lunes, 10 de octubre de 2011

IMÁGENES DE LA PRESENTACIÓN DE JORGE LUIS BORGES, LA INFAMIA COMO SINFONÍA ESTÉTICA DE F. MORALES LOMAS

F. MORALES LOMAS Y JORGE LUIS BORGES, LA INFAMIA COMO SINFONÍA ESTÉTICA
PRESENTACIÓN EN MÁLAGA, DÍA 6 DE OCTUBRE DE 2011





A. GARCÍA VELASCO, PRESENTADOR DE LA OBRA, Y F. MORALES LOMAS, AUTOR DE LA MISMA



LA FUENTE ES DIARIOLATORRE.ES

FIRMA DE EJEMPLARES DEL LIBRO

ASISTENTES A LA PRESENTACIÓN




ASISTENTES A LA PRESENTACIÓN




C. BENÍTEZ VILLODRES, J. GARCÍA PÉREZ Y ANTONIO J. QUESADA
DURANTE LA PRESENTACIÓN

viernes, 2 de septiembre de 2011

NUEVO LIBRO DE MORALES LOMAS SOBRE BORGES




JORGE LUIS BORGES, LA INFAMIA COMO SINFONÍA ESTÉTICA

DE FRANCISCO MORALES LOMAS,

EDICIONES CARENA, BARCELONA, 2011, 300 PÁGS.

Será presentado en Málaga el jueves 6 de octubre a las 20:00 h. en la librería CinchoEchegaray por el escritor y profesor titular de la Universidad de Málaga, Antonio García Velasco.


Borges es un escritor universal. Su obra abarca lo oriental y lo occidental, lo cristiano y lo musulmán pero también un nuevo concepto de la realidad y de lo mágico. Su figura se agranda con el tiempo tanto que es necesaria su revisión constantemente y su consideración como uno de los grandes escritores en español del siglo XX. El escritor y profesor Morales Lomas ha querido adentrarse en los mecanismos que conforman su capacidad creativa a través de “Jorge Luis Borges, la infamia como sinfonía estética”, con la que ha querido revelar un mundo preciso desde su obra inicial, cuando la lectura llevada a la obra propia alcanzaba un valor literario en sí mismo. Metaficción, metaliteratura, creación de mundos cabales de gran capacidad artística y, sobre todo, organización de una narrativa tan original y personal como pocos escritores en la historia de la literatura.



Morales Lomas

(Fragmento del Prólogo)

El principio que sostiene la literatura borgeana es que «la literatura no es otra cosa que un sueño dirigido». La ficción estética y sus galanes procesos nacen y crecen en los sueños, como la existencia de los seres humanos en la imaginación de Dios y de Lucifer. Así lo declara en el Prólogo de El informe Brodie (1970), donde realiza un análisis epilogal y expresivo de su estética literaria y, entre otras cosas, observa que con sus cuentos no pretendió sino distraer y conmover. Creo que estos dos principios, que suscriben muchos escritores entre los que me encuentro, son inherentes al hecho literario, lejos de esa dimensión estética y ética que igualmente posee, al menos para el que esto subscribe. También nos afirma Borges que pocos han sido los argumentos que le han hostigado a lo largo del tiempo y, en consecuencia, se autodefine como un escritor monótono temáticamente. Y siempre ha preferido en su obra «la preparación de una expectativa o la de un asombro» y no las sorpresas del estilo barroco o las que deparan un final imprevisto. Se define lingüísticamente en la indefinición porque nunca ha pretendido concentrar su obra en lo que dicen los diccionarios a los que considera reductores de la realidad. Pero, sobre todo, se ha dejado llevar en la construcción por el principio absoluto de la libertad, de ahí el situar sus obras en lugares lejanos al momento en que escribe que impidan los límites espaciales tanto como la relación sentimental con la causa-efecto.
En consecuencia, sus principios rectores son:
1) El escritor debe elaborar su obra en plena libertad creativa.
2) La literatura debe distraer, entretener o divertir al lector.
3) La literatura debe conmover, emocionar, impresionar al lector.
4) La literatura debe crear expectativas y asombro en el lector.
5) La literatura debe abarcar la lengua en su más elevada dimensión.

sábado, 2 de julio de 2011

LA POESÍA COMPLETA DE J. HILARIO TUNDIDOR POR MORALES LOMAS




(Este texto que tiene ante sus ojos el lector/a es un extracto de un amplio estudio sobre la obra completa del poeta zamorano Jesús Hilario Tundidor que se publicará próximamente en una revista literaria. En su momento pondremos la referencia donde el lector podrá satisfacer cumplidamente su curiosidad una vez que se publique)



Hace unos meses la Editorial Calambur publicó Un único día[1] del escritor zamorano Jesús Hilario Tundidor, obra en dos volúmenes y cerca de mil páginas que se considera hasta ahora su obra completa:

Sus dos partes –dice el poeta- formarán una entidad única, organizada, que ofrece mi visión personal del mundo, mi reflexión sobre la vida que viví y mi esfuerzo por clarificar la emoción del conocimiento que me produjo el acontecer, sus circunstancias y sus experiencias.[2]

Hilario Tundidor es uno de los más conspicuos miembros de la generación del 60, lo que en algunos estudios he dado en llamar Poetas del 60. Una promoción entre paréntesis[3], y a la que pertenecerían, entre otros, Antonio Hernández, Diego Jesús Jiménez, Joaquín Benito de Lucas, Francisca Aguirre, Ángel García López…
Un grupo poético anterior a los Novísimos y al que estos, quizá por azares de la mercadotecnia de Castellet y el grupo catalán, despojaron del protagonismo que se merecían. No obstante, aunque lentamente y de la mano de ensayistas y críticos como Gonzalo Santonja, Francisco J. Peñas-Bermejo, Manuel Rico, Pilar Palomo, L. García Jambrina, Antonio Domínguez Rey, Miguel Galanes, Alberto Torés, y yo mismo… se está ubicando a este grupo en el lugar histórico que se merece y se le está devolviendo el protagonismo cultural y social que ha tenido, aunque es evidente que se necesita de estudios de conjunto necesarios –en uno de ellos estamos inmersos- que hagan definitiva esa imagen pública. Algo similar sucedió en su momento con el Grupo Cántico de Córdoba (y su máximo representante, P. García Baena) cuya ubicación en los manuales de literatura como excelente grupo poético ha sido relativamente reciente, gracias fundamentalmente a los estudios de G. Carnero.
La publicación última de la obra completa de algunos poetas de este grupo como Ángel García López, Antonio Hernández, Joaquín Benito de Lucas y ahora J. Hilario Tundidor contribuirá sin duda a ello.


