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sábado, 13 de julio de 2013
NOVEDAD: PRÓXIMA NOVELA DE FRANCISCO MORALES LOMAS
viernes, 12 de julio de 2013
SELECCIÓN DE POESÍA ACTUAL POR F. MORALES LOMAS
Se abordan obras de ENRIQUE BARRERO, ÁLVARO GARCÍA, JOSÉ LUIS REY, JULIO CÉSAR JIMÉNEZ, DOMINGO F. FAÍLDE, MARÍA SANZ y JOSÉ A. MORENO JURADO
La variedad de la poesía actual asegura una presencia constante de una
serie de escritores que en muchos casos son un referente nacional en
antologías. Algunos de ellos catalogados ya entre las generaciones de fin de
siglo XX. De ellos queremos transmitir una visión rauda que ofrezca claves
significativas para el lector.
Los héroes derrotados de ENRIQUE BARRERO participa del dolor, soledad, tristeza,
amargura, muerte y reconocimiento de abandono como elucidarios de un poemario
sobre la derrota a través de la mitología y los símbolos cristianos y paganos (por
ejemplo, “El llanto de Príamo”). Hay un encuentro meditativo consigo mismo, con
el consuelo de la muerte, en tanto el corazón se siente atormentado con esa
aureola bíblica y religiosa. Existe una presión en el ser, una constancia
pesimista que solo de vez en cuando se solaza ante el esplendor de la
naturaleza que actúa como refugio. Poemario cadencioso y trabajado en aspectos
técnicos, con un peso enorme y redoblado del aire doliente en una estela muy
juanramoniana, un tanto envolvente, como si se hallase prisionero del laberinto
de orfandad y melancolía en el que ha caído. Hay a nuestro entender buenos
poemas, como el que tomando como tema el tópico de la muerte de Alfonsina
Storni reproduce el momento del suicidio, o la referencia a Ana Frank como
instrumento para la literaturización de un personaje histórico tan conocido, o
la actriz y cantante Marilyn Monroe cuyo contraste con la madre en urgencias en
bastante revelador y deslocalizador. Un buen poemario en el que la
heterogeneidad nos aproxima a una armonía de constrastes.
La reflexión de ÁLVARO GARCÍA en Canción
en blanco aborda desde la estructura unitaria del monólogo interior una continuidad
en torno a las grandes palabras que definían la existencia en una continuidad
poemática advertida por Miguel Hernández: vida, amor y muerte. Sucumbe al flujo
la historia sentimental y el juego de las antítesis y las paradojas cuando
cuenta ese relato personal desde la habitación de un hotel: un espacio cerrado
(como en los filmes de Bergman) para hablar de un espacio abierto: nuestra
vida. La singladura de Álvaro García es fijar la memoria, reconstruir la
ilusión del tiempo y de lo vivido a través de un lenguaje metafórico que busca
la expresividad lingüística y la creación de un mundo sentimental creíble… Y
llegamos a la conclusión de que la frontera entre lo consciente y lo
inconsciente está rota pero lejos de construir un mundo para la muerte siempre
quedará en ese sedimento que hubo, en esa pared edificada, en ese mundo de
paradojas y antítesis la conformación de una historia con sus soles y su vida
acaso vivificadora.
Las visiones de JOSÉ LUIS REY es una obra profunda en el ejercicio de acumulación de imágenes y
en la asociación de espacios interiores, situaciones familiares, lugares,
mundos ajenos, lecturas e impresiones a la conformación de un mundo propio y
personal. Rey parte de ese mundo interior para proyectarse hacia ese mundo
exterior visto a veces como una aventura, pero la percepción es que está muy
atado, se produce una imposibilidad o cuando llega una liberación. De hecho se
convierte en deudor de un pasado interiorizado del que cuesta desprenderse o
acaso conforma el presente cerrado. Esta dinámica permite una lectura del libro
como la recreación de objetos y seres en busca de una identidad, del ser en sí
que acredite lo que somos. El motivo de la esencia desde la presencia, desde el
pulso de lo que hemos habitado o con lo que hemos cohabitado. Con ello se
produce una síntesis lírica y alegórica entre los mitos de ese mundo cerrado en
aras de conquistar una fantasía personal idealizada o fantasmagórica con una
consistente creación narrativo-descriptiva que aspira a lo memorial. Muchas asociaciones
que pretenden ofrecer una conceptualización en ocasiones con el motivo de la
mentira, la impostura o la esencia como instrumentos líricos. Acaso la
esperanza o los despojos familiares
centran parte de esa serie de símbolos para transitar la mitología
personal.
