miércoles, 7 de enero de 2009

XV PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA (2009) Y HOMENAJE A JUAN MANUEL GONZÁLEZ, JOSÉ MARÍA BERNÁLDEZ Y JUAN J. LEÓN


(ARCOS DE LA FRONTERA 13, 14 Y 15 DE FEBRERO 2009)



A partir del día 25 de enero de 2009 se comunicarán los finalistas del Premio y los días 13, 14 y 15 de febrero de 2009 se reunirán los jurados del Premio Andalucía de la Crítica (modalidad narrativa y poesía) para emitir el fallo de los ganadores/as correspondiente a las obras publicadas durante el año 2008.
Este fallo se emitirá el domingo día 15 de febrero en torno a las 12:30 h. en el Excmo. Ayuntamiento de Arcos de la Frontera (Cádiz). En el mismo acto se leerá el acta del fallo del jurado, las razones que avalan la concesión del mismo y se llevará a cabo una defensa de los libros ganadores por sendos miembros de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios.

Las personas interesadas por las características del Premio y las bases de la convocatoria de este año pueden leerlas en http://www.aaec.es/Premio Andalucía de la Crítica y Bases del Concurso.

El día 13 a partir de las 20:00 h., en el lugar que previamente se indicará de Arcos de la Frontera (Cádiz), se rendirá un homenaje a los escritores Juan Manuel González, José María Bernáldez y Juan J. León, fallecidos durante 2008. En la mesa redonda que homejaneará a estos escritores intervendrán los escritores y críticos Francisco Morales Lomas, José Ruiz Mata, José García Pérez y Manuel Gahete.


HONENAJE A ESCRITORES

MUERTE DE UN AMIGO: JUAN MANUEL GONZÁLEZ



El muy querido amigo, JUAN MANUEL GONZÁLEZ, poeta, narrador, ensayista y periodista madrileño, miembro de la JUNTA DIRECTIVA DE LA ASOCIACIÓN ANDALUZA DE ESCRITORES Y CRÍTICOS LITERARIOS-CRÍTICOS DEL SUR ha muerto en Madrid. Según informaciones extraoficiales (y por confirmar definitivamente) la causa de la muerte podría haber sido el suicidio causado por un disparo. La imagen de Larra se repite una vez más. Desde hacía varios años sufría una honda depresión. Las depresiones pueden hacer que una pistola sea sólo el índice que nos señala la eternidad. Acaso el réquiem para olvidar la gloria mundana y el sol de mediodía.


En el mes de febrero, fiel a su cita de Arcos de la Frontera, Juan Manuel González participó como jurado en el Premio Andalucía de la Crítica, del que formaba parte desde su fundación. Entonces, mientras subíamos parsimoniosamente las empinadas rampas de Arcos, lo veía lejano, distante, profundamente triste, profundamente melancólico. Me confesaba que no veía sentido en la existencia, que no le hacía ilusión nada, que las cosas no cambiarían. Como en el personaje del cuento de Fernández Santos, "Cabeza rapada", yo trataba de animarlo, intentaba mostrarle el mundo. Pero él no hacía caso al mundo. Él ya no estaba en este mundo; quizá él habitaba ya el otro mundo.


Juanma, como le llamábamos los más cercanos, era un tipo literario. Lo decía su formación germana, bretona e irlandesa, de cuyas literaturas era un profundo conocedor. Lo decía su cachimba que llevaba casi siempre en la mano derecha como un resorte al que amarrarse, como ahora se ha desamarrado con una bala, con una bala que nos reduce a sueño y eleva nuestra memoria yacente. Lo decía también aquel pijama generoso con la literatura -cual don Quijote- con borla y amplitud de calzas, que se embutía cuando iba a dormir como si fuera un nuevo mago, un nuevo espíritu que se adentrara en el sueño con ropajes antiguos. Juanma tenía una mirada inteligente, escrutadora, y unos labios finos y enigmáticos, hechos para la ironía inglesa. Les confieso que le tenía un profundo afecto a Juanma. Era de mi misma generación y compartíamos gustos, sueños, aficiones y amigos. Me causa un profundo dolor su muerte.


Hace unas semanas estuve hablando con él por teléfono para pedirle dos ensayos breves sobre Antonio Prieto y Juan Eslava Galán; el primero llegó pero el segundo no ha llegado; y jamás lo hará. El sábado 3 de mayo de 2008 yo publicaba en el suplemento de libros del diario La Opinión de Málaga una recensión sobre su libro "Tras la luz poniente"(Visor, 2007), ganador del Premio Jaime Gil de Biedma y última obra literaria que ha publicado.

