domingo, 20 de mayo de 2012

TEATRO CANÍBAL: EL ENCUENTRO DE MORALES LOMAS

EL ENCUENTRO de F. MORALES LOMAS 
Primer Accésit del Premio de Teatro Moreno Arenas



Morales Lomas en el III Premio de teatro José Moreno Arenas




Las páginas críticas que puede leer a continuación pertenecen al estudio de
Juan José Montijano Ruiz, profesor de la Universidad de Granada, sobre la 
obra "El encuentro" del escritor F. Morales Lomas

Últimas representaciones del TEATRO CANÍBAL DE MORALES LOMAS


REPRESENTACIÓN EN OLVERA (VALENCIA)



El próximo viernes 14 de Octubre el grupo de teatro local, Traspunte Teatro presenta la obra “Valium 400″. La obra es un montaje original de la compañía basado en textos de F. Morales Lomas de su libro Caníbal Teatro.
Sobre la Obra:
Fiel al esperpento valleinclanesco y a la impronta del teatro del absurdo de Miguel Mihura, Caníbal Teatro reúne gran parte del teatro breve de F. Morales Lomas.
Un teatro que toma conciencia de la realidad, apretando las mandíbulas, aprisionando a su presa, deglutiéndola, saboreándola en el mayor refinamiento dramático. Bacanal mágica en la que todos somos devorados por todos,somos al mismo tiempo presa y cazador, en lo vorágine de la sociedad que nos ha tocado vivir. Nos hemos convertido en: caníbales culturales, caníbales afectivos, caníbales enamorados de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea.
Los personajes pasan de una situación a otra en clave de humor, recorriendo realidades y problemas de nuestros días: el paro, la inmigración…
Teatro: Valium 400
Compañía: Traspunte Treatro
Lugar: Casa de la cultura de Olvera
Fecha: Viernes 14 de Octubre


REPRESENTACIÓN EN CARCAR

http://www.villadecarcar.org/_recursos/doc/documentos/Teatro%20Falces.pdf


REPRESENTACIÓN EN NAVARRA


Centro Cívico Pedro Iturralde
Plaza de la Cruz, 2, Falces
organizador:
Categoría:
Fecha:
04 de noviembre del 2011 Viernes a las 21:30
05 de noviembre del 2011 Sábado a las 21:30 
Público:
Todos los públicos
En Halokestamos hacemos nuestras estas palabras de F. Morales Lomas al realizar este montaje. Queremos absorber la realidad y mostrarla en el escenario.
Pero nos encontramos con que nada es lo que parece: "Las cosas van cambiando; mas hay otros que dicen que se van disfrazando" Y cuando retiramos ese disfraz vemos que los ricos siguen siendo ricos y despreciando a los pobres; que hay hombres que maltratan a mujeres; que hay mujeres depredadpras de hombres para conseguir seguridades; que vas sano a un hospital y sales con lo que no quieres; que los feos tienen menos suerte que los guapos; que un catedrático tiene más dignidad que una auxiliar...
En fin, que aquí no cambia nada si no lo haces cambiar.

REPRESENTACIÓN EN DONOSTIA

"Canibal Teatro"

Tipo de Acto: Teatro
Protagonistas: Binahi S.L.
Fecha: 24-05-2010
Hora/Horario: 20:00
Lugar: Teatro Principal de Donostia (Antzoki Zaharra). Calle Mayor, 1, Donostia-San Sebastián (Guipúzcoa)
Idioma: Castellano
Precio: 3 €
XXIIª Muestra de Teatro Joven

sábado, 19 de mayo de 2012

GANADORES DEL PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA



Esculturas que se entregarán a los ganadores, sobre una obra de Andrés Alcántara, reproducidas por Escuela del Mármol de Andalucía

Siendo 12´00 horas del 14 de abril de 2012, en Málaga (España), se anuncia el  fallo del XVIII PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2012.

El Jurado, constituido por los escritores, críticos literarios, periodistas y profesores de Universidad Francisco Morales Lomas, Manuel Gahete, Antonio Hernández, Antonio Garrido Moraga, Antonio Enrique, José María Barrera, José Sarria, Rosa Díaz, José García Pérez, Paloma Fernández Gomá, Pilar Quirosa-Cheyrouze, José Antonio Santano, Juan Gaitán, Rafael Cortés, Alejandro Luque, Rafael de Cózar y Carlos Clementson, concede el XVIII PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA DE POESÍA a la obra Un Girasol flotante de Antonio Carvajal por su exigente diálogo con la tradición literaria, imprescindible para saber de dónde venimos y, sobre todo, hacia dónde vamos, siendo este poemario una profunda reflexión dialéctica sobre la creación artística, materia que el poeta engarza con precisión de orfebre en la filigrana del poema.
Antonio Carvajal (Albolote, Granada, 1943), es miembro de la denominada Generación del 70, habiendo obtenido el Premio Nacional de la Crítica. Es considerado uno de los nombres mayores de la actual poesía española contemporánea. Autor de una caudalosa obra poética iniciada con Tigres en el jardín (1968), Serenata y navaja (1973), Siesta en el mirador (1975),
Después que me miraste (1984) o Testimonio de invierno (1990), y culminada, hasta el momento, con las obras Los pasos evocados (2004), Diapasón de Epicuro (2004), Una canción más clara (2008), Cartas a los amigos (2009) y Pequeña Patria Huida (2011).


Igualmente, el Jurado ha decidido conceder el XVIII PREMIO ANDALUCIA DE LA CRITICA DE NARRATIVA a la obra Vidas prometidas de la que es autor Guillermo Busitil por entender que el citado libro de relatos es de una contemporaneidad indiscutible que mantiene el equilibrio entre el compromiso y la ética, siempre bajo la especie de la buena literatura. Hay que destacar que es la primera vez que un libro de relatos cortos obtiene el premio en la modalidad de narrativa.
Guillermo Busutil (Granada, 1961), es escritor y periodista. Ha publicado los libros de relatos Los laberintos invisibles, Confesiones de un criminal, Individuos S.A., Marrón Glacé, Drugstore, Nada sabe tan bien como la boca del verano y Moleskine. Desde 2007 dirige la revista Mercurio de la Fundación José Manuel Lara.