Las categorías de Kant no funcionan en la noche de JULIO CÉSAR JIMÉNEZ vibran con fuerza inusitada. Las
categorías kantianas se centraban en la totalidad, la pluralidad, la cualidad
de la realidad, la negación, la relación entre substancia y accidentes o la
posibilidad-imposibilidad. Kant llamaba categoría a aquello que se toma de la
experiencia o tiene como fundamento a esta o los principios que no tienen un
origen empírico y forman parte del a
priori. Parte Kant de los principios sin los cuales ningún elemento puede
ser pensado. Esto trata de insertarlo en una lírica narrativa que apuesta por
la experiencia personal tratando de trascenderla. Así sucede de un modo muy
ejemplificador en el poema homenaje al Jean Moreau suicida. Desde la anécdota
del sucidio del poeta se llega a lo categórico. Así organiza su proceso de
creación en ocasiones construido desde la irrupción de la ingeniosidad como
categoría intuitiva trascendente, sobre la que se ejemplifica una cierta autocomplacencia.
La vida familiar es muy reclamante, la infancia, su hija, los grandes maestros
de la filosofía, descripción de personajes, lecturas o mujeres deseadas. Todo
ello llevado a través de la estructura narrativo-expositiva en la que ambas
conforman el ciclo poemático. Se trata de una poesía antisentimental, retórica,
que se mira en el espejo de sus propias palabras y siempre busca la frase o la
imagen perspicaz. Con una tendencia al monólogo expositivo y la sensación de
tener siempre al lector con el que compartir un lenguaje cercano, directo con
toques de intelectualidad y ritmo humano.
Con Danaide de MARÍA SANZ se percibe la profundidad del mito. Danaide
posee su gestación en el mito de la búsqueda del agua y ya conocemos todas las
interpretaciones habidas y por haber en torno a este símbolo trascendental de
la lírica de todos los tiempos. Acogida en el seno de ese símbolo literario,
Sanz profundiza en los apotegmas, en los axiomas de la existencia, con un
lenguaje muy literaturizado que apuesta por el endecasílabo blanco con el que
busca un espacio definitorio y definitivo partiendo de ese amor de antaño
desparecido ahora. Los juegos simbólicos y las imágenes amorosas se suceden con
una belleza transfigurada en la expresión y un ritmo solemne que prefigura ese
fracaso y esa pérdida que toma como centro de su relato lírico. Aunque este
desamor y este abandono es manifiesto nunca es revelado directamente sino a
través de la ambigüedad propia que ofrece la literatura. Aire de
indeterminación y de desolación metafórica que impregna todo el recuerdo. La
soledad, los errores, la desolación son sentimientos que en diversas oleadas
llenan los poemas.
En La mala letra de DOMINGO F. FAÍLDE
se muestra pesimista, sincero, rotundo, profundamente humano y desolador. Una
lírica confesional, desgarradora, enternecedora en su arraigada franqueza nos
advierte de un fracaso personal. La mala letra es un corolario vital, una
inferencia sobre lo que hemos creado a lo largo de los años. No existe lugar
para la esperanza, tampoco para la ponderación y sí un espacio para el
desasosiego. Faílde crea la circularidad del desengaño y la decepción vital de
naturaleza tan barroca, pero lo hace con un lenguaje claro, directo, falto de
atributos y de retóricas que le impidan o le eviten esa claridad ansiada. Es
una confesión en toda regla en la que al poeta no le duelen prendas para
sentirse “nada tal vez”. No solo considera que no vale nada lo escrito sino
tampoco ha sensación de ganancia en la existencia. Una vez perdido todo (dirá
el autor) solo la libertad lo hace invicto. La libertad de la huida, de ser un
surco seco en la existencia en esa intención de definirnos y proclamarnos
centro neurálgico del poeta en el que pivotamos como en ruinas. En este
corolario vital hay mucha canción de despedida y epítome de la existencia: ¿Qué
hemos hecho? ¿Para qué ha servido nuestra vida? ¿Qué hemos querido hacer y qué
hemos logrado? Un aire triste y elegíaco lo inunda todo, pero no es la elegía
de lo mortuorio sino la manumisión del que al afirmar estas enseñanzas se
recobra definitivamente a sí mismo.