MURIÓ EL AMIGO JOSÉ MARÍA BERNÁLDEZ


Habíamos estado en Almería entregando los Premios Andalucía de la Crítica el día 31 de marzo junto al Presidente de la Diputación de Almería, Juan Carlos Ollero, y a la Directora General del Libro de la Junta de Andalucía, Rafaela Valenzuela.
Allí nos encontramos junto al gran poeta almeriense Julio Alfredo Egea -al que homenajeábamos- José María Bernáldez -que a la postre recogería el Premio Andalucía de la Crítica de Poesía en nombre de Chantal Maillard al no poder asistir ésta-, Julio Manuel de la Rosa -que iba a recoger el Premio Andalucía de la Crítica de Narrativa-, Rosa Díaz, José Ruiz Mata -secretario de la AAECL-, José García Pérez -presidente de la ACE-Andalucía- y el que esto suscribe.
Había llegado José María Bernáldez con su equipo para la grabación del acto y emitirlo más tarde en el programa del que era editor, "Al Sur", de Canal Sur de Andalucía.
José María era un hombre bueno. Su bonhomía llenaba el espacio que dejaba el silencio. Estuvimos hablando de novelas, y también del R. Madrid, del que era un forofo empedernido, quizá desde su época de estudiante madrileño. Hace muchos años que conocía a José María y le tenía un profundo afecto. Era una persona cultivada, seria y profunda, cuya generosidad era tan grande como su humanidad. Este tipo de personas, como le decía hace poco a alguien, no deberían de morirse nunca, pero el domingo a las diez de la noche la gran poeta sevillana Rosa Díaz me dejó en el buzón de voz del teléfono un mensaje oscuro e inquietante: "Paco, llámame, tengo que hablar contigo urgente, ¿no te has enterado de la noticia?" Inmediatamente la llamé y me quedé desangelado: "Paco, José María Bernáldez ha muerto".
Habíamos hablado muchas veces y siempre esgrimía una sonrisa a medias con un ligero rictus del labio que ascendía y contorneaba los ojos como si el humo del tabaco lo cegara momentáneamente. José María bajaba ligeramente el labio inferior y comenzaba a hablar parsimoniosamente, con su voz un tanto suave y monocorde, como si se fuera perdiendo en el hilo de sus palabras. Con el cigarrillo en la boca y entornando ligeramente los ojos para evitar el humo. José María leía todos los días una novela. Era su pasión, era su forma de estar en el mundo y de ser él mismo, una persona educada, culta e inteligente. Tan amable que nunca tuvo una voz más alta que otra y siempre supo ser fiel a sí mismo. Estuvimos dos días en Almería. Fueron los dos últimos días que pude hablar con él, pero con la memoria, con su afecto, con su imagen siempre seguiré hablando.
Fue con su hija Emilia con quien tuve oportunidad de hablar para darle el pésame en nombre de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios. Le dije que todos lo queríamos y le teníamos un profundo cariño, y Emilia se echó a llorar.
Adiós, querido amigo. Descansa en paz.

Biografía

José María Bernáldez nació en Alcántara (Cáceres) hace sesenta años y era licenciado en Filosofía y Letras y Periodismo. Dirigió la sección de cultura de 'El socialista' y trabajó en las redacciones de Radio Nacional de España, Televisión Española y El País, antes de incorporarse a la Radio Televisión de Andalucía.

Hace trece años se puso al frente del programa cultural de Canal Sur Televisión 'Al sur'. Como editor de este espacio abordó el nuevo proyecto entendiendo que había que "dar a la cultura un tratamiento informativo especial". Y lo consiguió.

El Premio Andalucía de Periodismo, el de la Asociación de Telespectadores de Andalucía, el Premio Atea, el de la Fundación Lara y el Ateneo Cultural atestiguan la calidad de los contenidos y del formato del programa dirigido por este periodista de raza. Su gran pasión era la lectura. Bernáldez había publicado diez libros, entre biografías y novelas, y participaba activamente en la vida cultural andaluza, formando parte de un buen número de jurados literarios. Entre ellos el Premio Andalucía de la Crítica de cuyo jurado de novela formaba parte desde su fundación.