Finalmente, el Jurado ha considerado oportuno conceder el Premio Ópera Prima al libro de relatos Los que miran al frío, del cordobés Francisco Onieva, por su tonalidad lírica que no renuncia a la verdad narrativa, con su agridulce huella de dolor y ternura.


La entrega del premio, que se llevará a cabo en Córdoba el próximo 8 de junio, consisten en la entrega de sendas estatuillas creadas por el escultor, de fama internacional, Andrés Alcántara y reproducidas por la Escuela del Mármol de Andalucía. Los premios cuentan con el patrocinio y la colaboración del Instituto Andaluz de las Artes y las Letras (Consejería de Cultura-Junta de Andalucía), la Fundación Unicaja y el Ayuntamiento de Córdoba.

MOMENTO DEL FALLO DEL PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2012
Manuel Gahete (secretario de la AAEC), F. Morales Lomas (presidente de la AAEC), Manuel Jesús García Martín (Delegado Consejería de Cultura) y Francisco Cañadas (Obra Social Fundación Unicaja)


FINALISTAS DE NARRATIVA
 FINALISTAS DE POESÍA

REUNIÓN DE LOS JURADOS


OTROS MOMENTOS DE LA REUNIÓN
Antonio Hernández, María Isabel, Antonio Enrique, José Antonio Santano, F. Morales Lomas y J. García Pérez
Almuerzo día 14 de abril de 2012. Jurado del Premio Andalucía de la Crítica


viernes, 18 de mayo de 2012

Coordenadas de silencio de Genoveva Rodea por F. Morales Lomas





           Seguro que una novela no ofrece respuestas filosóficas, pero, como decía James Wood en Los mecanismos de la ficción, sí puede aportar la complejidad de nuestro tejido moral y, yo añadiría, conducirnos por unas horas (los del tiempo de lectura) por los entresijos de nuestras conductas, de nuestros miedos, de nuestras derrotas y de nuestras elucubraciones.
          Por supuesto que, también desde la novela, se puede edificar el operativo de los sueños y podemos observar cómo “la ambición, el poder, el ego y el misterio, mueven a menudo el mundo con mayor fuerza que las buenas intenciones”. Así lo constata la autora en el último capítulo. Y añade: “Se vive pendiente de alcanzar la seguridad y, sin embargo, es el vértigo por la pérdida del equilibrio lo que nos ayuda a mirar al frente y seguir adelante”.
          De sueños y vértigos, intrigas y enigmas, reconstrucción del pasado y mirada hacia la síntesis entre la fantasía y la realidad, la ficción y la vida nos alimentan los mecanismos ficcionales de Coordenadas de silencio (Ed. Quadrivium, Gerona, 2011) de Genoveva Rodea.
         No todo lo que parece (al menos en las primeras doscientas páginas) puede resultar axiomático. Pero también lo es que no todo en la fábula narrada tiene una vigencia meramente festiva o de pasatiempo. Hay un discurso que nos habla de la complejidad de la existencia y de nuestras respuestas ante las carencias o los desequilibrios del mundo en que vivimos que nos ayudan a la abstracción y a introducirnos en un ámbito de lo privado desde lo público de los hechos narrados.
           En toda novela hay, en términos de la Poética de Aristóteles, una fábula, o sea, una historia que ha de ser contada a través de un sistema de hechos que la hagan verosímil. La protagonista, Rebeca Soriano, una empresaria zaragozana se ve envuelta en un proceso de recuperación del pasado y el misterio que corteja la vida de su abuelo. Y en esta aventura la van a acompañar una serie de personajes… Lo que es algo anodino (la realidad: un viaje por motivos de trabajo), tras un fortuito accidente de moto, se convierte en algo extraordinario a través de una relación de contingencias que Genoveva Rodea va encausando sin solución de continuidad y con destreza, creando una tupida malla que mantiene el suspense hasta la última página. Esta es la fábula, pero si la serie de acontecimientos los dejáramos ahí, aunque la obra esté bien desarrollada, bien construida, bien organizada, no dejaría de ser sino una novela de tantas.
         Coordenadas de silencio proyecta un arcano que la hace novedosa frente a muchas obras que puedan leerse hoy día de misterio; y no por la sorpresa que toda historia de intriga y de suspense conlleva, sino por las reflexiones que van acumulándose y por la introducción de un submundo que amenaza con ahogar al mundo real, una organización de la gaviota insólita que acumula una serie de personajes con valor simbólico y antecedentes mitológicos como Hades, Cancerbero… que le dan al relato una proyección mucho más rica, más amplia que la meramente anecdótica que puede encerrar cualquier fábula, una función novedosa que le permite a la autora hablar de la relevancia del ser humano, de sus sueños, de sus ambiciones, de sus egos… como proyección de una realidad vivencial.
       Es una novela muy meditada en la que la autora ha invertido cuatro años y ese trabajo se percibe en pormenores y en la consistente construcción novelesca. Aunque el proceso de arquitectura narrativa es usual, la sorpresa adquiere señas de identidad hacia el final. Y les aseguro que nunca lograrán dar con ella por mucho que se empeñen. Las novelas de misterio juegan con el lector por diversas vías y sólo una será la correcta. Aquí no existen diversas vías sino un solo camino con afluentes que derivan hacia submundos. Pero este submundo es tan rico que sólo gracias a su comprensión entre líneas podemos comprender la dimensión de su universo.