Últimas mareas de JOSÉ A.
MORENO JURADO es una confesión
personal sobre la situación anímica en sus últimos años. El poeta desde ese lugar que da la
experiencia y la vida ya vivida, expresa la sensación de estar ante los últimos
días de su existencia. Se define a sí mismo, hurga en el pasado y va
desmenuzando situaciones de la historia personal: una muralla, fragmentos del
pasado (en Mazagón, en Moguer) con la recreación de la soledad como bandera.
Todo con un aire doliente y agónico que profundiza en el sentido último de la
existencia y las razones éticas que determinan esta, contra los fanatismos y
sus defensores, con una evidente profundidad psicológica y filosófica penetrante.
Esta sería una de las partes más trascendentes del libro que iría de lo
individual a lo social, de lo personal a lo colectivo, mostrando esa mirada
interior y esa especie de ética del dolor. En ese camino vital, se siente
atacado, perjudicado y así lo acredita con su lenguaje doliente, alegórico y
altisonante. Hay mucho de meditativo, de contemplativo en torno a ese mar que
lo circunda y una tendencia a adherirse a lo realmente trascendente en su vida,
a sus símbolos vitales: la madre es uno de ellos, en él con gran sencillez
habla y aspira esa sensación de la ida. También profundiza en el concepto de
identidad (“Soy yo al fin me
reconozco”, dice en unos de sus versos) y en el reiterado fin que todo lo
invade: la muerte. Considera que los
actos están llenos de vana intencionalidad y de inutilidad y se siente como un
perro viejo y cansado en el camino de la vida. Hay un conformismo vital como en
el poema “Cicuta”: “Me conformo con lo que tengo * con lo que soy * conductor de una ética en equilibrio * y beligerante con la estupidez * he sido buenamente comadrona de la verdad
* de la verdad común sin
absolutos”. Para Moreno Jurado en este
bello poemario (muy juanramoniano aunque con claves mitológicas muy
mediterráneas que llegan desde la antigüedad griega hasta la actualidad y con
las que define la existencia desde una perspectiva pesimista.
CANCIÓN EN BLANCO DE ÁLVARO GARCÍA POR F. MORALES LOMAS
La reflexión de Álvaro García en Canción
en blanco (Visor, Madrid, 2012, XXIV Premio Loewe) aborda desde la
estructura unitaria del monólogo interior una continuidad en torno a las
grandes palabras que definían la existencia en una continuidad poemática
advertida por Miguel Hernández: vida, amor y muerte.
Sucumbe al flujo la historia sentimental y el juego de las antítesis y
las paradojas cuando cuenta ese relato personal desde la habitación de un
hotel: un espacio cerrado (como en los filmes de Bergman) para hablar de un
espacio abierto: nuestra vida. Con ese referente poético que le sirve de
receptor, la amada, la singladura de Álvaro García es fijar la memoria,
reconstruir la ilusión del tiempo y de lo vivido a través de un lenguaje metafórico
que busca la expresividad lingüística y la creación de un mundo sentimental
creíble; en determinados momentos retenido y reducido al ámbito de una
habitación de hotel que acaba convertida en un círculo cerrado en el que
fluctúan los símbolos, las imágenes, los engranajes de dos vidas: “Los dos
somos el pájaro/ que se posó en el hueco/ entre dos mesas/ y se asustó por un
trozo de miga/ como aparece el miedo en la conversación:/ amar: abandonar el
hábito de un daño”.
¡Cuántos destellos de lo vivido en torno a esa imagen de la música y el
amor reordenando el mundo, una música y un amor que pueden tener la singladura
o “la forma estricta de la felicidad”! Las palabras y la lucha por mantener ese
sentido de las cosas, de que las palabras signifiquen y no sean una simple
huida sino profundos troncos a los que asirse. En esa conformación de la
historia sentimental, la música casi lo invade todo, en su circularidad, en su
deseo, en esa claridad que pueden despedir en un momento determinado cuando hay
un recuerdo de amor y se escapa uno del tiempo; ajeno a él, como humanos,
aunque rápido ese contraste emerge (esos contrastes que son la vida y ocupan el
poema) en la sombra que nos acoge, la muerte. Hay en esta singladura vital un
tránsito evidente desde los gestos hacia la vida cuando la mirada se dirige
hacia un punto y la conciencia despierta las sensaciones ansiadas.