Volumen 1 Borracho en los propileos

La poesía de Hilario Tundidor es personal y original. Tiene un estilo propio, una marca indeleble que concita la nutrición del mundo, del hecho de vivir y del camino y la jornada con un lenguaje creador aunque inserto en una tradición literaria que llega desde Jorge Manrique y el Renacimiento. Posee una voz propia, rotunda, castellana aunque también en ella existen efluvios del Sur, vía JRJ básicamente. Para Hilario Tundidor la poesía es “inteligencia, emoción, intuición y lenguaje”. ¡Cuántas resonancias de Juan Ramón Jiménez! Y esto le permitirá, como en su momento al poeta de Moguer, relacionar inteligencia y poesía, pero en el caso de Hilario Tundidor con una variante manifiesta de la libertad y sus correlatos jugando a la síntesis: “Sólo tú inteligencia, puedes darnos el nombre: Poesía, oh, libertad, oh libertad inmensa”. Y, en esa dinámica creadora, es el signo lingüístico, la palabra (“ácido código”, “inhóspita soledad, cauce imposible de la forma seca) quien funde y dilata el poema, desvelando y ordenando la realidad: “la realidad real que cerca al hombre y que nunca podremos establecer definitiva en el conocimiento”.

Aunque dividido en dos volúmenes, Un único día ha sido concebido con una voluntad esencial y unitaria, de circularidad, por cuanto Hilario Tundidor ha optado por darle sentido al conjunto desde la ordenación sistémica del mismo en dos grandes apartados que llevan al final un colofón (el poema último) a modo de cierre; pero también por las palabras de la “Addenda” en la que el poeta explica la razón de ser de Un único día como una síntesis entre un intento por comprender el mundo y su luminosidad junto al encuentro del ser en una dialéctica profundamente conmovedora. La ensayista Giuliana Baita hablaba también de dos épocas en su obra: “El vivir y su entorno” para los libros de la primera época y “La poesía ontológica”, para la segunda. En la primera habría una visión existencial máxima, una inmediatez geográfica emocional de implicaciones personales y reflexiones críticas de carácter testimonial que trascienden la objetivación específica: “En esos reflejos mi tono poético nunca ha sido, plenamente, ni testimonial ni crítico hasta ahora, sino reflexivo”[4].
La unidad del libro, salvo Pasiono, no se presenta en aspectos argumentales temáticos sino emocionales. En la segunda, cada libro, “refiriéndome exclusivamente a la construcción formal ofrece una estructura orgánica de argumento unitario, bien en su totalidad (Libro de amor para Salónica, Mausoleo, Construcción de la rosa) bien en cada una de sus partes (Repaso de un tiempo inútil, Tejedora de azar y el mismo Tetraedro)”[5]. Pero esta elaboración en dos apartados, desde el punto de vista crítico, no debe verse como compartimentos estancos tal como ha dicho la crítica:

No se trata, pese a lo que podría pensarse, de bloques estancos, cerrados en sí mismos, sino que, aunque existan similitudes y diferencias que permitan realizar la división entre ambos conjuntos (por ejemplo, la unidad orgánica y temática de los segundos, frente a una unidad lograda por cierto tono general en los primeros), la obra de Tundidor, puede ser valorada, según expresión de Miguel Casado, como "un continuo", que asienta su trabazón orgánica en la dinámica desarrollada, a lo largo del recorrido creador, por la adopción de posturas sucesivas, pero a la vez superpuestas, que podríamos resumir mediante el triple calificativo: EXISTENCIAL- EMOCIONAL-ESENCIAL. Este trinomio funcionará como eje conductor de una poesía que se debatirá en un primer momento dentro de una preocupación existencialista y social, para más adelante, centrarse en la reflexión sobre el conocimiento, en una epistemología.[6]

En el primer volumen, que lleva por título Borracho en los propileos (1960-1978), reúne los siguientes libros: Río oscuro (1960), Junto a mi silencio (1963), Las hoces y los días (1966), Voz baja (1969), Pasiono (1972) y Tetraedro (1978). Expone Hilario Tundidor las razones de este título de Borracho en los propileos:

El argumento general de este poema globaliza las connotaciones de la búsqueda de conocimiento y la luz en la emoción de la escritura poética (…) La materia fundamental unitiva, organizante del libro, es la emoción existencial y sentimental del individuo ante la existencia y lo consuetudinario.[7]





Volumen 2 Repaso de un tiempo inmóvil

El segundo volumen de su poesía, titulado Repaso de un tiempo inmóvil (1980-2008), se compone de los siguientes títulos: Libro del amor para Salónica (1980), Repaso de un tiempo inmóvil (1982), Construcción de la rosa (1990), Tejedora del azar (1995) y Las llaves del reino (2000).

[1] Hilario Tundidor, J.: Un único día, Madrid, Calambur, 2010.
[2] Hilario Tundidor, J.: “Addenda” en Un único día, op. cit., p. 416.
[3] Morales Lomas, F.: “Promociones y grupos poéticos” en Travesías de las lírica española, Centro de Ediciones de la Diputación, Málaga, 2006, pp 309-331 y también en mi estudio “Poetas del 60 (Una promoción entre paréntesis)”, Canente (2ª época), núm. 1, Málaga, 2001, pp. 259-300.

[4] Artuñano, G.: “Dos entrevistas fundamentales”, ABC Castilla y León, 23 de enero de 2000.
[5] Ibidem.
[6] Hilario Silva, P. y Crespo Massieu, A.: “Apasionar la inteligencia: un recorrido por las claves poéticas de Jesús Hilario Tundidor” en La Pasión por reconocerse. La poesía de Jesús Hilario Tundidor (Ed. de Baita, Giuliana, traducción de la autora con revisión de Pedro Hilario Silva y Prólogo del mismo y Antonio Crespo Massieu). Valladolid, Ediciones de la Academia Castellano–Leonesa de Poesía. 2002.
[7] Rodríguez Muñoz, P.: “Enclaverevista analiza Un único día, toda la poesía de Tundidor”, [en línea], dirección URL:< http://www.enclaverevista.com/libros/articulo.php?id_articulo=795> (Consultado el día 11 de junio de 2011).

jueves, 30 de junio de 2011

Algunas reflexiones sobre la poesía de Rafael Guillén, Premio Nacional de Literatura, por Morales Lomas


Recientemente, he llevado a cabo la edición, selección y estudio crítico (ochenta y seis páginas donde analizo la obra) de Ser un instante (Antología poética 1956-2010) del poeta granadino Rafael Guillén, Premio Nacional de Literatura en 1994 y uno de los autores vivos más importantes del panorama actual de la literatura española. La publicación ha sido llevada a cabo en un bello volumen de cuatrocientas cuarenta y tres páginas por la Fundación Unicaja, dentro de la colección Clásicos Contemporáneos de Poesía que coordina J. García Pérez.