Genoveva Rodea

         Una serie de sucesos encadenados van retroalimentándose linealmente desde el principio a lo largo de treinta y siete capítulos breves pero con dos elementos que crean una variante sorprendente desde los primeros compases: las líneas iniciales y las últimas que se presentan en cursiva. Las fechas son muy relevantes en este proceso: las primeras palabras pertenecen al 14 de diciembre de 2009. No sabemos quién las escribe, pero sí conocemos que no poseen la misma esencia narrativa que las que comienzan a contarse inmediatamente a partir del 11 de mayo de 2008, ya con letra redondita. En esas primeras palabras alguien dice: “os paso las pruebas”. Pero, ¿qué pruebas son éstas? ¿Las pruebas de una novela quizá? ¿Y esto qué sentido tiene? ¿Y qué es todo lo que está previsto que salga a la luz el 3 de enero? ¿Por qué el 2 se convocará a la prensa? ¿Para qué? Son preguntas que el lector no sabrá responder. Preguntas que desde el principio nos estaremos haciendo. Un primer eslabón con el misterio que no se resolverá hasta las últimas páginas con fecha 31 de diciembre de 2009, firmadas por una tal María.
       A partir de aquí, el resto de la acción novelesca acontecerá unos meses antes de ese escrito en cursiva inicial.  Rebeca Soriano, la empresaria protagonista, sale desde Zaragoza hacia S. Sebastián por asuntos de trabajo en moto y tiene un accidente. Al despertarse se halla atendida por un octogenario, Francis Leclerc, que la ha acogido en Villa Belza. El detonante de todo el proceso será la joya, una pieza antigua que lleva en el cuello Rebeca y reconoce que es un regalo de su abuelo el último día de su vida que, en el lecho de muerte, le preguntó: “¿Recuerdas todo lo que te enseñé sobre la libertad de poder ser lo que eres?” Le confiesa el abuelo que ha tenido un sueño y la Condesa le ha dicho que le dé la joya antes de morir. De pronto, a medida que vamos transmutando la anodina realidad por el buceo en el pasado, surge el misterio y esa transformación crea una atmósfera. El enigma comienza a hacerse patente (y de ahí ese comienzo de la narración) cuando el octogenario Francis Leclerc le advierte que hay una mansión de Biarritz, la casa maldita, que en su fachada tiene el mismo emblema que ella lleva en la joya. Esta confesión hace que Rebeca Soriano sienta interés en intentar tirar del hilo del arcano y, por tanto, del hilo de la fábula de esta obra. Desde esta situación se van conectando otras también recónditas que actúan como ámbitos que nacen pero no se cierran, con lo que el lector va abriendo una serie de puertas de la ficción, puertas misteriosas, que sólo se irán cerrando progresivamente a medida que avanza ésta, creándose una serie de eslabones de una cadena alimentada por el suspense que alimenta la intriga. Por ejemplo, otro de estos misterios es la forma en que encontraron en Málaga a su abuelo: Fray Julián, un capuchino octogenario, se lo había tropezado en la puerta del convento sin otro bagaje que una sábana.
       Genoveva Rodea va enlazando los elementos ficcionales misteriosos en breves escenas que son permanentemente intercambiadas y van generando una urdimbre ágil y suspendida que nos va animando la curiosidad de lectores. En determinados momentos se verá entreverada por breves secuencias del pasado que van revelando partes del enigma pero que, a su vez, van generando nuevas interrogaciones y nuevas preguntas. Por ejemplo, la aparición de Eduardo Dantés (en el capítulo 6).
        Crea adecuadamente la atmósfera para que siga creciendo el interés del lector a través del proporcionado tiempo narrativo de la intriga. En sus pesquisas, Eric, el nieto de Leclerc se convertirá en su guía por los caminos de la trama y será como una especie de escudero que le permite a través del diálogo hilar la construcción de la historia. Se ha dicho que el diálogo es la mejor manera de comunicarse con los lectores y, en esta obra, desde luego es la esencia de la misma. A través del mismo, se opera una constante presencia del proceso de investigación, que se irá complicando y del que, de pronto, aparecerá un elemento discordante que no se entenderá perfectamente hasta el final: Hades (cuyo reino en la mitología griega  es el de los muertos). Algunas situaciones secundarias irán conformando una obra que nos permite adentrarnos en un mundo oscuro a través de la valentía y los ojos curiosos de Rebeca Soriano, en busca de la memoria.
      Pero una ficción es un proceso creador que puede derivar hacia otros mundos, incluso hacia el propio mundo novelesco, convirtiéndose ésta en una tautología de sí misma, desde el momento en que vayamos descubriendo que el silencio crea el misterio y también la literatura, la novela. Una reflexión metaliteraria al cabo sobre el arte de la escritura que le permite decir a la escritora a través de uno de sus personajes: “No sé si esta novela gustará al público. No sé si creerán, si soñarán, ni si supondrán que son datos veraces o pura ficción; es la magia de escribir una novela: tejer una historia desde la verdad, la fantasía o, incluso los propios deseos o la denuncia”.
       ¿Qué querrán decir estas palabras? ¿Qué querrán decir aquellas palabras iniciales donde se advierte de que todo saldrá a la luz el día 3 de enero? ¿Acaso la literatura dentro de la propia literatura?
         El lector y la escritora tienen la palabra.

miércoles, 18 de abril de 2012

La mirada de Málaga de Alfonso Vázquez por F. Morales Lomas

Presentación del libro de Alfonso Vázquez (Ateneo de Málaga, 14 de marzo)

