Gómez de la Serna (de la relevancia expresiva cercana a un vanguardismo definitorio) lo acerca a la necesidad de la búsqueda de lo ingenioso-literario, como si pretendiera ir por derroteros no hollados en la conformación de su espacio literario, muy distinto a esa poesía de la experiencia de antaño, aunque es verdad que siempre le ha gustado al escritor granadino ese acercamiento a la vanguardia en la búsqueda de nuevas expresividades.
Hay también mucho de ensayo y de reflexión moralizadora pesimista y de búsqueda de un nuevo decurso poético-narrativo-reflexivo.
La experiencia y sus desgastes puede ser un buen motivo para la reflexión o los homenajes a ciudades, así como la caída en una inseguridad vital frente a la seguridad de antaño, con un deje de agotamiento en el que lo temporal-finito está muy presente en una especie de duelo personal con el que quiere definir el nuevo sentido que debe poseer la palabra poética.
Y en ese decurso la reiteración en torno a la muerte de la poesía es constante, casi como un emblema que actúa contra ese paso del tiempo: “La poesía está muerta, la historia se deshace en las desinfectadas órdenes de la biología”.
Es un libro donde el símbolo de raíz baudelairiana tiene mucha presencia tanto como las indagaciones expresivas y la interconexión de géneros, pues lo ensayístico y prosaico está muy presente tanto como una cierta contrariedad o desencanto ante el frío de esa muerte de la poesía en el que la vanguardia está muy presente: “Un vanguardista me dice al oído que todo entierro sucede como una sesión fotográfica”.
Desmitificación y pesar forman parte de sus señas de identidad.


El mundo se derrumba y tú escribes poemas de Juan Cobos Wilkins, Editorial Fundación José Manuel Lara.
Existe mucho de pérdida y destrucción en este libro profundamente pesimista.  Abundan las definiciones metafóricas sobre su mundo propio y también ese mundo del que se siente rodeado, siempre con lucidez y compromiso emotivo y sentimental.
Procura una definición de sí y de su existencia que nace mucho de los recuerdos, de los deseos y de los resultados obtenidos, lo que se pensaba que podría ocurrir y lo que ocurrió realmente, con un deje de desengaño. Surgen experiencias graves y fuertes, e imágenes terribles como la de la joven del Nevado del Ruiz en Colombia. El paso del tiempo está muy presente tanto como la transformación de su realidad amenazada en una especie de equilibrio/desequilibrio existencial en el que se siente huérfano y en el que está haciendo una especie de inventario de derrotas: “La vida ya en despiece./ Las ausencias./ Las pérdida”.
La soledad, la incertidumbre, la desolación, la transformación negativa, el tiempo en permanente zozobra son temas que le preocupan especialmente y sobre los que trata de conformar una visión metafórica y expresiva llena de sinceridad poética en una línea de autenticidad buscada.
Ese concepto vital (en ocasiones a través de imágenes goyescas negras) es un permanente estado de zozobra que le permite también por momentos desandar el camino y volver a la infancia y a la alegorización de un yo poético en el que siempre está inserto. Pero también mira hacia el otro, existe un compromiso con ese niño o esa niña que sufren, con esa especie de autoinmolación en la que todos andamos instalados: “Morir y no/ te sigue estremeciendo/ igual que la fecundidad de la tristeza”.
Mucho de mundo perdido y que ahora con la palabra se trata de recuperar como una inmensa elegía alegórica en la que está presente la búsqueda expresiva.


Tiempo de charol de Albert Torés, Ayuntamiento de Talavera de la Reina.
Existe una voluntad lingüística expresiva y pródiga desde el principio en este poemario donde está tan presente la causa de la existencia y la pasión amorosa.
A través de un lenguaje donde la ruptura sintáctica propicia estados de conciencia autónomos y aislados hay un vocativo desde la iniciación que conforma ese diálogo poético estructural donde “ella” concita la filogénesis creadora: “Estás ahí con los brazos cruzados,/ pero no estás. Eres otra”.
A través de la ironía, el sarcasmo, la degradación, la metaforización, la simbolización… y todo un conjunto de recursos estructurales va conformando esta historia amorosa desmitificadora donde los grandes poetas amorosos han servido de resorte fundamental para su ordenación.
Hay una sentimentalidad y emotividad que llega desde un neorromanticismo cautivador sonoro: “La mañana comienza con tu voz” o “En febrero los mares renacen con tus ojos”, son ejemplos que conmueven y anuncian esa historia personal y amorosa donde todos los iconos se dan citan para ofrecer un culto a la palabra, también desde lo vanguardista, con una prosa poética que es recurrente en muchos poetas de estos años.
El paso de las cosas, la definición de la amada, la consistencia o no de la existencia, su pensar o temblor, la concentración de lo conceptual en aras de crear en el poema una nueva visión nos conducen a una definición permanente de la amada en la que excita su apasionado amor: “En estas tardes de diciembre pienso en la vida con forma de mujer”.
La rubia del texto anuncia un tiempo nuevo, una impronta en la mirada, una nueva forma de conducir lo expresivo y vital, lo corpóreo, y en el que la presencia de la música, como Verlaine (y su formación francesa se evidencia), es constante tanto como la perfecta organización de una trama amorosa de gran sentido estético y vital: “Hubiese querido morir en tus brazos”.
Es una poesía para transitar por el mundo con convencimiento, con paso seguro, cercano al deseo, lejos del dolor que le permite también dar consejos amorosos y definir la vida como “deseo ante todo”. Libro ecléctico y apasionado.