Rafael Guillén nació en la calle San Juan de Dios, esquina a Cardenal Mendoza, el año 1933. A los dos años muere el padre. Después llegará una dura posguerra en la que cursará estudios elementales en el Seminario de S. Cecilio, dirigido por los Jesuitas, y realiza diversas ocupaciones para ayudar a la familia. Asiste más tarde como libre oyente al Instituto Padre Suárez y después se matricula en la Escuela de Comercio, ingresando en el Banco Hispano Americano.
En 1953 funda con José G. Ladrón de Guevara, Elena Martín Vivaldi, Julio Alfredo Egea, José Carlos Gallardo, Miguel Ruiz del Castillo y otros poetas el grupo "Versos al aire libre”, un grupo que rompió el silencio tras el asesinato de García Lorca. Conoció a Blas de Otero con motivo de su servicio militar y fundó y dirigió, junto con José G. Ladrón de Guevara, la colección de libros Veleta al Sur, única manifestación poética en Granada desde 1957 hasta 1966.
En 1962 colabora con Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Félix Grande y Jaime Ferrán, en el nº 1 de la rev. "La Trinchera", dirigida en Sevilla por José Batlló. Y en 1963 consiguió el Premio Internacional del Círculo de Escritores Iberoamericanos de Nueva York al que se unirá desde entonces un largo etcétera de reconocimientos como el Premio Leopoldo Panero, el Boscán… hasta llegar al Premio Nacional de Literatura en 1994, premio que hasta entonces sólo había recaído en un granadino, Luis Rosales, en 1951.
Posee la Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de Granada y es miembro de la Academia de Buenas Letras, también de Granada, en cuya creación ha participado.
Poemas y artículos suyos han sido traducidos a numerosos idiomas. La Editorial Northwestern University Press, de Evanston, Il. (USA) ha publicado en 2001, con el título I´m Speaking, una antología de su obra, en edición bilingüe, con traducción al inglés de Sandy McKinney.
En la Historia Crítica de la Literatura Hispánica la catedrática Pilar Palomo lo estudia en el epígrafe "Poetas de los 50"; y se le consideraba como a "uno de los mejores poetas actuales".
Pilar Gómez Bedate en la Historia de la Literatura Española (Cátedra), Elena Barroso en Poesía Andaluza de hoy (1950-1990) (Biblioteca de la Cultura Andaluza) y Angel L. Prieto de Paula en Poetas españoles de los cincuenta (Biblioteca Hispánica, de Ediciones Colegio de España, Salamanca), entre otros autores, lo incluyen igualmente entre los más importantes autores de su generación.

Rafael es el caso significativo del escritor fiel a sí mismo y a su modo de ser y estar en el mundo. Siendo su lírica uno de los acontecimientos poéticos más importantes de los últimos años.
Su lenguaje del sur ha enriquecido la lírica española a la que ha dotado de una profundidad en lo esencial, en el núcleo de los temas que han preocupado históricamente al ser humano: el amor, el tiempo, la materia, el sentido de la existencia, nuestra necesidad de conocimiento y nuestra soledad ante los avatares del mundo, con esa duda metódica que aspira a la esperanza.
Su profunda reflexión de todo ello conlleva la emoción sublime de la palabra poética.
Hay poetas que organizan, sistematizan, crean pero son contenidos en la conmoción lírica, romos en sus esencias de humanidad conquistada.
No lo es Rafael Guillén, en el que impera el sentido de la excitación poética y acude al lector como su mejor y más conmovido intermediario.
Un aliento poético creador que tanto se aprecia en los temas amorosos, metafísicos, sociales o puramente testimoniales… inmersos en las cosas cotidianas.
Hay una profunda reflexión neorromántica también en torno al ser humano y una apreciable conquista del terreno cuántico del hecho lírico.
Pero su poesía está originada en el clasicismo español, se adentra en él y lo perfecciona para después seguir sus propios derroteros líricos al imbuirse del sentido último que posee la realidad y la inmersión en ella del ser humano. De ahí también una poesía profundamente humanista y esencialmente solidaria con la que pretende crear una metáfora del mundo.
Su independencia artística, su voluntad de creación personal, le ha hecho conformarse como un escritor con su propio camino, al entender la poesía como una forma de ser y como una forma de sentido de la existencia. Un personal estado de palabra a través del que ha querido llegar a la transparencia del mundo, su comprensión última, y conquistar las grandes respuestas cuando todo eran/son preguntas.
Una poesía que sorprende, sugerente y seductora, que trata de iluminar las últimas verdades del ser humano a través de la búsqueda y la interpretación intuida.
Presentación de Ser un instante: J. García Pérez, Mariano Vergara, Rafael Guillén y Morales Lomas




La conciencia poética y la voluntad creadora de la palabra irán de la mano para organizar un sentido del espacio y del tiempo desde la esencia de eso que llamamos humanidad. Y para ello todos los sentidos se necesitan porque hay una singladura en la que entrar y un camino que recorrer, por lo que, a veces, su lírica se proclama desde la perspectiva del homo viator o de un camino de conocimiento. Lo que hace engrandecer una poesía profundamente sensorial y creadoramente reflexiva con la que se aspira a la transparencia, a la luz, a un estado de conciencia con el que superar los límites de nuestra gnosis y de nuestro mundo físico.


Por su parte, Joaquín Marco, en la Historia y Crítica de la Literatura Española (Grijalbo) de Francisco Rico, lo sitúa genéricamente entre los "poetas de postguerra" y Emilio Miró, en la Historia de la Literatura Española (Taurus) coordinada por Díez Borque, entre los que "ocupan un puesto indiscutible en nuestro panorama poético".
Sobre su obra existe una extensa bibliografía que incluye monografías y tesis doctorales.
Todos estos son méritos suficientes para ensalzar una obra sobre la que recientemente he realizado un estudio crítico que conocerán en poco tiempo en el que digo entre otras cosas, que su obra tiene una proyección humana, vitalista, ecuménica y formal sostenida sobre la precisión, el cuidado y la eficacia de la palabra poética que progresivamente van a desarrollar escritores como Caballero Bonald, Claudio Rodríguez o José Ángel Valente.
Rafael Guillén reivindica la palabra como concepto poético y sustenta su visión de la poesía en el macrocosmos de riqueza vital y cultural que es el planeta Tierra, por el que ha viajado con profusión y cuya obra ha visto la luz desde Chile a China o desde África hasta Noruega.
Desde su origen la obra de Rafael Guillén ha seguido un camino personal aunque asentado en esa rica tradición que procede del 27 con la que él conecta directamente. De hecho, Rafael Guillén ha manifestado no sentirse adscrito a ninguna de las promociones de posguerra y sí considerarse contemporáneo de la Generación del 27. Y aunque Guillén llegó a cultivar la lírica social, sin embargo, su obra se diversificó, se fortaleció y amplió por otras sendas mucho más sugerentes y ricas en las que habría que constatar su voluntad de realzar la palabra, el lenguaje, trascendentalizar sus contenidos poéticos y acercarlos a una realidad metafísica y existencial que alcanzará una gran vía en la lírica de José Ángel Valente o la de Francisco Brines en la cavilación elegíaca y melancólica, como ha visto Prieto de Paula.
No es el individuo en cuanto integrante de una entidad social sino el individuo en cuanto ser humano el que realmente le importa. Es la humanidad del ser lo que prima en su obra, su esencia como individuo en libertad, su percepción como persona con unos valores precisos. Por tanto, su poesía más que socializadora (que en determinados momentos puede darse) tiene más una proyección de neorromanticismo humanista con ascendiente universal, concentrado en ocasiones en la trascendencia de los derechos humanos como guía y en la voluntad del poeta de oponer resistencia.
Una poesía siempre abierta a la capacidad de sugerencia de la palabra con la que pretende organizar una particular visión del mundo y de la existencia, pero nunca como proceso de reducción sino de amplificación consciente.
También hay en su obra una especial concepción de lo real que la conecta con las nuevas vertientes del pensamiento que se ha desarrollado con fuerza en los últimos cincuenta años, la lírica cercana a los descubrimientos de la ciencia y de una nueva forma de mirar la realidad. Esta constatación, que tiene que ver mucho con el concepto de estética cuántica y su especial observación del hecho en sí, nos permite adentrarnos por una poesía conceptual que indaga con solvencia en todo aquello que aparentemente no es realidad (una apariencia sensible) pero que lo constatan el pensamiento y los sentidos.

