jueves, 7 de noviembre de 2013

BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES DE F. MORALES LOMAS POR FERNANDO DE VILLENA


Un amigo, Antonio Enrique, F. Morales Lomas, José Antonio Santano, Pilar Quirosa-Cheyrouze y Fernando de Villena


            BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES 

FERNANDO DE VILLENA

                Ha corrido mucha tinta sobre el ajusticiamiento del valido Rodrigo Calderón  desde que don Francisco de Quevedo escribió sobre el asunto su obra “Grandes anales de quince días”. Fue aquel uno de los momentos más dramáticos de esta nación donde tantos momentos dramáticos han existido. Hoy, el escritor Francisco Morales Lomas ha dedicado una interesante novela al tema con el título de “Bajo el signo de los dioses” (Alcalá Grupo Editorial, 2013).
                Conozco a Morales Lomas desde que cursamos juntos la carrera de Filología y puedo asegurar que es un hombre dotado de una capacidad de trabajo intelectual asombrosa. Cuenta en su haber otras seis obras de narrativa, numerosos poemarios y diversos libros de ensayo. A mi juicio, es el crítico que mejor conoce cuanto se ha escrito en los años de la Democracia y posiblemente el único que podría poner orden en ese inmenso bosque escribiendo un manual que sirviese de aguja de navegación a estudiosos y lectores.
                En “Bajo el signo de los dioses”  Morales Lomas plantea con distanciamiento aquellos hechos históricos e intenta que la exposición novelada de los mismos resulte útil al lector de hoy. Claro que esos hechos históricos que se nos cuentan se asemejan bastante a los que se viven en la España de hoy: la misma corrupción, la misma impunidad, la misma estrategia de que un personaje secundario pague todos los platos rotos por los demás…
                Morales Lomas conoce la época con erudición apabullante. No en balde fuimos alumnos o tratamos a profesores como Emilio Orozco, Nicolás Marín o Antonio Gallego Morell. Ese conocimiento exhaustivo le permite novelar con precisión y soltura todo un periodo de la historia de España, porque el narrador no se limita a contarnos la vida de Rodrigo Calderón, sino que nos ofrece un amplio friso de hechos colaterales que nos llevan a comprender mejor cuanto ocurrió bajo el reinado del pío Felipe III.
                Pero es que, además, la novela de Morales Lomas constituye toda una aventura de lenguaje y una fiesta de amenidad. Enfoca el libro el autor con una perspectiva manierista de partes en apariencia independientes, pero interrelacionadas. Arranca con la tercera persona narrativa y la retoma al final, pero durante casi todo el texto cede la voz en primera persona a diversos personajes históricos como el propio don Rodrigo o como Miguel de Cervantes y a otros personajes inventados que van ofreciendo su visión de cuanto sucede. No faltan algunas ráfagas de humor ni la inclusión de poemas de la época ni tampoco algunos guiños al lector atento pues Morales Lomas nos presenta, por ejemplo, en la trama a escritores amigos suyos como es el caso del poeta Ricardo Bellveser, a quien lo hace figurar en la Academia de los Nocturnos como uno más de los ingenios valencianos del Siglo de Oro. Y no sólo convierte a Cervantes en personaje importante de la narración, sino que también le toma prestados algunos personajes de sus obras y los trae a su novela, como es el caso del alférez Campuzano de “El casamiento engañoso”.
                A veces, la novela nos recuerda los “Avisos” de Pellicer por la manera en la que se nos van presentando las noticias. En otras ocasiones aflora el Morales Lomas poeta, y el lenguaje entonces se colma de belleza con sinestesias tales como “algarabía luminosa de los almendros” o con hermosas metáforas y símiles como “Los rigores del invierno (…) cayeron sobre él como noche sin alma”.  Una novela, en suma, muy trabajada de principio a fin.


                                                                                                             




CORRUPCIÓN Y NARRATIVA (SOBRE BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES DE F. MORALES LOMAS) POR L. ESPEJO REQUENA

RESEÑA DE LUIS ESPEJO REQUENA, "CORRUPCIÓN Y NARRATIVA" (SOBRE BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES DE FRANCISCO MORALES LOMAS), REVISTA WADI-AS INFORMACIÓN, DEL 26 DE OCTUBRE AL 1 DE NOVIEMBRE DE 2013.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

PUERTA DEL MUNDO DE FRANCISCO MORALES LOMAS POR ANTONIO MORENO AYORA

PUERTA DEL MUNDO DE FRANCISCO MORALES LOMAS, EDICIONES EN HUIDA, SEVILLA, 2012.