La imagen del hotel como espacio de libro abierto en el que se fijan los
enigmas de la existencia, las razones de nuestras fragilidades o de nuestras
grandes aventuras vitales. Por momentos ella, en su vocación de protagonista,
en ese tú que llena el poema, como luz desplazada en el tiempo: “El tiempo: una
insistencia/ que late: una constancia como el pulso,/ igual que si un latido/
pudiese reavivar otro latido”. Y el amor como punto de fusión vital, como
catalizador y sentido último. Pero también la muerte con su aureola, con su victoria,
porque llega más lejos que el tiempo, va más allá que esa habitación de hotel
que es, que ha sido nuestra vida. Y esa mezcla de la realidad y la irrealidad
que se unen en las quimeras, en los sueños, en la búsqueda del sentido a todo:
“No importa tanto aquí un significar,/ las palabras anidan por su aroma”.
¿Qué sentido tiene entonces la palabra eternidad? Hay una limitación
fijada en ese necesidad de marcha, de irse con la muerte: “La ola de la muerte/
pasará sobre ellos como página./ Ellos temen la muerte;/ nosotros la llevamos
como una intimidad estimulante”. Es el tiempo que nos condujo por creencias,
cuando todo estaba ya decidido en su abandono, en su falta de perspectivas y de
propósitos, en el derrumbe de los mitos que se habían necesitado en otro
tiempo. Hay en esta lírica como un intento de comprender definitivamente el
todo, como una universalización de esa sabiduría que nos hace más fuertes
aunque parezcamos más agotados, en esa tendencia nuestra a procurar la
inmortalidad mientras surge la noche: “Arrugada y manchada/ como una servilleta
tras la cena”.
Momentáneamente ellos, sus afectos, sus mundos encontrados pueden detener
el rigor de esa pérdida, ajeno al mundo y sus desequilibrios, ajeno a cualquier
orden y la libertad de querer ser en ese orbe cerrado como instrumentos para
crear algo nuevo y verdadero en ese fondo de certeza que en determinados momentos
tiene la existencia. Pero pronto la muerte acaba apoderándose de esa pared
construida y acaba siendo “una humedad en un muro”.
Y llegamos a la conclusión de que la frontera entre lo consciente y lo
inconsciente está rota pero lejos de construir un mundo para la muerte siempre
quedará en ese sedimento que hubo, en esa pared edificada, en ese mundo de
paradojas y antítesis la conformación de una historia con sus soles y su vida
acaso vivificadora: “Lo que antes hemos sido,/ antes de consistir uno en el otro/
y comprender de pronto el universo/ en este cuarto de hotel y lluvia,/ poder al
fin fundirse,/ escapar hacia dentro junto a alguien,/ olvidar junto a alguien
el destino/ de un mundo que en sí empieza, en sí termina/ Puede que un día
estemos/ juntos en el olvido uno en el otro./ La muerte tendrá dentro memoria
de un sol/ vivo”.
domingo, 9 de junio de 2013
AHORA QUE AMANECES DE FELIPE SÉRVULO POR MORALES LOMAS
Hace unos días me ha llegado el libro de poemas Ahora que amaneces, del escritor
giennense afincado en Barcelona, Felipe Sérvulo, presidente de El laberinto de Ariadna y editor del
pliego de poesía del mismo nombre. Una bella edición de la Editorial Playa de
Ákaba.
Es un libro sobre los afectos y la cotidianidad más
presente, con un regusto amargo por momentos y enormemente sensitivo.
No lo registro como un libro de nostalgia, como dice Rossell
en el prólogo, aunque la haya, sino como un libro anclado en el presente (de
hecho son 24 horas de la vida del poeta las que imaginariamente transcurren en
él, como en el Ulysses de Joyce),
sincero, a veces duro; en ocasiones tierno, en otras conmovedor y, desde luego,
un canto profundo a la amada.