Obras como Los estados transparentes, Los vientos, Límites, Moheda, Mis amados odres viejos, Los dominios del cóndor, Las edades del frío o el ciclo gestos que reúne: El gesto, Gesto Segundo, Tercer Gesto... son ya literatura de un profundo clasicismo en la lírica española contemporánea. Con ellas se capta la emoción que es atendida como una estridencia permanente en la mente y la sensibilidad del lector y conforma una de las obras más seductoras que le ha llevado a decir al catedrático Antonio Sánchez Trigueros estas palabras que comparto:

Poeta de la palabra precisa y de la versatilidad expresiva, poeta de tradición, moderno y vanguardista, distanciado de modas, poeta de la sorpresa en cada rincón del poema, poeta reflexivo, indagador del ser en la palabra, poeta del tiempo como proceso de vida y como proceso de muerte, poeta del amor más allá de la arruga, poeta de la duda, poeta que trastorna, que perturba, poeta solidario, poeta elegíaco, poeta de los vacíos expresivos, de lo perdido y recuperado por la palabra, poeta de la luz, de los sentidos, poeta de los límites, poeta de los mil temas y los mil matices, poeta, en suma (y son palabras suyas) para quien la poesía no es sino una manera de respirar[1].

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[1] A. Sánchez Trigueros, La pluma en el dintel, Universidad de Granada, Granada, 2008.

Mitomanía y realidad de Al-Ándalus en la narrativa de J.M. García Marín por Morales Lomas





José Manuel García Marín


Es necesario el transcurso del tiempo, sucesivos siglos para que la realidad adquiera ensoñaciones diversas y su proceso natural de construcción se sostenga sobre la voluptuosidad de los deseos, sobre la mitomanía de los sueños o sobre la conformación de realidades que se han perdido a medida que la memoria histórica se tergiversa o se arrumba en el moho oscuro de un rincón cualquiera de la tradición.
Desde pequeños convivimos con el mito de las tres culturas. Acaso porque nos había llegado desde la lectura de “El ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha” en el que Cervantes las reivindicaba como uno de los grandes logros del momento. Otros, siglos más tarde, como Juan Goytisolo o Antonio Gala, las han reclamado de nuevo y se han convertido en sus más combativos defensores. Nos imaginábamos a cristianos, musulmanes y judíos conviviendo durante siglos en armonía (armonía más o menos confusa, deleznable y guerrera, por momentos, es verdad) sin que la religión fuera un impedimento cuando ahora se ha convertido en un arrebato y ha sido necesario crear el “encuentro de civilizaciones” (en realidad, encuentro de religiones) para disipar tanto aciago combatiente. Pero las espadas están en alto y la universalización a la que aspira cristianismo e islamismo son sus principales enemigos.
Algunos incluso han tildado esta coyuntura idealizada y falsaria de “patraña de las tres culturas”, afirmando que si España fuese el resultado social, cultural e histórico de esas tres culturas, habría que pensar que una de las tres comunidades cometió la injusticia histórica de expulsar a las otras dos. En la argumentación de los defensores de la España de las tres culturas, de aquí se desemboca con toda naturalidad en la Inquisición, que es presentada como un bestial e inhumano medio de practicar la intolerancia: se la expone como el hecho más repudiable de nuestra Historia, un hecho o institución de la que España debería avergonzarse.

El narrador José Manuel García Marín entra directamente en lo íntimo de esa polémica a través de la ficción, creando historias, personajes, seres que pueden parecernos de carne y de hueso por la verosimilitud con los que los trata, pero también seres simbólicos, seres que persiguen siempre una idea, en el sentido de ideal que tratan de recuperar para las generaciones actuales. Una visión idealizada que tiene mucho de cosmovisión complaciente sostenida en un pensamiento y una erudición que conecta con lo mejor de la cultura judía y musulmana fundamentalmente.
Practica un agradable aroma filosófico en la defensa de unos principios (los de las tres culturas o las tres religiones o las tres místicas) con los que, sin duda, se encuentra en comunión. Dice, verbigracia, en Azafrán: “Así como las religiones tienen sus divergencias, que en lo esencial no son tantas (…), cada tradición mística respeta a las demás y las considera tan válidas como la suya. Es una cuestión de elección de caminos, pero lo importante no es el camino, sino el objetivo final, que es convergente. El mismo en todas” (p. 31). Y en este propósito también dirá en su momento que lo importante es llegar a esa sublime iluminación y cualquier religión puede ser buena pues cuando el amor a la filosofía es auténtico y el razonamiento impecable, ¿qué importa la religión del autor? (p. 64). E incluso, en otro momento, cuando el musulmán protagonista de Azafrán defienda con fortaleza y espíritu devoto, ciertamente paradójico visto desde fuera, a un sabio judío demostrando “con ello la superior importancia que éste concedía al humano, por encima de creencias religiosas” (p. 138).