A continuación el lector tiene acceso a la reseña publicada en el número 107 (junio-octubre 2013) de la prestigiosa revista TURIA (Teruel, ISSN 0213-4373), pp. 436-438  por el catedrático ANTONIO MORENO AYORA, miembro además de la Academia de Córdoba y  correspondiente de la Academia de Alfonso X el Sabio de Murcia.







lunes, 4 de noviembre de 2013

UMBRALES DE OTOÑO DE MARILUZ ESCRIBANO PUEO POR FRANCISCO MORALES LOMAS





Umbrales de otoño de Mariluz Escribano Pueo, Editorial Hiperión, 2013


La literatura no está construida con palabras. Puede que estas aporten su solución teórica, pero la literatura, sobre todo, está construida de sentimientos, emociones, sensaciones, espacios públicos y privados que se resuelven en una oración, en un adjetivo o en un símil, pero siempre estos serán la vibración última del sentimiento que los creó. Quiero decir que, por encima de las palabras del poemario Umbrales de otoño de Mariluz Escribano Pueo (Hiperión, Madrid, 2013), está la fuerza de las emociones y la vehemencia de un corazón abierto y público.
Con esta obra, precedida de un rico y exhaustivo estudio de la profesora de la Universidad de Granada, Remedios Sánchez, Mariluz Escribano Pueo realiza una confesión hondamente sensitiva. Su vibración interior se apodera del poema a través de una lírica que nace de la memoria pero también de lo que guarda el corazón.
Ya en el título nos dice mucho. El otoño, comienzo de un tiempo que concita una sensación de nostalgia en su origen (es septiembre, de ahí sus umbrales) y fecha que en los calendarios nos conmueve por una recóndita espera y una intromisión en un interior necesario.
Sus dos grandes apartados (el primero sin título, solo enumerado con el dígito romano I; y la segunda, con el dígito II y “Humo remansado”) nos hablan de dos pensamientos muy diferenciados. En el primero, innominado, vive la familia, los amigos, el espacio sentimental, la infancia… en una melancolía de hoja otoñal que va tomando los colores dorados, las lluvias en las ventanas y “los silencios/ aislándonos del mundo”. En el segundo, “Humo remansado”, a pesar del título que nos habla de evanescencia, existe un ardiente cancionero amoroso, en el que hay un tú apostrófico al que se dirige su discurso cálido, sensitivo e íntimo. Se apodera entonces del poemario la conmoción de la mujer enamorada pero muy consciente de que “está escribiendo el color del recuerdo” (que aquí más que nunca tiene su sentido originario: re-cordo, lo que se guarda en el corazón, en el sentido que le daba Schopenhauer).
Lo que podrían entenderse como dos poemarios diferenciados creemos que poseen una enorme complementariedad entre ambos porque retratan el paso del tiempo, la memoria de la que ambos andan conformados, pero con la especial relevancia de la segunda parte, en la que el amor alcanza el sentido último de la existencia.
Comienza el libro con una dedicatoria especial a su madre, a la que rememora trabajando en la casa con la naturalidad de ese tiempo machadiano que se acomoda a la existencia cotidiana y crea las sensaciones de lo perecedero. El otoño se configura entonces como el tiempo preciso, esa determinación en la que se asienta la memoria mientras la Madre, en mayúscula, crece en los poemas con la confidencia del canto y la materialidad de una geografía de patios y huertas. El recuerdo crea el poema, se apodera de él pero en ocasiones rezuma tristeza en una soledad envolvente en la que la geografía, como en su momento en Juan Ramón Jiménez, conforma las sensaciones y las delimita. Se sabe presa de la evocación y con las palabras como enigmas con las que trata de descifrar su existencia, esa vida vivida y ahora traída al lector con la naturalidad de la confidencia y el acomodo del que va dando los pasos en un recorrido con el que trata de llenar su soledad.