Era un bibliófilo empedernido y atesoraba en su casa más de 20.000 libros. Mantuvo una estrecha relación con los escritores Bryce Echenique, Alfonso Grosso o José Manuel Caballero Bonald.
José María Bernáldez estaba casado con Tessa y tenía una hija, de nombre Emilia.
Publicado por F. Morales Lomas


MURIÓ JUAN J. LEÓN, POETA GRANADINO Y MIEMBRO DE LA AAEC


El pasado 9 de diciembre, a los 62 años, falleció el escritor Juan J. León, un excelente poeta granadino y un entrañable amigo con el que habíamos compartido ideas y una visión sobre la existencia. Nació en Granada en 1946, y de su obra literaria ha destacado, sobre todo, su vena satírica y humorística, aunque también cultivó una poesía seria e incluso metafísica. Además, compaginó la creación literaria con la enseñanza. Nacido en el seno de una familia de propietarios agrícolas accitanos, Juan J. León pasó su infancia entre la capital y Benalúa de Guadix, donde comenzó sus estudios. Con ocho años el futuro escritor ya ensayaba con las letras y redactaba relatos sobre su vida familiar. En Granada cursó el bachillerato en Los Escolapios y durante los años sesenta publicó algunos libros de versos, aunque no sería hasta 1974 cuando publicara su primer libro “de madurez”, ‘Espero la caída del pájaro más triste’, dentro de la colección Zumaya, que él mismo había creado. En 1978, cuando se licenció en Filología Románica por la Universidad de Granada.



- Espero la caída del pájaro más triste. Con ilustraciones de José Aguilera.Universidad de Granada. Coleción Zumaya de Poesía. Granada. 1.974
- Estos tiempos son largos paréntesis de goma. Con portada de José Aguilera. Publicaciones de la Librería Anticuaria El Guadalhorce. Málaga. 1.978 y 1.985
- Conciencia puesta en pie. Con portada del propio autor. Publicaciones de la Librería Anticuaria El Guadalhorce. Málaga. 1.986.
- Canción debida. Carpeta con 4 poemas y serigrafías de José Aguilera. Galería de Arte Laguada. Granada. 1.988.
- Del corazón y la experiencia. Ediciones A. Ubago, S. L. Colección Ánade de Poesía. Granada. 1.988.
- Expresión poética y expresión popular. Ediciones A. Ubago, S. L. Colección Interdisciplinar. Granada. 1.989.
- Poemas satíricos (1973-1993). Ediciones A. Ubago, S. L. Colección Campo de Plata. Granada. 1.995.
- Égloga del invierno en Tiena, en "Églogas de Tiena", de Fernando de Villena, José Lupiáñez, Enrique Morón y Juan J. León. Prólogo de Antonio Enrique. Ilustraciones de Antonio Moreno. Ediciones A. Ubago, S. L. Colección Ánade de Poesía. Granada. 1.996.
- Literatura Universal. Port-Royal Ediciones. Granada. 1998.
- Formas de expresión poética en el lenguaje popular. Port-Royal Ediciones. Granada. 2000.
- Espacio entre dos fechas. Dauro, Granada, 2002.
- Del corazón y la experiencia. 1989-2002. Alhulia, Granada, 2004.