En Azafrán desarrolla la historia de un maestro musulmán de cuarenta y dos años con cuyos ideales se identifica el autor, Mukhtar ben Saleh, que sale de su pequeña localidad, Sanlúcar del Alpechín (cerca de Sevilla), tomada por los cristianos y decide marcharse a Granada (y después a un pueblo de Almería) donde pueda vivir su cultura y profundizar en el conocimiento. Personalmente, por tanto, lo considero un camino iniciático, pero también profundamente lírico, en el que siempre están presentes las simbologías en torno al agua, la tierra… en esa aleación cabalística que todo lo inunda y que persigue como objetivo último trascender el momento de nuestra existencia: “Ahora el poder es de los cristianos y, rotas sus promesas a sangre y fuego, han acabado con todo, incluso con el sentido de mi vida” (p. 11).
Mukhtar ben Saleh, que no ha salido nunca de su pueblo, sin embargo, es un aprendiz del mundo y sus realidades, un aprendiz que observa que sus sueños han ido perdiéndose y pretende recuperar la esperanza en Granada, un símbolo, una ciudad que todavía tardará doscientos años en ser conquistada. Y a través de esa visión se conquista el valor sublime del título de la obra, el azafrán, una especia de forma alquímica que halla similitud con esa carrera vivencial que pretende conquistar Mukhtar en tanto el proceso de la planta, que resulta en una especia tan estimada, es similar al camino y la actitud del hombre que busca el Conocimiento: “¿Puede el hombre recorrer su senda espiritual sin haberse abierto al universo? ¿Qué avanza de él, sino su esencia? “ (p. 212). Al igual que el fuego transmuta las hebras en la especia más valiosa, el fuego de los sentimientos, de las circunstancias, le obligan al ser humano a aprender, a enfrentarse, a conocerse y a resolver su existencia. Y en ese proceso se produce una transmutación personal de ámbito espiritual semejante a la que quiere llegar a conquistar nuestro protagonista.
En cierto modo, en ese camino la contemplación de algunos paisajes puede servir de símbolo para catapultar su pensamiento. Así, el quietismo decadente de las ruinas de Medina Azahara (en Córdoba) será una alegoría de ese transcurso infalible de la historia; a lujosa ciudad fundada por el califa tras ser derrotado por las tropas de Ramiro II, quizá como una respuesta última y a la desesperada de un mundo que se venía abajo.
Nuestro protagonista también observa que ese mundo en el que cree se está viniendo abajo como consecuencia de fuerzas inquebrantables (la conquista de los cristianos), pero es un idealista para el que los cambios históricos representan una necesidad de reconquistar el camino espiritual en tanto el otro camino desfallece y, en consecuencia, Mukhtar se enfrenta a la destrucción de su mundo pero huyendo (de ahí el título del primer capítulo, Huida. Ishbiliya) para no ser arramblado por el inexorable proceso histórico, pero también para vivir en paz. Su pacifismo es real y creíble, como era el de Al-Ahmar en la referencia que se hace en La escalera del agua. Mukhtar ben Saleh es un hombre extraño que vive soltero y que solo estuvo una vez enamorado, aunque su amada nunca lo supo, y que presiente que en el amor se halla (en el fuego) su respuesta, amor al otro pero también al conocimiento.

En ese trayecto, en ese bildungsroman que es su vida narrativa, antes de llegar a la ciudad de La Alhambra (destino inexorable y también simbólico, símbolo de su segunda novela, La escalera del agua, aunque sea Toledo el emblema y símbolo máximo), en el capítulo quinto, Ben Saleh recorre diversos lugares que le van a ir enseñando la situación del mundo de entonces, la forma de vida y la cultura que la sostiene: su llegada a Sevilla, donde vive en la casa de un médico musulmán, Târek ben Karim, que lo acoge muy amablemente; el encuentro con la familia judía de Yonatán ben Akiva en la ciudad de Córdoba, donde la cultura judaica adquirirá especialmente relevancia; y la llegada a Granada con la recuperación del pasado místico y el definitivo encuentro con la sabiduría: “Sé que estoy en la cristalina melodía del agua… en el murmullo de las arenas… en el aullido del viento entre los bosques… en la desgarrada llamada del muecín… en la fuerza de la materia… en la inevitable, irresistible, atracción de la vida…” (p. 226). Más adelante acabará sus días literarios en cerca de Pechina (Almería), en lo que hoy llaman "Baños de Sierra Alhamilla", por donde es muy posible que tuviera, en su época, la escuela mística, Ibn al-Arif.
Un viaje que nos va a permitir crear tres imágenes decisivas sobre un periodo histórico que se sitúa en torno a 1252 (en marzo de este año sale de su ciudad Mukhtar ben Saleh), en que sube al trono en Castilla el rey Alfonso X el Sabio.

Existe una cierta bonhomía y una proyección de pacifismo, humanidad y misericordia en muchos de los personajes con los que se encuentra. Por ejemplo, el médico Târek, que en un momento determinado dirá: “El día que comprendamos que somos mucho más que hermanos –repuso sin dudarlo Târek-; el día que seamos conscientes de que sólo somos uno” (p. 29). Hay a lo largo de toda la obra un canto al ser humano, un humanismo romántico preciso que alcanza su aspecto sublime en el sentimentalismo creador de algunas de sus propuestas, de corte ingenuista sin duda, y que, en cierto modo, existen en esa visión histórica en torno al desarrollo humano que ha sido visto por algunos (Rousseau es un caso sintomático) como un proceso de descenso a la naturaleza primigenia después de las contaminaciones diversas de la convivencia. De ahí que García Marín quiera aprovechar lo mejor de las tres culturas, de las tres místicas, para profundizar en ese humanismo recreador y reconfortante con el que aspira a ilustrarnos.
De hecho Târek, que significa “el nombre de una estrella”, es figuradamente quien pretende iluminar a Mukhtar cuyo nombre significa “el elegido” en su camino de perfección (como diría Baroja) y de iluminación (como podrían decir Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz o cualquier místico árabe). Târek trata de inculcar en ese ya maduro Mukhtar su visión del mundo que llega desde muchos de esos textos filosóficos-históricos y le habla de la indisolubilidad del todo, del universo como una gran Unidad, como un camino también (como el camino que emprende desde su microcosmos particular Mukhtar), y un regreso alegórico.
El encuentro con Târek le va a permitir a Mukhtar, pues, profundizar en alguna serie de ideas transcendentes y llenar diálogos interesantes sobre la filosofía del momento: la trascendencia del agua (fundamental en la novela siguiente), de la naturaleza, la igualdad de la mujer (“la mujer es un ser humano con igualdad dignidad que el hombre”, p. 37), el haber conseguido para él un camino de iniciación. De hecho le dirá Târek: “Con esto, Mukhtar, creo que he consumado tu preparación, que sólo es un inicio” (p. 72). Pero también las enseñanzas le llegan a través del jardinero-loco Hamza que le habla de la metáfora del río, que corre, alimenta a hombres, animales y plantas y su blandura encuentra su fortaleza es toda una metáfora para Mukhtar. Una metáfora permanente, persistente y reiterativa que en la época medieval tanto juego daría a poetas como Jorque Manrique al decir que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir.