Mariluz Escribano Pueo

Es septiembre, ese “umbral del otoño” al que alude el título, y “amanece/ con la amarilla luz de los veranos”. Su delimitación temporal, le permite una permanente llamada al lector que existe un tiempo, y un espacio, una Granada triste, de “pálidos viajeros” y una infancia, como la de Machado, que se está escapando “de un atlas”. Existe en Escribano Pueo una necesidad perentoria de crear un mundo, de precisar unas coordenadas en las que el lector va entrando progresivamente y se va adueñando de él a través de las sensaciones pictóricas, auditivas y luminosas. Es un libro lúcido en su tristeza, en su melancolía de árbol dorado, de barco a la deriva, de niño o niña indefenso.
Y el tiempo se va apoderando del poemario, el tiempo recordado, el tiempo hallado, el tiempo que anda en el corazón zigzagueando e imaginando cómo fue ese pasado, cómo existe en el recuerdo, en ese gozo sin fondo, en esa desolación imprecisa de afectos y ansiedades. Y el año 1936, con ese septiembre que de nuevo surca como el umbral del título el poema, con su aire de membrillos y manzanas, con sus cipreses cercanos y la imagen de la sangre derramada tan duramente en la memoria familiar. Y así germina el padre desde la contemplación, desde la observación cinematográfica que crean sus ojos, esos ojos que observan “la patria cereal de los trigos”, en esa bella metáfora. Unos ojos para un bello poema que nos rememora la guerra y el corazón al unísono, como dos silencios compartidos, como cantos que surgen una y otra vez con sus salmodias. Es una imagen que adquiere una enorme relevancia emotiva y por la que deambula la infancia de la mano de su padre “y al calor de su sangre/ mis pulsaciones tienen/ una ambición de tiempos”. Enorme poema con el que abandera la fuerza de un sentimiento cuando el corazón lo embrida en unas cuantas palabras y lo enaltece. En ese camino de su mano, el mundo es otro, y también la sangre con sus fusiles y, acaso, su muerte ya no lo es tanto porque en la memoria siempre ha quedado ese emblema de la bandera heredada del padre, que es la mayor y más emotiva patria del poeta.
Pero también es tiempo de espacios para un nihilismo de ciudad muerta, de ciudad donde pocas veces sucede algo, de ciudad de tardes intrascendentes y soledades ciertas. Es un tiempo el construido en su memoria, un tiempo creado desde el sonido (“con sonidos de pozos”), pero también con el dolor (“y el llanto de las piedras”), un dolor que pudo crear un tiempo y una memoria colectiva, como sucedía en algunos de los poemas de Francisca Aguirre con la que observo muchas complicidades, acaso fortuitas.
En este primer apartado surge la ciudad con su fuerza convincente y también la huerta, esa huerta de San Vicente donde Federico está “ausente como un muerto” y con el que trata de vitalizar los espacios de la memoria y rastrear esa vieja imagen de los sentimientos. Los sentimientos acaso de esos niños de ojos dormidos, de esos niños que van y vienen por los jardines juanramonianos o machadianos con los que se concita un clasicismo consentido: “Los jardines respiran añoranza,/ los árboles tristeza,/ y no encuentro ese viento transeúnte/ que llaman ábrego”. Una ciudad en medio de un jardín que va creciendo en los poemas con la melancolía de una luz otoñal y a media tarde.