           El periodista Alfonso Vázquez y el fotógrafo Francis Silva han realizado un profundo y paciente trabajo de recopilación de información biográfica y fotográfica de las veinte familias burguesas por antonomasia de Málaga.
           Génesis, desarrollo y consolidación de sus miembros más ilustres y emprendedores. Un colectivo (en muchos casos allende nuestras fronteras) que, con sus luces y sus sombras, como dice Juan de Dios Mellado en la introducción, crearon riqueza y puestos de trabajo, sintiéndose cercanos al pueblo, y organizaron la vida de la ciudad durante dos siglos. Gran parte de las construcciones de Málaga de entonces, con sus palacetes y sus grandes casas señoriales, son debidos a ellos y, a caso, diríamos gran parte de la prosperidad o miseria de la ciudad durante muchos años. Porque es evidente que Alfonso Vázquez ha querido escribir un libro diferente y, desde mi punto de vista, benévolo con esas sombras a las que aludía Mellado al principio.
            En doce o trece páginas por familia logra una acertada síntesis, una instantánea, una imagen de época que les permite a los lectores adentrarse raudamente en la memoria histórica de un colectivo hacendoso y solvente. Su estilo es ágil, preciso, centrándose en aspectos claves de las vidas de estos malagueños ilustres pero también fiel a la anécdota, a las historias familiares tumultuosas o las desgracias que infelizmente acompañan a todo el mundo, sea rico o pobre.
           La Málaga del siglo XIX se despierta en realidad en 1831 cuando asesinan a un grupo de liberales con Torrijos a la cabeza en las playas del Bulto. Los intentos revolucionarios se suceden en los cuarenta, alcanzando Málaga el título de “la primera en el peligro de la libertad”. En los 70 de ese siglo se declara el cantonalismo y se suceden los asaltos revolucionarios. En ese magma, gracias a muchas de estas familias, fundamentalmente la familia Heredia y los Larios, Málaga llega a convertirse en pionera en la revolución industrial y primera ciudad industrial de España, cediendo el puesto más tarde a Barcelona, pero no dejando el segundo durante tiempo.
          La génesis de esta industrialización se debe en gran parte a estas familias (y por supuesto a los malagueños de a pie, no nos olvidemos de ellos) que en una época tan temprana emprendieron un camino de progreso económico. Será hacia finales del siglo XIX y principios del XX cuando esta situación sea más sugestiva, con la familia Cánovas del Castillo y los citados Larios y Heredia, los Loring, los Krauel, los Huelin, los Gross… y después los Souvirón, los Bolín… cuando se consolida esta frenética actividad comercial, textil, vitivinícola… que situará a Málaga a la cabeza de la producción de hierro y en determinados momentos en los primeros puestos del textil. Se crea el Banco de Málaga, la Cámara de Comercio, se comienzan a construir vías férreas…
        Uno de los burgueses más hacendosos, sin duda, fue Manuel Agustín Heredia, que llegó a convertirse en el hombre más rico de España desde un origen humilde. Siendo dependiente de una de casa de comercio, la Guerra de la Independencia le permitió hacer negocios extrayendo y exportando grafito de Marbella. Después vendrían múltiples actividades como el abastecimiento de presidios, la fabricación de azúcar, la ferrería La Constancia en las playas de Huelín…
          No anda muy lejos la familia Larios, una familia modesta de un pueblo de Soria a unos cuarenta kilómetros de Logroño, cuya génesis en Málaga es  de principios del XIX cuando Pablo Larios de las Heras se establece con sus cinco hijos para hacer fortuna. El textil, con la Industria Malagueña, sería el gran instrumento de enriquecimiento de esta familia, pero también los seguros marítimos y terrestres, la fabricación de sal, el negocio de las bodegas, una sociedad de vapores… que llevaron a Martín de Larios y Herreros a convertirse en el marqués de Larios en 1865, título concedido por Isabel II.

       Desde Boston llegaron los Loring, y entre ellos el más destacado Jorge Loring Oyarzábal que nació ya en Málaga y estudiaría ingeniería. Participa en la creación del Banco de Málaga, en la construcción del Hospital Civil, responsable de la recuperación del patrimonio arqueológico… En esta saga llama la atención Amalia Loring Heredia que contrajo matrimonio con el líder de los conservadores españoles tras el asesinato de Cánovas, Francisco Silvela.
         Por supuesto que entre todas estas familias, a lo largo del siglo XIX y más tarde durante el siglo XX, se produjeron todo tipo de alianzas matrimoniales con objeto de aunar las respectivas herencias en pos del mantenimiento de un estatus social y unos privilegios que estaban en el signo de los tiempos y mantendrían su poder político y económico durante más de un siglo. Así, por ejemplo, Jorge Loring Oyarzábal se casará con Amalia Heredia Livermore, hija del empresario Manuel Agustín Heredia e Isabel Livermore. Y dos hijas de Federico Grund, Trinidad y Julia Grund Cerero de Campos, se casarán con dos hijos de Manuel Agustín Heredia: Manuel y Tomás.
        La necesidad de construir zonas populares, le llevó a Eduardo Hueling Reissig (de la nobleza hugonote normanda y conocido como El Brillante) a edificar el barrio que lleva su nombre, aplicando alquileres bajos. El más famoso de toda la saga fue el citado Eduardo, que construyó una fábrica de azúcar y un negocio de gorras y sombreros.
       Pero es sin duda Antonio Cánovas del Castillo el referente político máximo de todas estas familias al alcanzar la  jefatura del gobierno de la nación. Nacido en Málaga en 1828, pronto alcanzó buena génesis por su matrimonio con Matilde, una hija de Manuel Agustín Heredia, y la apertura del escritor y primo Estébanez Calderón.
      La medicina siempre estuvo asociada a los Gálvez en Málaga, sobre todo el famoso José Gálvez Ginachero, del mismo pueblo de la familia Larios. Inicialmente le abriría las puertas de la ciudad Manuel Agustín Heredia. Su nombramiento de alcalde en los años veinte le permitió redactar el Plan General de Grandes Reformas de Málaga que comprendía reformas bienhechoras para los ciudadanos como la traída de aguas o el alcantarillado, pero también fundó las escuelas del Ave María… A los cincuenta años de su muerte, en 2002, la diócesis de Málaga volvió a dar vida al proceso de beatificación de este ilustre malagueño.
      Los alemanes tienen su lugar en Málaga con el apellido Gross, que pronto se convierte en sinónimo de bodegas, inversiones en bolsa y negocios de aceites… gracias a la empresa Federico Gross y Cía. Su alianza más importante se produce con el banquero Adolfo Pries Sanites con cuya hija se casa Teodoro. Los negocios de grandes almacenes como el del Bulto y su visión moderna del comercio les abrirían caminos productivos, convirtiéndose en proveedores del presidente de los Estados Unidos de México. Uno de sus últimos vástagos en tener una trascendencia política es Bernardino León Gross, secretario de Estado de Asuntos Exteriores y Secretario General de la Presidencia del Gobierno con el PSOE.
       Pero son muchas más las familias de las que escribe Alfonso Vázquez: los Bolín, navegantes, joyeros, aventureros y políticos; los Caffarena, de vinateros a expertos en la edición o la farmacopea; los Creixell, unidos a la información y la edición, con la creación en 1886 de la Unión Mercantil; los Crooke, con el negocio de los vinos y los licores; los Grund con su labor metalúrgica y asistencial; los Krauel, y su tradición vinatera continuada en Málaga en 1875; los Muñoz Rojas, que descienden de los Rojas que tomaron con los Reyes Católicos la ciudad de Antequera: destaca el poeta y narrador José Antonio Muñoz Rojas, fallecido hace poco; la familia Oliva, médicos, abogados y personajes de las cultura; los Pérez Estrada, abogados, pintores y poetas desde que llegaron a Málaga a finales del XVIII y relacionados familiarmente con los Souvirón, los Bryan y los Livermore; la familia Scholtz que abrieron unas bodegas en Málaga en 1807 y se convirtieron en las más importantes; la familia Souvirón con el comercio de tejidos y sus actividades como abogados, llegaron a ser apoderados de los marqueses de Larios; los Taillefer, con los que surgieron centrales eléctricas, madereras y cadenas de montaje de automóviles y coches; y, finalmente, los Temboury, que desde Francia llegaron para albergar riqueza gracias a las ferreterías, los negocios textiles y la recuperación arquitectónica.
          Historias truculentas como las desgracias de la familia de Trinidad Grund,  historias tiernas, significativas y apasionantes, anécdotas jugosas, datos históricos y comportamientos familiares, alianzas y filias y fobias se unen en este compendio ilustrativo de una sociedad poderosa que llevó los destinos de Málaga durante generaciones. En unos casos liberales, en otros conservadores y en otros progresistas, muchos se adaptaron al signo de los tiempos y jugaron las cartas que creyeron conveniente en cada situación. Pero lo cierto es que al día de la fecha todavía muchos de ellos mantienen un estatus económico y político aunque sin llegar a la preponderancia de finales del XIX y principios del XX.
       Un obra importante para la ciudad y atractiva por su valor de cuadro de época y de compendio brillante de un periodo de la historia malagueña.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Acercamiento a la narrativa de José Luis Sampedro por Morales Lomas