En Córdoba conocerá Mukhtar el amor, gracias a Yael, la hija del rabino. En cierto modo, este encuentro amoroso podemos considerarlo emblemáticamente como un encuentro entre culturas, aunque son conscientes de la imposibilidad de un amor que lleva parejo en sí a miembros de religiones diferentes. En la casa del rabino el lector accederá a algunos conocimientos básicos del judaísmo. Por ejemplo, de la cábala, herramienta o medio (como lo define García Marín) que “conecta al ser humano con lo cósmico, una vía de sabiduría, no la sabiduría en sí” (p. 125).
Es una historia no resuelta la de Yael y Mukhtar (o resuelta negativamente), que en sí lleva el germen de una antítesis irresoluble. Y es que en el trasfondo de todo sumario religioso existe siempre un origen infausto si bien profundo. Insondable en cuanto toda religión aspira, al menos en su origen, a dar una explicación del mundo y a profundizar en el conocimiento; pero infausto por su individualismo, exclusividad (la exclusividad atroz, diría, de todas las religiones) y negación de las demás como las verdaderas (cada religión se considera a sí misma como la verdadera, la única) y esta consideración última a sus líderes históricamente les ha hecho iniciar el camino de la confrontación y a sus seguidores convertirse en mártires, víctimas, santos o profetas (las religiones han necesitado a veces sangre para crecer), evitando así el original sentido espiritual de cada una de ellas y el sentido último que, en sí, puede resultar comprensible y aceptable. Su exclusividad encierra una ruptura, ruptura que se produce en la historia de Yael (judía) y Mukhtar (musulmán) para evitar que su amor se convierta en solución factible.

A veces la historia está entreverada, siguiendo un tanto el canon de El Quijote, de breves o brevísimas historias secundarias que producen una detención en el proceso narrativo o cuando no pequeños descansos en el proceso normal del protagonista. Así sucede con la historia de Zaynab, violada por los soldados cristianos; el benedictino Manrique y la homosexualidad; el loco Hazam; la historia del libro que le regalan a Ben Akiva… Un conjunto de fragmentos que forman el gran todo novelístico que aspira a completar esa amplia visión del mundo.

A través de los diversos diálogos de la novela se van creando las condiciones para conocer las ideas que sostienen su naturaleza. La interpretación sobre el amor llega desde las revelaciones de Hermes Trismegisto y su relación entre el microcosmos y el macrocosmos en esa circulación de energías, como le recordará Târek.
Hay por momentos expresiones muy líricas como “tengo miedo de que me delate la luna” y reproducción de poemas de escritores musulmanes o judíos como Ben Gabirol, Maimónides… Pero, en última instancia, lo que siempre se persigue en la novela es la configuración de un sentido a la existencia. García Marín trata de explicarlo y es consciente, por enamorado del tema, de que en el fondo de cada una de las culturas, de cada una de las religiones (al menos en este libro de la cultura musulmana y judía, porque la cristiana no aparece prácticamente) existe esa voluntad creadora, de ser como la flor del azafrán que en sus tres filamentos concita la voluntad simbólica de las tres tradiciones místicas, los tres estambres, los tres dentro de la misma rosa: “Además de instruirte en tu camino –le dice Nicolás- debes conceder la misma importancia y respeto a los otros dos. Ten presente que de la flor surgen tres filamentos diferentes, aunque de una raíz común, pero acaban siendo la misma especia. Tres senderos distintos en una única dirección”. Estas tres direcciones místicas son las tres culturas, las tres formas de ver el mundo tanto tiempo enfrentadas por los hombres y tanto tiempo unidas por conceptos de conocimiento y por aspiración a ideales similares.

Su siguiente novela, La escalera del agua (2008) aunque se nos presenta como una novela histórica, yo diría que es una narración de la memoria, una alegorización simbólica con ribetes o componentes históricos. Hay una voluntad auténtica en cuanto acceso a la información de época y a la interpretación (si quieren) figurada. Ahí está su simbología humana sobre la emblemática Toledo en la última parte (p. 214) donde Toledo le habla, nos habla como un cerebro cuyos surcos son vías, plazas, calles… donde surge el sentido de la vista por el Paseo de Cabestreros y el Museo de Santa Cruz; el sabor en la Catedral, y el de la Audición en el Ayuntamiento… Pero también germina una transfiguración del corazón, pues por el puente de Alcántara se llega a la entrada interior que recibe en torrente a las muchedumbres (sangre venosa) que pasa por la aurícula y el ventrículo derechos y sale por la Puerta del Cambrón… y regresa, como sangre arterial, por el Paseo de Candelaria: “El latido de mi corazón marca ritmo de vida a edificios, calles y ciudadanos. El cerebro, en cambio, guarda celosamente, en la maraña de travesías, las pisadas y los ecos de los hombres, grandes y pequeños, que han tejido aquí sus vidas a lo largo de la mía. Yo soy la ciudad viva, el ser que hará de guía imperceptible a aquel que, bien despierto, aspire a descubrirme” (p. 215).

Entendemos que se trata también de una novela iniciática, de comienzo de la existencia vital en la que el joven narrador, y descendiente de moriscos, Ángel Castaño Crespo, nos explica su azarosa existencia una vez que asesina a un hombre que ha forzado a su hermana en Las Hurdes y huye a Toledo para ser recogido por los hermanos franciscanos, que lo ayudan e intentan completar su formación humana. Si bien es verdad que, en este proceso, los acontecimientos históricos, con continuas analepsis, se manifiestan en todo su esplendor aunque muy resumidamente.
Sus ascendientes eran moriscos expulsados de Granada en el siglo XVI y refugiados en Las Hurdes. Este tránsito entre diferentes siglos (la época actual y el XVI) genera en la novela un diálogo histórico sostenido en el que se parte de una tesis evidente en la obra de García Marín: las víctimas de antaño también siguen siendo, a pesar del transcurso de los siglos, las de hogaño.
Ángel Castaño Crespo tiene similitudes con el protagonista de Azafrán. El motivo de la huida (aunque por razones harto diferentes) conserva señas iniciales en ambos, pero también el motivo del camino como instrumento de iniciación personal y descubrimiento del mundo. Es cierto que la edad de Ángel Castaño Crespo es inferior a la de Mukhtar pero también lo es que en ambos su lugar de referencia es cerrado. Su mundo se circunscribe a una aldea prácticamente y es necesario el descubrimiento de una realidad más amplia para que sus mundos se enriquezcan y el conocimiento aflore a ellos.
Gran parte de los acontecimientos se centran en la consolidación de la imagen de este joven bondadoso, honrado, que actúa con la solvencia de un joven responsable. Elementos símiles también con los de Mukhtar cuya moralidad y bonhomía forman parte de su ser más íntimo.
En el trasfondo de esta historia está la consolidación de un error histórico y la reflexión del escritor sobre esta barbaridad que llevó al exilio (interior o exterior) a parte de los españoles de su tiempo. Compromiso que se manifiesta a través de estas palabras de Ángel: “En las expulsiones de judíos y musulmanes se desterraron auténticos españoles, con otra religión, pero españoles”. Aunque es evidente que el concepto de España será y ha sido siempre discutible como entidad nacional. Sin embargo, la tesis de García Marín es muy clara y con ella muestra una preocupación permanente y una apuesta decidida por esa vía historicista que sostiene el gran error de los Reyes Católicos al provocar la expulsión de los judíos y musulmanes. Una riqueza inmensa, desde el ámbito espiritual pero también desde el ámbito real, crematístico, que se va constatando a lo largo del siglo XVI y, finalmente, en el XVII, porque, como se verá durante la monarquía de Felipe III y el duque de Lerma, la salida de muchos moriscos supuso el empobrecimiento más atroz de zonas de Levante...