El “Humo remansado” crea desde el inicio la exaltación y la energía vital. Desde la virtualidad imaginaria, la escritora se sitúa en el limbo del corazón, en su extrarradio de tierra, surcos, trigos para poco a poco ir entrando en su alma sencilla y forjada por la ternura, enérgica, vital y amorosa. Los símbolos que aspiran a crear una imagen definitoria transitan el poemario, bien siendo esa carga mineral de la tierra, bien esa agua que crece con la incertidumbre y la voz que retiene el corazón, en el silencio de los suspiros y en una geografía que nos conduce de la mano de ese amor forjado una tarde de lluvia, mientras se abren los cielos y el corazón crece en el mejor trigal.
Es un amor muy nerudiano, creado en el trasiego de la naturaleza, que le sirve de proyección pero también de centro y guía. Existe una necesidad definitoria por expresar el significado de este amor que la concita y la compele a seguir, olvidando esa tristeza de antaño, ese camino de soledad y angustia mientras se crea él, entre la sencillez de lo primitivo, como una sangre, como una caricia de otoño. Es un sentimiento que alcanza los límites de un mundo y trata de edificarse en piedra para conformarse en la consistencia y en lo indestructible de lo creado. Como un sueño inalterable, como la lluvia que humedece los campos y multiplica la cosecha.
En ese fulgor de la necesidad del recuerdo de amor (no olvidemos que escribe en el color del recuerdo) los labios del amado crean la solidez deseada, se apoderan de su existencia y adquieren la esperanza primera. El abandono, ese recuerdo que inunda las tardes (“Entera está mi vida en ti depositada), vuelve también para afianzar una extraña mezcla de placer y desconsuelo, de afectos y derrotas, de silencio y palabras cruzadas. Un oxímoron de sensaciones contrapuestas que pueden llegar también al silencio de amor, pero, al mismo tiempo, a la rendición de amor y entonces vemos a la amada florecer con la tierra y el agua, con los símiles de la naturaleza apoderándose del bello “Entera está mi vida”. Hay como una entrega, el efecto de las manos en el cuerpo de la amada, las manos como un libro que expresa sus sensaciones y se hace uno y expresivo al tacto, pero también un encuentro permanente con la fuerza y la integración de la naturaleza: “Definitivamente me confortan tus manos,/ me dan la certidumbre de mi existencia amante/ cuanto tiemblo en el mar de su interrogatorio/ y respondo a su urgencia con un suave abandono”.
Y el otoño, como un tiempo-espacio, delimita un estremecimiento de la memoria: era tarde y triste, el frío con su color cárdeno y la iniciación de amor, la incertidumbre, el nacimiento del encuentro que poco a poco va creciendo, como se construye el barro con el agua, en la humedad de la arcilla, en la definición de esa antítesis (tiste/alegre, alegremente triste) que va conformando este mundo que se crea desde la metáfora de las humedades y el barro, como si todo estuviera naciendo ahí, en esa conjunción de siempre, como recuerda en el poema “Para calmar tu sed”.
Pero la soledad se hace invectiva y se va adueñando progresivamente de ese encuentro y se crea su dolor de ausencia, a pesar de su diálogo mudo y aun a sabiendas de que es una soledad compartida: “Vivimos solos esperando la tarde”. Una espera que puede abrigar la alegría con el bálsamo de su voz o con el recuerdo de los momentos vividos. Entonces la poesía, su lenguaje hecho de sensaciones, va transigiendo esa geografía creada, va reconstruyendo esa creación de agua, tierra e impaciencias, y va, en definitiva, construyendo una voz que rezuma una historia vivida, un otoño, ese otoño que vibra en el recuerdo como un grato desaliento, como una grata sombra, una suave desesperanza, pero también como una voz transparente y nítida, como un  dorado paisaje, como agua profunda.
Y siempre la vida que germina en el verso. Porque así lo ha querido la escritora en esa consistente aleación nerudiana de tierra y esencia en el caballón de los renglones y en la condición de esa raíz que penetra profunda en la tierra: “Vivirás en mi verso cuando la luz se acabe,/ por eso yo te canto germinal y sencillo”.
Es su luz, la luz encendida que guía este canto, a pesar de que sabe perfectamente que el pasado nunca vuelve y es sublime en su recuerdo.

Mariluz Escribano Pueo, Remdios Sánchez y Aurora Gámez Enríquez

BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES DE FRANCISCO MORALES LOMAS EN EL CENTRO ANDALUZ DE LAS LETRAS




DENTRO DEL CICLO LETRAS CAPITALES, SE PRESENTA EL 13 DE NOVIEMBRE LA NOVELA BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES DE FRANCISCO MORALES LOMAS

LA PRESENTACIÓN CORRE A CARGO DEL NARRADOR JOSÉ MANUEL GARCÍA MARÍN, AUTOR DE OBRAS COMO AZAFRÁN, LA ESCALERA DEL AGUA, LA REINA DE LAS DOS LUNAS

viernes, 25 de octubre de 2013

HA FALLECIDO NUESTRO AMIGO EL ESCRITOR MANUEL URBANO

Abajo: Nieves (esposa del fallecido), Manuel Urbano Pérez Ortega y un amigo.
Arriba: Manuel Gahete y Francisco Morales Lomas en el homenaje al escritor, febrero de 2013.