A veces al leerlo me ha dado la impresión de estar
escuchando algunas canciones de Serrat como Tu nombre me sabe a hierba, etc. De
hecho lo cita junto a Brassens…
Un poemario sincero, sencillo, sobre el día a día, sobre la
vida misma convertida en poesía y, como diría Antonio Machado para hablar de la
poesía, a él se le puede calificar como de palabra en el tiempo. Un homenaje al
sevillano también aparecerá de hecho en otros poemas.
Ese sereno viaje del tiempo al que se refiere en un poema.
Desde luego que las referencias a él son continuas. La presencia de la amada es
una garantía con su constante definición metafórica y alegorizaciones como
cuando dice: “De las estaciones del año, te prefiero a ti”.
La memoria, la antigua casa, la definición invariable de la
vida, la metaliteratura (Salinas, Federico, Machado) y la amada como último
baluarte. Un bello poemario lleno de emociones, sacudidas y aciertos.
Felipe Sérvulo
jueves, 6 de junio de 2013
Estudio crítico de Puerta del mundo de Morales Lomas por Filomena Romero
Crítica sobre Purta del mundo por Filomena Romero
( Dos orillas, Algeciras, Cádiz, núms. 3 y 4, 2013, pp. 110-112)
UNA PUERTA PARA OTROS TIEMPOS
Por Filomena Romero
“La esperanza es el quicio de una puerta que se abre al mundo donde todo
está por descubrir”. Con este verso casi sentencioso, comienza el libro de
Francisco Morales Lomas Puerta del Mundo, (Ediciones En Huida Sevilla, 2012,
Colección Crepusculario n º3) que fue presentado la semana pasada en el
Ateneo de Málaga.
La introducción corrió a cargo de la profesora de la Universidad de Málaga
Rosa Romojaro escritora y también poeta, quien ofreció una muestra
minuciosamente generosa en halagos, y donde Romojaro hace un estudio
exhaustivo del poemario mostrando un libro intimista y vibrante, hasta el
extremo de sorprender gratamente al propio autor.
El libro, surgido de una noble reflexión, es ante todo una toma de
conciencia no solo con el mundo actual que vivimos, que nos maneja y
destruye, sino con nosotros mismos. Así, el autor nos traslada y nos hace
pensar más allá de los puros convencionalismos actuales, donde el escritor
madura también interiormente, y se plantea una toma de conciencia al ver
pasar toda su vida delante de él: rebusca los recuerdos imborrables, sus
anhelos, sus luchas y dolores, y sobre todo las pérdidas afectivas, su madre.
“Me ato a tu débil cuerpo, al muerto que seré, / y no puedo dejar de irme
contigo, madre”. Todo ello conducido con el magisterio no solo profesional sino
con el planteamiento interior de un poeta en plena madurez. “Solo quiere vivir
la vida y que le dejen / con sus puertas sin árboles, con su umbrosa memoria /
y la cimas terrenas nevadas por el viento. / Rey de su propio atuendo y
desgracia nimbada. / Pirata del destino, personaje de fábula. / Como todo
poeta cárcel de impulsos ciegos”.
Ya no existen intelectuales. Los verdaderos intelectuales han desaparecido,
absorbido por este mercantilismo desenfrenado donde el imperio de esta
sociedad nos sumerge a todos. De ahí la verdadera frustración de los
verdaderos poetas, de los poetas puros.
“No hay pájaros, amigos, sino dulce
“No hay pájaros, amigos, sino dulce
nostalgia / de un momento. De un mundo extinguido en sus himnos. / En su
patria doliente, desconcertada y mísera./…/ El viento se estremece, hombres
odiados, temidos, / navegantes ingenuos, misterios de los mares. / Quiero irme
con vosotros y con vuestro delirio”.
El escritor ha madurado. El poeta ha reflexionado largamente y es de este
planteamiento generoso y de esta acción reflexiva que surge el poemario que
nos ocupa.
“Por un momento soy Dios en la calma suave / de las olas que laten
“Por un momento soy Dios en la calma suave / de las olas que laten
junto a mí con dulzura. / Y soy nube en el aire cálido de la tarde,…/” El librito
(Colección Crepusculario, nº3) es un festivo tesoro, tan manejable y
preciosamente cuidado que hace que el lector se sienta cómodo al leerlo; su
fragilidad acerca más si cabe al lirismo de su contenido, comprometiendo a
los amantes de la poesía a compartir sus versos. Dividido en cinco partes,
escrito en versos largos de doce y catorce sílabas, junto con endecasílabos y
heptasílabos, los capítulos constan de siete poemas que van tomado intensidad
y compromiso según avanza el poemario.