Con motivo del Homenaje que el Ateneo y la Universidad de Málaga hemos llevado a cabo sobre José Luis Sampedro les quiero hacer partícipes de un escrito que pronuncié sobre su narrativa. Es sólo una síntesis de una gran obra.

José Luis Sampedro, Diegro Rodríguez Vargas, María Isabel Calero y F. Morales Lomas


     Quizá sean la estulticia y la brutalidad los escenarios humanos que más le han conmovido a José Luis Sampedro, y junto a ellos la alegoría con sus puertas, objeto de vida y pálpito de una transitoriedad necesaria. 
       Dieciséis obras narrativas que estremecen y emocionan, un mundo novelesco coherente en el que el amor, la vitalidad, la comunicación, la solidaridad y los grandes principios que han forjado nuestra creencia en esa bonhomía o maldad del ser humano han estado presentes. Dieciséis perspectivas, dieciséis mundos desde Congreso de Estocolmo (1952) hasta Cuarteto para un solista (2011) con Olga Lucas.
      La visión humorística y crítica llega desde esa obra inaugural pero también la percepción de la naturaleza como espacio no resuelto y como sabiduría y vitalidad conquistada que corre pareja al amor del personaje y sus ansias de vivir.
         Siempre ha dicho José Luis Sampedro que su narrativa es el viaje hacia sí mismo. Un viaje que, en el guilleniano El río que nos lleva, precisa de esa relación de lo individual y lo colectivo. Paisaje de los madereros en el torno de los mundos propios e imaginarios de Paula y Shannon, en una soledad bipolar de naturaleza y cultura.        
         Considerado como escritor furtivo, desde una supuesta marginalidad construye una obra acopiada por lo auténtico, como sucede en Octubre, octubre (acaso su obra más ambiciosa), magma babélico de indagaciones, reflexiones certeras y suculentas vidas que van y vienen en un ciclo arácnido, como en esa malla alambicada de la existencia, donde el collage se organiza sobre las esencias de la enumeración desequilibrada y la alternancia o la oposición de motivos, o la morosidad de la teoría del conocimiento propuesta y esta toma de conciencia personal, de lucidez en el espeso paisaje del recuerdo de una formularia y falsaria educación, siempre superada por el descubrimiento de la realidad. Una novela también ávida de sí misma, de perspectiva y de reflexiones sobre la creación, como en tantas otras obras suyas.
       El mundo de Sampedro está como “fronterado”.  Con palabras se construyen las puertas y ventanas de la literatura, como en La sonrisa etrusca, y ese símbolo de la mueca de los esposos que connota la existencia dual del protagonista entre el pasado y el presente, la memoria y la actualidad, lo agrario y lo urbano…, y donde la novela crece sobre el filo mismo de la realidad y la ficción mientras Salvatore reconstruye su enigmático mundo.  
        Aranjuez y El Real Sitio fue decisivo para su vida y por eso ha permanecido siempre en el corazón de su novela, a través de los sucesos yuxtapuestos de un pasado que aspira a ser futuro concedido, porque la humanidad avanza en espiral o en círculos concéntricos, como dijo en su discurso académico.
       Y La vieja sirena, adicción a lo fronterizo, paisaje histórico de una Alejandría que quiere ser descubierta por esa amante de Ahram y Krito. Una civilización de fronteras, no sólo fronteras espaciales sino temporales. Pero fronteras para ser franqueadas, trascendidas, invitaciones a la posesión
       Y al final siempre la dignidad del hombre, el dar sentido humano a cuanto le sobreviene. Ésa es la obra y éste el hombre: José Luis Sampedro. Muchas gracias.


jueves, 23 de febrero de 2012

LA POESÍA DE GABRIEL CELAYA POR MORALES LOMAS

Surrealismo, Realismo social y Poesía Órfica



        El año pasado se cumplió el centenario del nacimiento de Celaya y el vigésimo desde su muerte el 18 de abril de 1991. Es un buen momento para recordar su poesía y la amplitud y generosidad de su obra que llegó a más de cien títulos.
        Pero, ¿qué nos puede transmitir la poesía de Gabriel Celaya a los lectores del siglo XXI?
         La evolución histórica de la lírica nos ha ilustrado suficientemente sobre la idea de que escritores de uno y otro signo han sido olvidados con absoluta impudicia o reivindicados con plausible querencia según el signo de los tiempos, las modas o los hábitos lectores.   Ha sido una dinámica histórica habitual y reiterada. Por ejemplo, Jorge Manrique desapareció durante un periodo amplio y después llegó Antonio Machado para recordarlo en la cúspide poética como un clásico; y Luis de Góngora, desde mediados del XVIII hasta principios del XX, que lo recupera la Generación del 27, estuvo desaparecido de la historia literaria.
          Entiendo que en los momentos actuales, con una profunda crisis no sólo económica sino social y de valores con la que se corre el riesgo de retroceder históricamente en todo lo conquistado, se ha vuelto la mirada hacia escritores que en su momento fueron guías de una época y expresaron el compromiso del poeta hacia sus compatriotas y en beneficio de una sociedad acosada. Durante los años cuarenta Jean Paul Sartre reivindicó la figura del intelectual comprometido ética y estéticamente en la praxis. Había en la literatura española un modelo que se adelantó a los presupuestos teóricos de Sartre, Miguel Hernández, y a él durante los años cincuenta siguieron otros como Celaya, fiel continuador de aquella figura.