Ajuste de cuentas de Francisco Domene, Ed. Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes.
Domene en este poemario se centra en la cotidianidad y el tiempo para desde una horma desmitificadora conducirnos por los peajes que esta va creando a lo largo de nuestra existencia. Se trata de una realidad conformada por un lenguaje directo y en ocasiones irónico donde la gravedad de las propuestas en ocasiones trascendentaliza la visión poética: “La vida se te vino encima cálida/ y bronca como/ varahada de carne cruda”. 
Pero en otras ocasiones esta trata de vestirse de un lenguaje metafórico donde el símil también posee su espacio expresivo. El sarcasmo puede adueñarse de muchas singladuras, como el ser de la escritura o lo que somos, tanto como las referencias antisentimentales que lo van cargando progresivamente de un nihilismo crítico ante una realidad que no soporta y contra la que se rebela: “Mundo/ detenido, sin eco, que existe, existe, existe,/ como el frío que duele”.
Su compromiso se enciende con versos que nos recuerdan al Antonio Machado más comprometido del que persiste esa aclimatación en lo temporal como recurso muy presente (“Tiempo y modo en mí mismo”, dirá en uno de sus versos).
Cierta desesperación va avanzando a medida que el poemario nos acerca al final en sus “Poemas con hambre”, que anuncian a un poeta que siente en profundidad las conductas humanas y la degradación  sobre ese fondo de ruinas y mentiras y que, a pesar de todo, sigue caminando como ese buen Machado, oyendo el paso del tiempo, sus ruinas, desesperanzas y ambiciones.


Blanco en lo Blanco de Adrián González da Costa, El Desvelo Ediciones.
En esta obra Gónzalez da Costa apuesta por el soneto como horma del significado, del que demuestra un buen manejo en esa línea que nos llega desde que el marqués de Santillana nos lo hiciera llegar con sus Sonetos al itálico modo.
La cotidianidad está también presente en esta obra desde sus primeros endecasílabos tanto como el paso del tiempo: “Todas tus horas saben a lo mismo”.
Existe una enorme prodigalidad en la creación poética y un buen número de imágenes que revelan la presencia de un buen discurso poético donde el poeta se afana en temáticas vitales como el recurso a la infancia, el perro de la cuneta, el sentido de pérdida, la presencia en el campo, la brillante humedad marina, pero también cualquier acto de la cotidianidad como un simple fregar o el apoyar la cabeza en la almohada…
Son imágenes que en cada soneto trata de capturar con la habilidad expresiva natural que posee y también con el artificio (en literatura todo lo es) de las buenas lecturas.
Cierta distancia existe pero también una vitalidad asumida. Situaciones todas que van enhebrando un mundo preciso de contraluces, de cuerpos que se unen a esta corriente donde la memoria posee también una impronta precisa: “Lo aprendí de niño de mi abuelo”.
Es una presencia de lo natural y casi espontáneo que tiene la existencia, sin estridencias, sin tonos grandilocuentes, procurando expresar con precisión cada detalle en esos “Rojos los labios” o en el “cuerpo mortal”.
Es una literatura que avanza con la solemnidad del endecasílabo sin estridencias, con una metaforización propicia y una síntesis entre lo emotivo y lo vital.