En el capítulo (II) habla de su propia muerte “Y cada vez soy más canto
heroico / que en la noche busca el himno que emociona. / No me habléis de
sueños, ya los he vivido. / Vago de un mundo a otro, clandestino”. Se evapora
la vida, y entre quimeras la esperanza perdida desciende en su vuelo y se
siente naufrago de una sociedad a la deriva “Hay muchas palabras por explicar
hoy. / Un lenguaje ajado que no admite sílabas/ para un mundo oscuro que
guarda sus secretos./ Oscura espera y agónicos sueños./ Escribo ahora desde el
naufragio / y con botas puestas que alcancen lejos el vuelo / con sus dulces
alas y el vértigo firme”.
Sentir la necesidad de salir de uno mismo y mirar alrededor siempre
engrandece al ser humano y más al poeta, al escritor comprometido con su
mensaje y con su interior íntimo que le impulsa a darse y comprometerse en su
escritura.
La tercera parte (III) es la más bella musicalmente, con un ritmo
continuado y poemas, endecasílabos encabalgados, sentenciosos de anhelos de
vuelos y esperanza. Uno de los más bellos poemas es: “Paraíso cerrado para
muchos, / hoy llego, inocente, a ti, perdido,/ en esta espesura de celadas /…
“Yo, con mis dudas y héroes vencidos, / con mi jardines mustios y en silencios.
/ Aguardo a tus puertas que se orean / con coplas de juglares luminosos / en
pureza de fuego. Tan grande es / mi hambre y tan frágil mi tristeza”. Aquí se
muestra frente a la fragilidad de sus atormentados pensamientos.
Llegamos al final, la quinta parte (V); en este capítulo el poeta está más
maduro en sus sentencias, convencido de lo que quiere expresar; también es
la parte más desoladora, y a la vez de mensaje esperanzador.
¡Hay versos con los que me identifico plenamente!
El poeta en su engrandecida sensibilidad termina diciendo:
“Los hombres duros se alimentan del rescoldo / de los salones fríos. /… / Son
hombres duros porque la vida / no les pertenece. Le es ajena./…/ Los
hombres duros nunca se hacen preguntas / porque tienen todas las respuestas
/ Protégeme, maestro, de tanta fortaleza”.
Finaliza la composición con un poema a la evocadora lluvia. “…Hoy es de
nuevo la lluvia / contra la fachadas, / la lluvia persistente de otras vidas, / y la
necesidad de encontrar / la puerta del mundo. / Aceptarnos en el aire que
respiramos, / en los pasos que hemos dado, / en el retrato de la pared, / en los
árboles que crecieron / mucho más que nosotros”.
La lluvia símbolo de desamparo, dolor y llanto. También es el de la
fertilidad del agua generosa y la que limpia, con la imperiosa necesidad de
encontrar la verdadera y esperanzadora puerta del mundo.
L. García Montero, Filomena Romero, F. Morales Lomas
ANÁLISIS CRÍTICO DE PUERTA DEL MUNDO DE MORALES LOMAS POR ALBERTO TORÉS
(Este estudio ha sido publicado en la revista Dos orillas, Algeciras, Cádiz, núms. 3 y 4, 2013, pp. 106-109. Revista dirigida por la escritora y poeta Paloma Fernández Gomá)
http://www.revistadosorillas.com/
(Este estudio ha sido publicado en la
revista Dos orillas, Algeciras,
Cádiz, núms. 3 y 4, 2013, pp. 106-109)
LA POESÍA DE LA ESPERANZA
Puerta
del mundo, Francisco Morales Lomas, Ediciones en Huida,
Sevilla,
2012.
Por Alberto Torés
Con el autor, el lector asume como propio la idea de
“la esperanza como
el quicio de una puerta que se abre al mundo donde
todo está por descubrir”.
A todas luces, Francisco Morales Lomas aplica, de
manera práctica y desde la
perspectiva poética, la hoja de ruta de lo que viene
conociéndose como el
Humanismo Solidario.