MANUEL URBANO, BIBLIOGRAFÍA


Manuel Urbano Pérez Ortega, cuyo nombre literario es Manuel Urbano, nació  en Jaén en 1940 y falleció ayer 24 de octubre de 2013. Es poeta, ensayista y crítico literario, además de columnista, flamencólogo, editor literario y gestor cultural. Pertenece al Instituto de Estudios Giennenses y a la Academia de Buenas Letras de Granada. Es además miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte y de la Asociación Andaluza de Críticos Literarios, así como de la Fundación Blas Infante y de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera. 
Ha sido director de la revista de flamenco Candil y en la actualidad lo es de la de etnografía El toro de caña. Junto a colaboraciones en diversos libros, catálogos, revistas y prensa, ha publicado numerosos libros de temas de etnología, historia y literatura. Ha sido director del Área de Cultura de la Diputación Provincial de Jaén, del Museo de Artes y Costumbres Populares y el Internacional de arte naïf de la Diputación de Jaén. Dirigió junto con Antonio Hernández la colección madrileña de poesía Pliegos del Sur; fue redactor de Metaphora, revista de poesía concreta. Dirige la Colección de Antologías del Instituto de Estudios Giennenses y, en su día, estuvo al frente de colección de libros de poesía "Cuadernos de Aixa" y de "Jándula". Es uno de los grandes eruditos en temas relativos a la cultura andaluza y, en particular, a la desarrollada en la provincia de Jaén.
Ha publicado los libros de poesía Anillo a dos (1972), Presencia y ausencias (1978), Pre-textos (1979), Grabado en la memoria (1980),  Horno negro (1998), Paseos en Jaén (2001) y Camino de la nieve (2007). En prosa ha publicado Fuera de quicio (1990), una selección de sus columnas periodísticas. Es su poesía un festín verbal con notas barrocas y profundidad meditativa, fruto de una necesidad expresiva y verdad vital que, con “un dejo de tradición incorporado –como dice Antonio Hernández– en cuanto ésta se hace placenta de vanguardias”, se llena de rastros de humana melancolía, buscando la final salvación por el arte. Su Camino de la nieve, por ejemplo, es un crisol poético donde arden los crepúsculos, las tardes del otoño y la oquedad de noviembre, una música violeta, ciertas preguntas con respuesta, el vuelo inmóvil de las horas, la profundidad oceánica del espejo, las hojas y el óxido de su cobre como harapos de ternura. Se trata de un libro donde se mira fijamente la desnudez del tiempo.
Entre sus estudios literarios se encuentran Andalucía en el testimonio de sus poetas (1976), Antología consultada de la nueva poesía andaluza (1980), Zabaleta y la poesía (1980),El cante jondo en Antonio Machado (1982), Rafael Porlán: Prosa y verso (1983), Bodas de hierro con la sangre. Antología poética, parcial, de José Luis Núñez (1990), Antología poética de Bernardo López (1991), En la voz el ala. Antología poética de Juan Martínez de Úbeda (1994), La hondura de un antiflamenco: Eugenio Noel (1995), Coplas aceituneras (1997), José Almendros Camps, el poeta jaenés del novecientos (1998), Sal gorda (1999), Del Guadalquivir al Tormes: Antología poética de Rafael Láinez Alcalá (2001), El juego de la flor. La poesía de Juan Martínez de Úbeda (2003), El gorro frigio. Del poeta José Jurado de la Parra (2005) y La huella de viajero: los senderos poéticos de José Ortiz de Pinedo (2007). Su último libro es Costumbristas giennenses. Estudio y antología (2008).
 MANUEL URBANO, ANTONIO CARVAJAL Y OTROS AMIGOS EN EL HOMENAJE DE FEBRERO 2013 (Alcalá la Real, Jaén)