Dióxido de carbono de Juan José Vélez Otero, Valparaíso Ediciones.
Desde los primeros poemas se percibe un tono muy machadiano que nos habla de sueños que pretenden ser levantados y de la situación personal de un poeta en el túnel de la historia personal que bucea en la identidad y trata de conformar la sensación del estar vivos, con un lenguaje directo en el que la palabra más pronunciada es tiempo.
El recordatorio de la infancia, los ciclos vitales, amores, tardes frías y pardas… son atendidos a través de un lenguaje emotivo, del hombre que ha ido quemando años  y se agita en una permanente reflexión con cierto deje nostálgico por el que se escapan también los homenajes a los muertos y el decurso temporal.
Es un poesía sin estridencias que trata de reconquistar el tiempo vivido, la memoria, y acercárnosla de nuevo con un tono confidencial en el que se delimitan personajes, como Toribio, o el cine de barrio: “Te gustaba ir al cine de aquel barrio/ y regresar después herido y turbio”. Los viajes ocupan una buena parte del poemario pero, sobre todo, los viajes interiores y los viajes memoriales transigidos también por la infancia, el pueblo o el currículum personal. Una lírica para satisfacer la crónica de sí mismo en un tiempo vivido que bucea en la singladura de una identidad propicia que se va ajustando a una despedida: “Ahora sé que al final éramos agua,/ sólo agua,/ solitaria fórmula tangible y oceánica,/ agua y sueño,/ tiempo,/ el azar sutil que nos mantuvo vivos”.


Las proximidades de Concha García, Editorial Calambur.
Es un libro original donde la escritora parte de su presencia diaria en medio de la naturaleza y construye a través de una aleación con ella un proceso de contenido vital donde el paso del tiempo permanece consistente y determinante.
La construcción del poema se ciñe a la concisión máxima y la contención expresiva, encerrándose a veces en imágenes surreales y siempre en simbologías de carácter sutilmente alegorizador que aspiran a acceder, desde la contención, al flujo vital.
Lo cotidiano y la memoria se citan de consuno: “Frecuente es/ hay recuerdos/ que se desapegan/ de ti, estiran del tiempo su modelo”.
Es este en el que bucea la escritora cordobesa afincada en Cataluña donde lo cotidiano poemático siempre posee la esencialización de la ironía.
Es una lírica que explora en lo profundo que encerramos, en el ser en sí, y se tiene la percepción de que el paso del tiempo cambia poco las cosas. Indeterminado en diversos momentos con tendencia a una abstracción que nos permite penetrar  en la naturaleza y sus antítesis y la presencia de los demás en nosotros en ese recorrido por el “Almacén del tiempo”.
El ciclo vital, la naturaleza de lo nuevo, el tiempo vacío, la casa, el crecimiento personal: “Los frutos aún/ están maduros/ paso por delante/ el olor de mis dedos/ recorriendo su piel/ el sol se levanta/ quieto el horizonte/ surge el bosque”.
Lo que hacemos y el espacio para el nacimiento, la mudanza y la ausencia de cambios para permanecer hieráticos en medio de esta cercana soledad que nos permite una búsqueda de sentido al todo.


Vértices de Francisco Onieva, Editorial Visor.
La paternidad tiene mucho que decir en este poemario ahíto del plano existencial a partir de esa imagen inicial de una niña en el bosque y la incertidumbre como reclamo para estar en el abismo o la pequeñez de sentirse definido desde la asociación de intuiciones desordenadas que buscan la identidad precisa, unas veces en forma de experiencia cercana, la hija y la alquimia de la vida o acaso su definición primera.
Onieva se adentra en ese ámbito familiar para contarnos con sencillez situaciones de la vida cotidiana: un profesor que entra en el aula (puede ser él mismo), las sensaciones vitales, los pequeños gestos que nos van conformando como lo que somos, una acumulación de vivencias, reflexiones y afectos en los que constantemente intentamos definirnos y definir con dificultad la realidad que habitamos.
La presencia de la amada puede ser un buen reclamo poético con la inmersión en el espacio doméstico, que va y viene reiteradamente persiguiéndose a sí mismo, a través de escenarios que son o no nuestros, de los que nos apoderamos para atender al pensamiento oportuno o al símbolo preciso que nos defina: “La lluvia escribe los recuerdos”.
Uno de los poemas, homónimo del título del libro, nos recuerda a Claudio Rodríguez y, en su poética, se define con la intención de crear “un puñado de mi tierra primera/ para mezclarlo con la nueva./ La mezcla es mi ámbito/ y con vosotras crezco en él”.
Una poesía sencilla, disciplinada, sin ínfulas, que pretende desde la normalidad del ciudadano expresar su mundo, su desván personal de recuerdos y vivencias, y llevarlo al lector con la vocación de la confidencia: “Escribir es dudar. Es deambular  a ciegas/ por una casa que se vuelve bosque,  perderse/ en su proximidad y su distancia”.
Una lírica que alcanza en algunos poemas, “Sintaxis de lo inédito”, una experiencia vital extraordinaria, y rememora el nombre de las cosas, esa necesidad que tenemos de nombrarlas y alcanzar la certidumbre de ese mundo incierto donde vivimos. Una palabra esta que llena todo el poema, como queriendo formar parte de ese grupo poético de moda.





La creación literaria y el escritor

La creación literaria y el escritor
El creador de libros, pintura de José Boyano