          Recientemente el Manifiesto de Antequera (2012), que firmamos cerca de sesenta escritores andaluces, trataba de dar una respuesta del intelectual a los desafíos de la sociedad contemporánea. Se defendía la dimensión utópica de la cultura como una bandera para preservar y perfeccionar la sociedad del bienestar frente a todos aquellos poderes que quieren abolirla y se advertía que la crisis y la sagrada contención del déficit suponía una formidable coartada para acabar con el pensamiento crítico; también se reclamaba  la cultura y la educación como derechos inalienables de la ciudadanía que impedían su desmantelamiento dejándola en algo residual.

         Pues bien, toda esta visión crítica del momento actual conecta con la poesía de Gabriel Celaya, que adquiere  así nuevos alcances y una dimensión renovada que nos ha traído a la memoria y a la lectura de nuevo al escritor que desde un compromiso histórico-social empleó la poesía como un instrumento de reivindicación benéfico y transformación del statu quo del momento: la poesía como arma cargada de futuro, la poesía para transformar la sociedad.  Gabriel Celaya se consideraba un obrero del verso. Pero yo diría que Celaya era sobre todo un orfebre del verso.
           Sin embargo, creo que sobre Gabriel Celaya se ha creado sólo una visión unidireccional y parcial, pues como han dicho algunos no sólo escribe poesía social puesto que encarna una gran síntesis de todas las preocupaciones y estilos que forman la poesía del siglo XX. Asimilarlo a la reivindicación social forma parte de la lógica histórica pero si nos quedamos ahí corremos el riesgo de no entender un mundo poético más amplio, complejo y heterogéneo. De hecho, el propio Celaya dijo en su momento que existe una tendencia a reducir la obra del escritor al tópico: «La desgracia de un escritor consiste en que se le suele encasillar muy pronto, y diga lo que diga o escriba lo que escriba, a partir de ese momento, sólo se le ve según una leyenda o según un esquema simplista».
Celaya, Amparo Gascón y Rafael Alberti
          Gabriel Celaya hizo poesía social, ¿quién lo duda? Pero la poesía social no es sólo poesía protesta o poesía política, lo importante es comprender que el poeta produce un poema y las poéticas estudian las condiciones del poema. El poema, para el poeta, no es un fin, el poeta tiene que escribir pensando que la poesía no se acaba en el libro. Celaya pensaba que el poeta debía ser un portavoz de los demás, considerados como sus compañeros, y el poema debía ser entendido como algo que los demás escribirían y entenderían: la gente debe hacer suyos los poemas porque el poeta siente lo ajeno como lo propio. El acto poético, por tanto, sólo se produce cuando el lector que está leyendo unos versos los considera como propios y como tal los podría haber escrito. El poeta social debe sentirse el uno con el otro porque piensa que la poesía eres tú, lector. Eso es la poesía social. El pensamiento en el lector como un instrumento fundamental. Y entre los grandes guías de esta línea de pensamiento debe situarse también la poesía de Antonio Machado, uno de los grandes maestros, una bandera estética, una poesía lisa, llana, sencilla, directa, que busca a la persona, como le gustaba a Celaya, que lo consideró siempre uno de sus maestros. Pero también en su poesía está presente Bécquer y San Juan de la Cruz de quien afirmó que fue uno de los mejores poetas de la literatura española.
         Celaya en su obra prefiere hablar de la eficacia del poema para llegar al lector, y no de la belleza. ¿Qué es belleza?, se pregunta. El poeta tiene una responsabilidad moral. El poeta tiene una obligación hacia los demás: «Nada me parece tan importante como el buscar el contacto con las capas sociales abandonadas. Hay una masa inmensa a la que hay que buscar y promover hacia la poesía y la cultura. No haciendo una poesía mala o rebajada, sino una poesía auténtica». Al pueblo, decía Celaya, hay que darle lo mejor pero hay que ayudarlo a que lo absorba y se sienta cautivado por ello. El poeta es un portavoz de ese pueblo. Pero no debe entenderse esta poesía sólo como política, aunque también la hubo. La literatura social no es una literatura política. Lo fundamental en la poesía, decía Gabriel Celaya, es la identificación de ésta con el lector: la poesía eres tú (el lector), con el que el poeta establece un diálogo, pero sobre todo, lo fundamental es su vibración interior, eso que hace que ésta contagie definitivamente al lector que hace así suyo el poema.
        A veces esta consideración de su poética, a nuestro entender, le ha hecho perder su imagen real, la de un poeta completo en todos los sentidos. Es cierto que el propio Rafael Celaya contribuyó a difundir esta visión cuando, al referirse a la dimensión social de la poesía, afirmaba que había escrito una poesía que ayudara a vivir y, en consecuencia, “toda poesía es social”. Cantautores como Paco Ibáñez se encargaron de popularizar esta visión socializadora y, a partir de la Transición, desde la izquierda también se reivindicó ésta. Pero dejar su poesía en Cantos iberos (1955) o De claro en claro (1956) es no entender que antes de Gabriel Celaya había escrito Rafael Múgica, en 1935, Marea de silencio, a la que siguió con La música y la sangre (1934-1936), La soledad cerrada (1947), De movimientos elementales (1947) u Objetos poéticos (1948).