Organiza la novela en seis capítulos: los primeros, más breves y el tercero y cuarto (que se centran en la expulsión y el monasterio) más amplios. A través de la primera persona (que lo hace conectar con la novela picaresca en la organización de las vivencias y antecedentes del protagonista y con la cervantina en la versatilidad y cambio de acontecimientos, lugar y tiempo) García Marín, con una prosa cuidada y una adecuada selección léxica, transmite una imagen entrañable de los moriscos.
Las circunstancias históricas de la posguerra española, sin embargo, están ausentes, como no sea la referencia al hambre que se pasó. El resto se soslaya. Una elipsis que creemos intencionada, por cuanto al escritor sólo le interesa la relación entre el personaje como ser en crecimiento y su pueblo como referente histórico. Sólo el lector juzgará. Existe esa necesidad histórica de demostrar la tesis de un pueblo atacado y zaherido, y su recuperación y su memoria. En cierto modo, el narrador hace un ejercicio de resarcimiento histórico si es que existe esa compensación a través de la literatura.
Su llegada al mundo el día 4 de abril de 1492 en Las Hurdes, sus hermanos Gabriela, Anastasio y José, sus sensaciones infantiles (a veces forjadas con descripciones muy rigurosas y precisas), las historias del abuelo y sus antepasados granadinos, el resumen histórico de la expulsión (en este sentido hay que decir que los acontecimientos históricos están adecuadamente integrados y son suficientes para no ahogar el proceso narrativo y tampoco debemos olvidar que en Azafrán el protagonista vive en Granada un tiempo, lugar simbólico y emblemático de este proceso con el que conecta la novela), la historia de Eusebio y Clementina, la muerte del vinatero a sus manos, la huida, el encuentro con el padre Zaragüeta (que va a mantener en secreto todo lo que sabe sobre él y lo va a ayudar)… Salto histórico para estudiar los acontecimientos de 1610, y antes de 1570, la ida de Gerónimo y su grupo a Portugal (siempre perseguidos por las injusticias), los diversos asentamientos y cambios de costumbres, los múltiples problemas y, de nuevo, el momento presente, su situación en el monasterio y su vida en progresión personal gracias a los frailes... hasta encontrar su amor adolescente.
Son los acontecimientos esenciales que jalonan una obra que tiene momentos también para la metaliteratura y la exaltación de los libros (como en las páginas 162 y ss.) de raíz cervantina y nos permite entrar en el análisis histórico sin olvidar los fundamentos novelescos y la formación de un ser humano y su tiempo.
Las referencias a las tres culturas persisten en ella porque forman parte del pensamiento idealizador, no exento a veces de optimismo histórico, en el que realmente cree García Marín: “Nuestros antepasados vivían felices en un reino que se llamaba Granada (…) El último de estos pueblos trajo consigo una cultura superior a la conocida, costumbres a las que se amoldaban los nativos con placer, y una religión, que defendía que Dios sólo era Uno, que tomaron libremente éstos como propia después de mucho tiempo. Al menos, la mayoría, porque había otros que practicaban el judaísmo y algunos, los menos el cristianismo, pero convivían en paz. A esa mayoría, a la que pertenecieron nuestros antiguos parientes, se les llamó «moros»” (pp. 29-30).
Con esta novela también, decíamos, se produce en cierto modo un resarcimiento histórico. Si en la anterior, Azafrán, los cristianos aparecían desde una perspectiva crítica muy negativa, ahora se convierten en protagonistas positivos en tanto es el padre Zaragüeta el que ayuda al protagonsita. Con ello, traslada al lector la imagen de que el proceso histórico no se produjo por la religión sino por las decisiones políticas que se adoptaron y por las decisiones de la jerarquía religiosa. Nunca por el pueblo ni por los que han defendido las ideas de un cristianismo solidario y humanitario. Pero también, a través de él, se produce la exaltación del libro como instrumento único para comunicar el mundo: “El escritor es un alquimista que une dos naturalezas: la abstracta, en al que se interna para absorber esencias del universo platónico de las ideas, y las conduce, por el alambique de su pluma, a la terrenal, transformadas ya en palabras, retenidas para siempre en el papel, cautivas de la tinta” (pp. 162-163).
E insiste una vez más en la idea fundamental (ya comentada) de que la expulsión de los judíos y los musulmanes no fue la de miembros de otras religiones sino la de unos españoles que expulsaron a otros. Hay una traslación en este caso del tema (en cierto modo, pero desde otra perspectiva) de las dos Españas: la de los vencedores (los cristianos) y la de los vencidos (los judíos y los musulmanes) en tanto todo fue un proceso en el que la realidad se sostenía sobre elementos económicos. Su expulsión supuso un enriquecimiento para los cristianos aunque se produjera una pobreza general en otros ámbitos.
Y desde la novela proyecta esa pérdida y trata de crear un relato objetivo de lo que ocurrió y de lo que significó el florecimiento de al-Ándalus “para que recuperemos la conciencia y el orgullo de nuestras raíces” (p. 233).

lunes, 20 de junio de 2011

DIÁLOGOS CON ESCRITORES CONTEMPORÁNEOS: JOSÉ MANUEL GARCÍA MARÍN



ATENEO DE MÁLAGA, 22 de junio a las 20:00 h.



Los asistentes al acto podrán dialogar con el novelista malagueño sobre sus obras y su proceso creativo.
García Marín ha compatibilizado durante varios años su labor profesional en el mundo de la empresa con el estudio y la investigación sobre las claves de Al-Ándalus de la que es un grandísimo apasionado y entendido. Es autor de "Al-Hamrá", un ensayo sobre el contenido místico y simbólico de la Alambra. "Azafrán", una historia que habla de la partida del maestro musulmán Mukhtar ben Saleh desde Sanlúcar de Alpechín hasta Granada. "La lámpara de plata", un homenaje a la Málaga nazarí del siglo XIV. "La Escalera del Agua", segunda parte de su primera novela, pues en ella sigue hablando sobre el tema de Al-Ándalus su gran pasión.


martes, 17 de mayo de 2011

ENTREGA XVII PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA



Manuel Gahete (secretario AAEC), F. Morales Lomas (presidente AAEC), Paulino Planta (Consejero de Cultura Junta de Andalucía), Inmaculada Nieto (Teniente Alcalde Algeciras), Francisco Cañadas (Fundación Unicaja)





El viernes 13 de junio a las 12 h. se entregaron en el Hotel Reina Cristina de Algeciras los XVII Premios Andalucía de la Crítica 2011 en narrativa a José Antonio Ramírez Lozano por su obra Las manzanas de Erasmo (Algaida Editores) y en poesía a Rosa Romojaro por Cuando los pájaros (Ed. Hiperión), y se rindió homenaje al escritor José Luis Cano en el centenario de su nacimiento. Ambos escritores galardonados han recibido una escultura de Andrés Alcántara, reproducidas por la Escuela del Mármol de Andalucía (Almería).