Puerta del mundo que es el poemario que nos ocupa, aunque en general,
toda
su producción escrita, poética esencialmente,
muestra siempre un manifiesto
vitalismo, mejor aún, una esperanza que se
fundamenta en la tradición para en
su recorrido de creer y descreer presentarse ante el
futuro con eternos y
renovados signos de libertad. Sin duda, la poesía es
el espacio por excelencia
de la libertad, pero no sólo la palabra poética le
deja ver el mundo con una
mirada libre. La palabra poética es también una
gozosa y sustanciosa manera
de conocer, de mantener un diálogo con la poesía
desde un eclecticismo
inteligente y también, cómo no, de interiorización.
El anhelo de expresar lo
íntimo, lo no dicho, lo no sabido, el secreto, en
suma, lo más profundo del ser.
Puerta del mundo es una plena emanación de la vida con el sólido
registro de la
historia como Pilar pero especialmente con un
sentido agradecimiento hacia los
padres del poeta, lo que enfatiza un solidario lazo
con las raíces, unas emotivas
imágenes que en su contemplación ofrecen unos textos
impecables. Una
emoción intensa que contagia al lector y que se va a
ir reconstruyendo a partir
de contradicciones , cruzando tiempo y duracion,
efectos y creaciones, para
enmarcar categóricamente que la palabra piensa. “Las
mejores palabras en el
mejor orden” que diría Luis Cernuda, quizá al
comprobar que las palabras
tienen un primer sentido y un segundo figurado, que
además en materia
poética, dispondrá de un tercer sentido, el libre
fluir del pensamiento expresado
para unirse a nuestras existencias, a nuestro
pasado, a nuestras maneras de
amar, a lo vivido y proporciona un sugerente,
universal y bello poemario con el
que poder identificarse.
Sería una osadía afirmar lo evidente, esto es,
considerar a Francisco Morales
Lomas como un escritor incontestable y radicalmente
necesario. Un escritor
humanista en la más clásica acepción del término,
pero dada la belleza de la
desobediencia, lo afirmo. Me limitaré a deciros
www.moraleslomas.com
En efecto, acabáis de comprobarlo. El humanismo
moralesiano abarca tantos
géneros como inquietudes humanas.
La reflexión filosófica y el discurrir literario en
ensayos, la novela, el teatro, la
columna periodística, los manifiestos político y
poético, los tratados didácticos,
las prácticas docentes, la poesía, es decir, el
placer del estudio y la creatividad
como justificación para dar sentido a nuestro paso
por este escenario. El
hombre es el punto de partida de la escritura de
Morales Lomasny es también
el punto de llegada de las acciones humanas.
Puerta del Mundo piensa esa doctrina centrada en el hombre con el
descubrimiento del otro, sin escapar al tejido
relacional con el medio. Con la
certeza de estar asistiendo a un nuevo orden o al
menos a una sociedad en
plena transformación, quiere dotar al poema de
significación máxima, como
medio de enriquecimiento de la condición humana en
todos los planos al
alcance, cultural, reflexivo, artística, estético,
ético. La imagen del árbol tan
recurrente no sólo en el ámbito literario, tiene
aquí plenos poderes en cuanto a
relevancia simbólica se refiere.
Juan Goytisolo desarrolla su idea de la literatura
con esta imagen del árbol de
las letras al que cada escritor agrega una rama, una
semilla o una hoja por su
propio acervo y experiencia posibilitanto el enlace
con otras partes del árbol,
con la totalidad, porque ha representado la vida del
cosmos, su densidad,
generación y regeneración; de igual modo, se le
reconoce una esencial
transmutación, un divagar de eje entre los mundos.
En el poema II de la II
parte :
Vago de un mundo a otro, de
ilusiones
me nutro y absorbo el ruido de los
sueños
y cada vez soy más canto heroico
que en la noche busca el himno que
emociona.
No me habléis de sueños, ya los he
vivido.
Vago de un mundo a otro,
clandestino.
De manera más categórica también, el árbol de la
ciencia indica el proceso
evolutivo, el crecimiento de la idea, la vocación,
la puesta en marcha de la
imaginación creadora. Una unión marcadamente
interdisciplinar lleva al
conjunto del árbol a representar caminos completos.
Consciente de ello, el
poeta localiza el fondo del humanismo solidario y
escribe en el poema VI de la
II parte:
Hombre, me dijeron, y me hice
árbol,
tronco vigotoso, raíz que se hunde
en tierra y horada los profundos
mares.