           Y a Rafael Múgica, el poeta burgués, le seguiría su doble, su alter ego, Juan de Leceta, a partir de 1944 con obras como  De avisos de Juan de Leceta (1944-46), Tranquilamente hablando (1947), una poesía ya existencial, en la línea de la corriente poética del momento. Y, en esa riqueza y pluralidad de su lírica, también hay una faceta centrada en el terruño y la tradición vasca y su ahondamiento profundo. Así se manifiesta en Rapsodia euskara (1960) y Baladas o decires vascos (1961-1963), por traer un ejemplo.  E incluso, en los años sesenta, cuando se pone de moda el realismo mágico, Celaya asumirá esa tendencia con Los espejos transparentes o el experimentalismo con Maquinaciones verbales (1969) y Campos semánticos (1971). Y más adelante, a partir de la Transición escribirá una  poesía a la que llamó como lírica órfica, en la que defendía que todos vivimos unos con otros, con una conciencia claramente humanista. Decía Celaya: «Vivimos con plantas, con animales, con el clima… esto lleva también a una conciencia órfica, ecológica, una conciencia cosmológica, nuestra tierra es algo pequeña, cuando miramos al cielo nos damos cuenta de que somos poco y todo depende de todo.  Ha cambiado la sociedad, y por tanto, no tiene razón de ser hablar de poesía social tan abiertamente. La poesía social fue impuesta por la falta de sociedad, después de la Transición ya no hacía falta». En su nueva etapa a partir de la Transición, en Poemas órficos (1981) se centra en el inconsciente colectivo, los mitos y las fábulas de la antigüedad. Hay una consciencia cósmica, órfica… que tendría el peligro de derivar hacia el misticismo, pero él insiste en que no habla de mística sino de ciencia, la ciencia atómica…    De hecho hay un poema que se llama el Big Bang. Lo que le interesa en esos momentos es hablar de la concepción de la vida como algo cíclico. En consecuencia, el ritmo de la poesía, el ritmo de la vida es lo trascendente.  Parte del principio de que la poesía está influida por la concepción de la vida y del mundo que se tiene en cada momento y en ése lo que toca es una lírica órfica, en la que sustituye la metáfora por el razonamiento poético, volviéndose más discursivo: «Con la edad se hace uno más discursivo”, decía. En Penúltimos poemas, se puede leer “Hasta la muerte llega lentamente…», donde hay ya un pesimismo existencial y una presencia de la muerte a la que se siente cada vez más cercana, pero aceptada.
        La poesía de Gabriel Celaya no anduvo, por tanto, aferrada solamente al ideal del escritor comprometido en la estela de Miguel Hernández o el compromiso satreano, un escritor en el que se aúna la idea, la palabra, el verso y la acción, la praxis, sino que es una poesía más dilatada, más profunda, más totalizadora y generosa con el lector, en la que el cosmos, su tierra, la impresión de que somos mucho más que aquella lucha por conservar el hombre y su mundo está siempre presente.
        Gabriel Celaya nació en Hernani el 18 de marzo de 1911 y después se trasladó a San Sebastián. Su padre, Luis Múgica Leceta, aunque de origen humilde, llegó a tener una empresa industrial de importancia. Eran gente soberbia y seguros de sí mismos los Múgica, con una inteligencia natural, hombres hechos a sí mismos. Su madre, Ignacia Celaya Cendolla, pertenecía a una clase más alta que los Múgica: músicos, médicos y aventureros. Los Celaya tenían muchas pretensiones, pero económicamente se vinieron abajo. Sus padres estaban en contra de que fuera escritor, puesto que desde que nació querían que fuera ingeniero industrial y cuando dijo que quería estudiar Filosofía y Letras tuvo grandes problemas. Su madre, de hecho escondía los libros en el colchón, según ha relatado en algún momento: “Fueron de una crueldad terrible”.
         Su vida fue la de un niño corriente hasta los doce años. Era un niño alegre y divertido. Cuando iba al pueblo los otros chicos le llamaban “cascalete”, porque era muy alegre. De joven era un chico estudioso pero disparatado que realizó su enseñanza en el Colegio del Pilar de los marianistas. A los doce años se les ocurrió a sus padres que estaba enfermo (unas fiebres misteriosas), y dejó de ir al colegio puesto que habían decidido que tenía que ir  a Francia, a Pau, sólo con su madre, para curarse. Perdió el contacto con sus amigos durante dos años, y le costó mucho recuperarlo. En algún momento, algo hiperbólicamente, ha dicho que hasta el 46 (a los treinta y cinco años) no lo recuperó definitivamente.
        En los años 20 se aleja a Madrid, a la Residencia de Estudiantes, donde iban los hijos de la burguesía progresista del país. Después siguió siendo ese joven burgués ajeno a la vida y, tras un largo paréntesis de absoluto silencio que va desde los doce hasta los treinta y cinco años, siguió fiel a ese statu quo hasta que llegó Amparitxu (Amparo Gastón), que le enseñó cómo sentían los obreros (así lo dirá él mismo) y con la que funda la colección de poesía Norte, «un puente tendido por encima de la poesía oficial hacia los entonces olvidados poetas del 27, hacia la España peregrina y hacia la poesía europea, de la que el autarquismo cultural, y la dificultad de hacerse con libros extranjeros, nos tenía separados desde el fin de la segunda guerra».

            Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta era su nombre. Al principio, con el nombre de Rafael Múgica, un escritor burgués, un ingeniero industrial, que conoció en la Residencia de Estudiantes de Madrid a Lorca, Alberti, Juan Ramón Jiménez… un poeta que durante la República, a los 24 años, publicaría su primera obra, la de un poeta surrealista que también pintaba imitando a Giorgio de Chirico. Ya en la Transición dirá en Reflexiones sobre mi poesía (1987) que su etapa surrealista nunca fue considerada pero fue intensa y determinante.
           Conoció por entonces a Neruda, que le corregiría algún poema. Y del que dirá en Cartas boca arriba: “Te escribo desde un puerto./ La mar salvaje llora./ Salvaje, y triste, y solo, te escribo abandonado./ Las olas funerales redoblan el vacío”. Después, desde el 36 al 46 no publicó nada, recluido en su trabajo como ingeniero industrial. Andaba perdido y renunció a publicar. Fue en la posguerra cuando surge Juan de Leceta, un poeta existencialista que se incardina en la poesía de época, pero será a partir de los treinta y cinco años, el 8 de octubre de 1946, en que aparece Amparitxu y su vida cambia radicalmente afiliándose al partido comunista de la mano de Jorge Semprún, que fue quien lo introdujo.
          Con Amparo Gascón fundará una editorial de poesía y sería ella quien salvó su poesía y salvó su vida, como ha dicho en más de una ocasión. Surge definitivamente el poeta Gabriel Celaya y abandona todo lo anterior, con Juan de Leceta y con Rafael Múgica. Gabriel Celaya, dirá, que a partir de estos momentos se sentirá ya un hombre libre. Rompe con la empresa en la que trabajaba como ingeniero, en donde, por cierto, en una ocasión le habían dicho que un ingeniero que escribía versos rompía el crédito de la misma. Decidió dedicarse definitivamente a la literatura, su verdadera pasión: «Gabriel Celaya, la nueva personificación del literato, derrocó de un solo golpe de audacia al ingeniero Múgica y al poeta Leceta, suplantó simultáneamente al ciudadano empadronado y al personaje anterior. Gabriel Celaya ya no va a ser sólo otro escritor, sino también otro hombre real», dirá Ángel González.
          Intentó el contacto con la poesía del 27, con Vicente Aleixandre, el contacto con sus amigos del norte y con la poesía extranjera de muy conocidos poetas pero desconocidos por los escritores de entonces. Había muchas revistas de poesía y se hicieron con un fichero de cuatrocientos suscriptores con los que cubrían los gastos de la editorial. Por entonces estaba Cántico, Espadaña, Proel, Sobre Literario, Verbo… un gran número de revistas y de escritores con los que entrará en contacto y rompe con el garcilasismo, la poesía oficial del momento, comenzando a relacionarse con Eugenio de Nora, que seguía otros postulados completamente diferentes.