 HOMENAJE A MANUEL URBANO, ALCALÁ LA REAL (JAÉN), FEBRERO 2013

Sus publicaciones de etnografía y flamenco son, además de numerosas, una aportación importante al saber, sobresaliendo Flamenco y política (1980), Grandeza y servidumbre del cante giennense (1982), Taranta (1991), Viaje por la mesa del Alto Guadalquivir (1993), Campanas y cohetes, calendario popular de fiestas populares (1996), Hay quien dice de Jaén (2000) y Del tiempo detenido, la fotografía etnográfica del Dr. Cerdá y Rico (2001). En esta faceta. descubrimos los frutos de sus estudios etnográficos muy especialmente sobre la Alta Andalucía, auténticos registros de plurales formas de cultura popular que van desde el cante y las costumbres de la mesa a la fotografía etnográfica y desde las fiestas populares a, como en Hay quien dice de Jaén, un diccionario jaenés de la memoria, diccionario que guarda para la conciencia lingüística el tesoro de un sinfín de expresiones y, como dice Quevedo, “vulgaridades rústicas”, además de refranes, adagios y otros dichos.
Además del libro de arte Registro de memorias (2002), cuenta con las siguientes ediciones de libros éditos y, en no pocas ocasiones, inéditos: Colección de las mejores coplas que se han compuesto... de Don Preciso (1982), De la solera fina, de Antonio Alcalá Venceslada (1982), Del corazón de mi tierra, de Alfredo Cazabán (1989), El ajusticiado, de José Toral (1990), Cuentos del cielo, de José Toral (1991), Siete sonetos y un romance inédito de Rafael Porlán (1992), La buena simiente, de Antonio Alcalá Venceslada (1993),El destino de Lázaro, de Manuel Andújar (1994), El vencido, de Manuel Andújar (1995), Cuentos de la Villa, de Juan Antonio de Viedma (1996), El sitio de Manila, de Juan y José Toral (1998), Memorial de los Santos que reciben indebido culto..., de José Martínez de Mazas (2001), Viejo Jaén. Coplas del Día, de Alfredo Cazabán (2004), Un paseo a la patria de Don Quijote, de José Giménez-Serrano (2005) y El peregrino de Tíscar, de Rafael Láinez Alcalá (2007).
Sobre las ediciones y los estudios literarios, etnoliterarios e históricos, destacan sus recuperaciones, así ocurre en el libro Sal gorda, de coplas obscenas de la tradición oral. Importantes resultan también sus aportaciones al estudio de la poesía andaluza, tanto generales como particulares. Entre las primeras sobresalen las tituladas Andalucía en el testimonio de sus poetas y Antología consultada de la nueva poesía andaluza. Entre las aportaciones sobre autores cabe recordar sus libros sobre Bernardo López, José Jurado de la Parra, Eugenio Noel, Antonio Machado, José Almedros, Rafael Laínez Alcalá, discípulo de Machado en Baeza, Rafael Porlán, Juan Martínez de Úbeda y, entre otros, José Ortiz de Pinedo. También, las numerosas recuperaciones a través de unas muy cuidadas ediciones de sus obras de Antonio Alcalá Venceslada, Alfredo Cazabán, José Toral, Laínez Alcalá y, entre otros muchos, Manuel Andújar, escritor al que le unió una gran amistad.



MANUEL URBANO Y FRANCISCO MORALES LOMAS (DURANTE, LA REUNIÓN DE LOS PREMIOS DE LA CRÍTICA DE ANDALUCÍA, MÁLAGA, ABRIL, 2013)

domingo, 20 de octubre de 2013

ANTONIO HERNÁNDEZ, PREMIO DE LAS LETRAS ANDALUZAS




ANTONIO HERNÁNDEZ

PREMIO DE LAS LETRAS ANDALUZAS “ELIO ANTONIO DE NEBRIJA”


F. Morales Lomas



Manuel Gahete, Antonio Garrido Moraga, Francisco Morales Lomas, José Antonio Santano, José García Pérez, Antonio Hernández, Remedios Sánchez, Carlos Benítez Villodres y José Sarria
(Imagen de Javier de Molina en Diario La Torre)

Nos congratulamos especialmente de la concesión del IV Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija” a nuestro amigo y presidente de honor de la AAEC, Antonio Hernández.