Alberto Torés
Localiza el tropel de músicas, los impulsos cálidos,
los enigmas de la patria, la
fragilidad de la tristeza, las palabras
inexplicadas, las sonrisas de las madres,
las dudas, los héroes vencidos, el vértigo de la
fatalidad, la historia prisionera,
la calma quietud, las quimeras solemnes, lo
intangible y lo material, los
interrogantes y las respuestas, el orden de las
cosas y lo efímero de los
tiempos, inicialmente como producto de un clima
pesimista: la crisis económica,
la guerra ideológica, la angustia, los progresos
técnicos, la consideración del
hombre como individuo productor y consumidor, la
sensación de pérdida de
referencias, la muerte que por más que forme parte
de procesos naturales y
tengamos conciencia de ello, nunca se está lo
suficientemente preparado para
su aceptación.
Sin embargo, Morales Lomas busca el territorio para
que el hombre no sea
lanzado sin razón a un mundo desprovisto a veces de
sentido, y para que
participe en la historia y sociedad.
Por tanto, si el existencialismo aunaba esas dos
tendencias, la de poner en
valor lo absurdo de la vida y la de destacar la
solidaridad, el compromiso, el
servicio social, por más que los críticos
interesados resaltaran únicamente el
primer aspecto, nuestro poeta dueño de sus actos,
destino y pensamientos lo
expresa con una fuerza y una belleza incuestionables
en el poema VI de la I
parte:
Cielo azul de mi infancia, los
árboles distantes,
la vida, que despierta de un
profundo letargo,
se rebela suave en su impávida
belleza.
Miro al mar sin dueño, sus celajes
de sal,
el sueño de la arena, su memoria de
rosa
seca que dulce embriaga la bondad
de este canto...
Por un momento soy Dios en la calma
suave
de las olas que laten junto a mí
con dulzura...
Y siento que también yo soy un sueño
lejano
que de tarde en tarde llega hasta
mí y palpita
y corea ufano la alegría de ser.
Son los escalones de la nostalgia y la palabra dada
al mundo los componentes
del nuevo poemario de Morales Lomas, pero sobre
todo, el deseo de hallar la
serenidad en el espacio y en el tiempo, con una
respuesta y no un murmullo
expresada desde lo más íntimo. Siempre he
considerado esa virtud de Morales
Lomas para hacer brotar de los profundos surcos de
la memoria imágenes que
se fijan en la página en blanco con una brillantez
asombrosa. No hay silencio ni
siquiera deseos de traducir silencios, ofrece más
bien su verso minucioso,
cómplice de irónica ternura a veces para rendir
homenaje a las raíces, al amor
de los padres.
¿Te acuerdas de la primera lluvia?
Mucho antes de la declaración de la
renta,
de que el corazón se consumiera
en una odisea de instancias,
de que el corazón escandalizara
el paso del tiempo.
Es indudable que estamos ante una escritua
meditativa, reflexiva y que el tono
poético que no desea titularse. De ahí que no
figuren títulos, sino 5 partes,
cada una con 7 poemas salvo una de cinco textos. Se
trata de una reflexión
sobre el tiempo realizado desde varios flancos,
desde varios tiempos, aunque
destaca una conciencia personal ligada estrechamente
a la temporalidad
individual del sujeto lo que nos lleva a la
reflexión sobre el tiempo como uno
de los ejes temáticos de su poesía, y en concreta de
este poemario.
No es casual que una de las llamadas externas sea la
de Octavio Paz, es decir,
la asociación más evidente con la palabra
“humanismo”, un humanismo
dialogante y crítico. También juega un papel
relevante la mención del poeta
Auden cuya dimensión ética es un paradigma del
humanismo solidario. No
digamos ya cuando Ángel González encabeza el
apartado de citas, en el relieve
del paso del tiempo, en la temática amorosa diversa
y cívica, con una escritura
con la esperanza como telón de fondo.
martes, 4 de junio de 2013
Los vampiros por F. Morales Lomas
Publico en Analecta Malacitana (Universidad de Málaga) el
estudio "El recurso al vampirismo en la narrativa actual. De Polidori a
Stephenie Meyer. Claves y fundamentos". Lo puede consultar en la siguiente
dirección:
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