          En los años cincuenta publica  Las cartas boca arriba (1951), Los demás es silencio (1952), Paz y concierto (1953-53), Vía muerta (1954), Cantos iberos (1955), Entreacto (1957), Poesía urgente (1957) … y comienza su presencia en la vida cultural del país como principal impulsor de la poesía social junto a Nora y Blas de Otero. Años después diría Hierro que Celaya era el que mejor representaba la poesía realista y crítica.  En ellas recupera el noventayochismo, el coloquialismo  y la poesía oral con una visión revolucionaria evidente, el antiformalismo, la escritura con rasgos cotidianos y familiares toman el poema que se asienta definitivamente en la realidad. Una poesía sincera que siente la vida: el olor de la ropa, el beso que se dan dos amantes, el día a día…, hablar con la naturaleza, expresar con palabras la emoción del mundo. Pero también poesía como medicina para el alma, que diría García Cueto: “Poesía para el pobre, poesía necesaria/ como el pan de cada día,/ como el aire que exigimos trece veces por minuto,/ para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica”. Gabriel Celaya no hará una poesía social desde los temas sino desde las actitudes y pone su visión hedonista y vitalista al frente de todo el proceso escritural. En ella deja a un lado sus penas personales para ocuparse de las demás, establece un diálogo con ellos desde su condición solidaria.
       A ellos seguirán Los poemas de Juan de Leceta (1961), Versos de otoño (1963), La linterna sorda y dos cantatas (1964); y otras obras como la novela Los buenos negocios (1965), historia de una empresa vasca cuya historia le trajo como consecuencia que se enfadaran todos con él, le quitaron la pensión de la fábrica y le amenazaron con llevarlo a los tribunales; también publicará Los espejos transparentes (1968), Canten lo mío (1968), son dos libros reunidos en un solo volumen sobre lo vasco…
       En los setenta y ochenta publicará El derecho y el revés (1973), Itinerario poético (1975), Buenos días, buenas noches (1976), Iberia sumergida (1978), Penúltimos poemas (1982), El mundo abierto (1986) y su último libro fue Orígenes (1990).
        Será en 1986 cuando se le reconocerá su obra con el premio Nacional de las Letras Españolas.
       
                                               BIOGRAFÍA

No cojas la cuchara con la mano izquierda.
No pongas los codos en la mesa.
Dobla bien la servilleta.
Eso, para empezar.
Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.
¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.
Eso, para seguir.

¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?
La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.
Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas.
Eso, para vivir.

No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.
No bebas. No fumes. No tosas. No respires.
¡Ay, sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.
Y descansar: morir.

      



viernes, 17 de febrero de 2012

FINALISTAS DEL XVIII PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2012

5 de febrero de 2012

Tras la votación llevada a cabo por más de un centenar de miembros de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios durante el mes de enero han sido elegidos como finalistas los escritores y escritoras relacionados.
El Jurado del Premio Andalucía de la Crítica formado por veinte miembros entre profesores de Universidad, escritoras y escritores, críticos literarios y periodistas se reunirá los próximos días 13 y 14 de abril en la ciudad de Málaga para proceder a elegir entre estos finalistas a los ganadores o ganadoras de los premios de narrativa y poesía de este año.

Los premios cuentan con el patrocinio y la colaboración del Instituto Andaluz de las Artes y las Letras (Consejería de Cultura-Junta de Andalucía), la Fundación Unicaja y el Ayuntamiento de Córdoba.

A los ganadores/as se les entregarán sendas estatuillas creadas por el escultor de fama internacional Andrés Alcántara (http://www.andresalcantara.com) y reproducidas por la Escuela del Mármol de Andalucía.
Los premios se entregarán en Córdoba con motivo de COSMOPOÉTICA. Al mismo tiempo se llevará a cabo un homenaje al escritor cordobés José de Miguel.

Narrativa

1. El espía de Justo Navarro, Editorial Anagrama.
2. Nada del otro mundo de Antonio Muñoz Molina, Ed. Seix Barral.
3. Una sirena se ahogó en Larache de Sergio Barce, Ed. Círculo Rojo.
4. Los que miran el frío de Francisco Onieva, Ed. Renacimiento.
5. El gnomón y el péndulo José Ruiz Mata, Ed. Alhulia.
6. Vidas prometidas de Guillermo Busutil, Tropo Editores.
7. La soledad del azar de Juan Cobos Wilkins, Ed. Almuzara.

Poesía

1. Un girasol flotante de Antonio Carvajal, KRK Ediciones.
2. En el corazón del signo de Francisco Basallote, EH Editores.
3. El intérprete infiel de Manuel Jurado  López, Ed. Ánfora Nova.
4. Al pie de la letra de Víctor Jiménez, Ed. La Isla de Siltolá.
5. Retablo de cenizas de María Sanz, Ayuntamiento de Alcalá de Henares.
6. Cibernáculo de María del Valle Rubio, Ediciones Vitruvio.
7. Romances del crepúsculo de Enrique Morón, Ed. Port Royal.
8. Sobre la oscuridad de Dolors Alberola, Ed. Rumorvisual.
9. Donde la hoguera de Inmaculada Moreno, Ed. Hiperión.

La creación literaria y el escritor

La creación literaria y el escritor
El creador de libros, pintura de José Boyano