El premio le fue concedido en marzo pasado por la Asociación Colegial de Escritores de España (Sección Autonómica de Andalucía). La entrega del premio tuvo lugar el pasado 18 de octubre en un acto convocado en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga en un acto presidido por Francisco de la Torre (Alcalde de Málaga), Francisco Cañadas (Director Cultural de la Obra Social UNICAJA), Juan José Téllez (Director del Centro Andaluz de la Letras), Juan Jesús Bernal (Diputado de Cultura en Diputación de Málaga)  José García Pérez (Presidente de ACE Andalucía), así como del propio homenajeado, D. Antonio Hernández. La figura de Antonio Hernández fue glosada por los miembros de la presidencia y por el vicepresidente de la AAEC Antonio Garrido Moraga. Del premiado, calificado como “andaluz de esencia” se dijo que “su arte es atemporal” por sus novelas de éxito y sobre todo por su poesía “que no recibe un reconocimiento, que es un estímulo para seguir engrandeciendo su obra”.
Un acto que reconoce a uno de los grandes escritores de Andalucía y presidente de honor de nuestra asociación: “una de las voces más sólidas y templadas, más matizadas y versátiles de la poesía española del último medio siglo.”

José García Pérez, Francisco Cañadas, José Antonio Santano, Manuel Gahete, Paloma Fernández Gomá, Remedios Sánchez, Francisco Morales Lomas y Antonio Hernández (Foto de Pilar P. Esteban)


Antonio Hernández realizó estudios de pedagogía y antropología. Periodista con más de mil artículos publicados en todos los periódicos de Madrid y en algunas de sus revistas.
Como poeta ha sido premiado en Adonais, Miguel Hernández, Vicente Alexandre, Tiflos, ... En 1980 obtuvo el al gran Premio de Bellas Artes que recibió de manos del Rey de España y con posterioridad, el Premio Nacional de la Crítica, El premio Andalucía a la mejor trayectoria de un poeta, el Premio Ciudadano a la Obra de un escritor español ...

Como novelista ha obtenido los premios Andalucía, Valencia, Fernando Lara, ... y como ensayista el premio Hércules y el Popular del diario Pueblo por su libro la poética del 50 2 "Una promoción desheredada".

Tiene publicados un total de 40 libros y está traducido a 21 idiomas.

ALGUNAS OBRAS DE ANTONIO HERNÁNDEZ

Insurgencias 2010 (Obra poética completa)

Gol sur 2008

El Betis: La marcha verde 2008

Habitación en arcos 2008

Vestida de novia 2004

Sangrefía 2003

El mundo entero 2001

El mar es una tarde con campanas 2001

Raigosa ha muerto, viva el rey 1998

Picasso y Apollinaire, los mercaderes de aleluya 1997

Vara del corazón 1996

Le leyenda de Géminis 1994

Sagrada forma 1993

El nombre de las cosas 1993

La poética del 50, una promoción desheredada 1991

Lente de agua 1990

Volverá a reir la primavera 1989

Campo lunario 1988

Goleada 1988

Nana para dormir francesas 1988

Antología poética 1987

Indumentaria 1986

Compás errante 1984

Con tres heridas yo 1983

Diezmo de madrugada 1982

Homo loquens 1981

Guía secreta de Cádiz 1979

Metaori 1979

Oveja negra 1969

José García Pérez, José Antonio Santano, Francisco Cañadas, Manuel Gahete, Paloma Fernández Gomá, Francisco Morales Lomas, Remedios Sánchez, Antonio Hernández, Carlos Benítez Villodres, José Sarria

ALGUNOS ENLACES QUE DAN LA NOTICIA
http://andaluciainformacion.es/arcos/343761/antonio-hernandez-recoge-el-premio-de-las-letras-andaluzas/
http://www.diariolatorre.es/index.php?id=39&tx_ttnews%5Btt_news%5D=26717&tx_ttnews%5BbackPid%5D=9&cHash=5fcbe5ef70
http://www.malagahoy.es/article/ocio/1478508/antonio/hernandez/gana/premio/las/letras/andaluzas.html
http://www.lavozdigital.es/cadiz/v/20130312/sociedad/antonio-hernandez-gana-premio-20130312.html
http://andalucia.diariocritico.com/cultura/malaga-premio-nebrija/430442
http://noticias.lainformacion.com/antonio-hernandez/P_RA5k4mJkxe6RTtPD7UVCn7/

Francisco Morales Lomas con María Isabael, Mariluz, Antonio Hernández y algunos amigos de Arcos de la Frontera durante un momento de relax la noche en que le entregaron el Premio de las Letras Andaluzas (Puerta Oscura, Málaga)

Antonio Hernández, Francisco Cañadas (Fundación Unicaja) y Francisco Morales Lomas

La creación literaria y el escritor

La creación literaria y el escritor
El creador de libros, pintura de José Boyano