La defensa de las obras ganadoras la llevaron a cabo los críticos y escritores José Sarria Cuevas que defendió la obra de narrativa ; y Rosa Díaz que defendió la obra en poesía. A los ganadores se les entregarán sendas esculturas del escultor internacional D. Andrés Alcántara reproducidas por la Escuela del Mármol de Andalucía (Almería). La defensa del escritor homenajeado, José Luis Cano, la llevó a cabo la escritora y crítica literaria Paloma Fernández Gomá.

El consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata, ha presidido en Algeciras (Cádiz) el XVII Premio Andalucía de la Crítica acompañado por el presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, Francisco Morales Lomas y el secretario Manuel Gahete, además de por la Teniente Alcalde Inmaculada Nieto y el representante de la Fundación Unicaja, Francisco Cañadas.

Romojaro recogió el premio emocionada por encontrarse en la ciudad en la que nació y al estimar que el galardón es «un emblema de la poesía y las letras andaluzas». Una obra que, según explicó, «responde al deseo de decir, un anhelo que se presenta como la salvación del yo y como rescate de las cosas, del tiempo y del espacio». El hilo conductor de sus textos son esas aves a las que alude el título y que no son sino una metáfora de la libertad: «En la obra aparecen los pájaros cotidianos, que son los de siempre, los que vienen a la terraza y al jardín; señas de identidad, puntos de fuga. Otros, más simbólicos, arrojan a esos pájaros de su atmósfera», señaló.

Ramírez Lozano ha comentado que aunque está "un poco acostumbrado a los premios a los que se envían libros" a concurso, el premio de la crítica "es muy distinto porque tiene algo de eso que se llama reconocimiento y porque se reconoce al autor".
"Es mucho más satisfactorio en un sentido más amplio", ha apuntado el escritor, quien ha insistido en que no le importan los límites entre los géneros.
"He llegado a escribir poesía de una novela y al contrario, he sacado ramificaciones poéticas o líricas de una novela", ha indicado el galardonado.
Rosa Romojaro y José Antonio Ramírez Lozano


Para la primera teniente de alcalde y delegada de Cultura, Inmaculada Nieto, “la celebración de esta entrega de premios en nuestra ciudad, junto al homenaje que se rendirá a José Luis Cano, constituye una enorme satisfacción y nos reafirma en nuestro propósito de reconocer y destacar la figura de quien fue clave para agrupar, difundir y evitar se olvidara a aquella Generación del 27, quizás la más brillante de la reciente historia de España. Además, no podemos olvidar que la colección Adonais de literatura y el premio que lleva ese mismo nombre, estuvieron dirigidos por José Luis Cano durante muchos años”.

El consejero de Cultura, Paulino Plata, cerró el acto destacando el tesón y la perseverancia de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, que han conseguido consolidar este certamen como uno de los más prestigiosos de España, señalando además que sirva para orientar a los lectores en la elección de buenas lecturas, destacando lo importante que resulta” contar con personas y obras de referencia, en todos los ámbitos de la vida”.
Rosa Díaz, José Antonio Ramírez Lozano, Rosa Romojaro y F. Morales Lomas


ALGUNAS PÁGINAS QUE DAN LA NOTICIA DE LA ENTREGA DE LOS PREMIOS ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA
Noticias entrega Premio Crítica en periódicos

http://www.europapress.es/andalucia/cultura-00621/noticia-jose-antonio-ramirez-rosa-romojaro-reciben-xvii-premio-andalucia-critica-20110513182144.html
http://www.diariosur.es/v/20110514/campo-gibraltar/romojaro-ramirez-lozano-reciben-20110514.html
http://andaluciacultura.es/index.php/archives/8820
http://www.ayto-algeciras.es/verNoticia.php?num=10935
http://www.algecirasalminuto.com/index.php/cultura/10907-entregados-en-algeciras-los-xvii-premios-andalucia-de-la-critica
http://www.diariosur.es/v/20110514/cultura/rosa-romojaro-poesia-donde-20110514.html
http://www.diariodecadiz.es/article/ocio/974212/algeciras/acoge/la/entrega/los/premios/la/critica.html
http://www.europasur.es/article/ocio/974416/recuerdo/jose/luis/cano/preside/la/entrega/los/premios/la/critica.html
http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=815694
http://www.europasur.es/article/ocio/973562/los/premios/andalucia/la/critica/seran/entregados/hoy/algeciras.html
http://www.algeciras.es/verNoticia.php?num=10944
http://www.ideal.es/agencias/20110513/mas-actualidad/cultura/romojaro-j.a.-ramirez-reciben-premios_201105131421.html
http://www.malagahoy.es/article/ocio/974718/romojaro/y/ramirez/reciben/premio/andalucia/la/critica.html
http://www.andaluciainformacion.es/portada/?i=17&a=178071&f=&s=&b=&penc=2
http://www.grupoalminuto.es/index.php?id_url=1&sec=6&id=28123&tipo=ficha
http://www.hoy.es/agencias/20110513/local/merida/extremeno-jose-antonio-ramirez-recibe_201105131458.html
http://www.andaluciainformacion.es/portada/?a=178071&i=112&f=0
http://www.lacronicabadajoz.com/noticias/noticia.asp?pkid=69713
http://www.getout.es/noticias/item/1014-algeciras-acoge-la-entrega-del-xvii-premio-andaluz-de-la-cr%C3%ADtica
http://www.diariolatorre.es/index.php?id=39&tx_ttnews%5Btt_news%5D=18252&tx_ttnews%5BbackPid%5D=9&cHash=51a27fdac6
http://www.malagahoy.es/article/ocio/974718/romojaro/y/ramirez/reciben/premio/andalucia/la/critica.html
http://www.diariolatorre.es/index.php?id=39&tx_ttnews%5Btt_news%5D=18322&tx_ttnews%5BbackPid%5D=12&cHash=4fd0ff7266
http://www.algecirasalminuto.com/index.php/cultura/10907-entregados-en-algeciras-los-xvii-premios-andalucia-de-la-critica
http://apuntaguia.com/content/blogcategory/3/3/
http://www.getout.es/noticias/item/1014-algeciras-acoge-la-entrega-del-xvii-premio-andaluz-de-la-cr%C3%ADtica?tmpl=component&print=1
http://www.aulamagna.com.es/Actualidad-Malaga/Rosa-Romojaro-ganadora-del-Premio-Andalucia-de-la-Critica.html
http://www.abastodenoticias.com/noticia.asp?id=33610189

Francisco Cañadas, José Sarria, F. Morales Lomas, Paulino Plata, José Antonio Ramírez Lozano, Rosa Díaz, Rosa Romojaro y Andrés Alcántara

La creación literaria y el escritor

La creación literaria y el escritor
El creador de libros, pintura de José Boyano