Poética
Concibo la poesía como una forma de expresión lingüística al servicio de una ideología. Consecuentemente con este principio, mi obra poética trata principalmente de la situación vital del hombre, la preocupación histórico-social inmediata, el erotismo y, marginalmente, la sátira.
A fin de cuentas, el campo conceptual de la poesía lírica está reunido en dos temas: al vida y el amor; y esta es la doble división que presentan casi todos mis libros. En el primer grupo temático se incluyen poemas existenciales y socio-políticos que expresan la inquietud o toma de conciencia de la realidad vital-personal y la histórica circundante, y, en el segundo grupo, el tema amoroso intimista o el puramente erótico.
La implicación “poesía igual a lucha ideológica” queda diáfana en los poemas pertenecientes al primer grupo, pero tal vez no es tan clara en la poesía amorosa, sobre todo en la erótica, si no se entiende ésta como un intento de desprestigiar a la hipócrita moral burguesa, catando, precisamente, a aquellas relaciones entre hombre y mujer repudiadas por nuestra sociedad, de igual forma que los románticos –por ejemplo, Espronceda- hicieron en su época con temas y prototipos marginados.
Así entendida mi obra, puede comprobarse cómo, desde el punto de vista del contenido, su finalidad es doble: por una parte, atacar la estructura socio-política y el estado alienante y fraudulento en que se ve inmerso el individuo en nuestro sistema social, y, por otra parte, exaltar la libertad sentimental de dicho individuo frente a los prejuicios de una moral impuesta contra natura.
A su vez, la poesía satírica creo que es una forma muy eficaz de poner en la conciencia de “quien leyere” cuanto queda dicho. No obstante, mi poesía satírica, en su mayor parte, es afectiva, desarrollando temas anecdóticos y amigables sin intención destructiva; de hecho, algunos poemas satíricos están dirigidos a personas entrañables con quienes la afectividad es indudablemente un sentido recíproco, e, incluso, en ocasiones, yo mismo me reflejo en ellos.
* * *
En cuanto a la forma, mi primera preocupación es la evolución; por eso, mis libros son poco extensos y claramente diferentes, aunque la trayectoria estilística sea fácil de rastrear a través de toda mi obra. Antes de agotar las posibilidades de una estructura poética, ya me siento empujado por la necesidad de cambiar. En este sentido, Canción debida, mi último libro aún en desarrollo, pretende recrear, desde una perspectiva personal, las técnicas estilísticas más características de los poetas de lengua castellana admirados por mí.
Mi segunda preocupación formal es la perfección estilística. Después de unos libros de versos juveniles excluidos de este volumen por considerarlos pertenecientes a una etapa de aprendizaje marcada por influencias, ingenuidades e intuiciones, mi obra alcanzó mi sello personal, el dominio estilístico y la preponderancia del saber sobre la intuición a partir de Espero la caída del pájaro más triste, libro con el que se inicia el presente volumen.
La puesta al día de los recursos estilísticos conocidos por la preceptiva tradicional o clásica, el empleo consciente de los nuevos recursos contemporáneos, la elegancia lingüística y la musicalidad son las características técnicas que con más ahínco me esfuerzo en producir.
Mi tercera preocupación formal es la concisión. Concibo el poema como una estructura lingüística en la que el mínimo de palabras debe expresar la mayor cantidad posible de ideas, sentimientos, vivencias, etc., huyendo de divagaciones y explicaciones innecesarias. En un poema no debe de faltar ni sobrar un solo fonema: todos han de tener su razón de ser, su finalidad expresiva en la composición. Poesía, pues, de concentración conceptual y escueta estructura formal, de acuerdo con los tiempos veloces que nos ha tocado vivir.
* * *
En conclusión: creo que la poesía es un trabajo intelectual en el que la forma debe de estar sometida al contenido y éste al servicio de unos valores ideológicos claros. Aquí no valen las medias tintas.
J.J. LEÓN
(Salobreña, 28-8.88)
“Noticia previa” a Del corazón y la experiencia. Poesía 1970-1988,
Ediciones Ubago, Granada, 1988.



Enlaces con algunas páginas web:



http://www.terra.es/personal8/gregmorales/juanleon.htm#biografía

www.ideal.es/granada/prensa/20080422/opinion/juan-leon-20080422.html

www.joselupianez.com/ap16.htm

http://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=267083



Algunos páginas que hacen referencia al Premio Andalucía de la Crítica:

http://es.wikipedia.org/wiki/Premio_Andaluc%C3%ADa_de_la_Cr%C3%ADtica

http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=380939

http://www.diariosur.es/20070318/malaga/munoz-rojas-premio-andalucia_200703181738.html

http://prensa.vlex.es/vid/20218551

http://www.abcdesevilla.es/hemeroteca/historico-13-04-2007/sevilla/Cultura/mu%C3%B1oz-rojas-y-garcia-baena-premios-andalucia-de-la-critica_1632511047650.html

domingo, 4 de enero de 2009

LA LÍRICA DE MARÍA DE LOS REYES FUENTES POR F. MORALES LOMAS

HOMENAJE A MARÍA DE LOS REYES FUENTES (SEVILLA, 26 DE ENERO DE 2009)

La Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, en colaboración con el Área de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, rinde un merecido homenaje a la poeta sevillana Mª de los Reyes Fuentes. El acto tendrá lugar el próximo 26 de enero a las 20:00 horas en la Casa de las Sirenas (Alameda de Hércules) estará presidido por la Ilustrísima señora Dña. Mª Isabel Montaño y consistirá en la presentación de la reedición facsímil del libro "Acrópolis del testimonio" (Premio Ciudad de Barcelona 1965) en la editorial Tierra de Nadie. La mesa estará compuesta por los escritores: D. Francisco Morales Lomas, Presidente; Dña. Rosa Díaz, Vicepresidenta, D. José Ruiz Mata, Secretario de dicha Asociación y el profesor de la Universidad de Sevilla D. José Cenizo.
Rememorar a Mª de los Reyes Fuentes es una llamada de atención para una de las voces más importantes por el espléndido devenir que su obra nos ofrece desde su primer libro, De mí hasta el hombre (1958) hasta Meditaciones desde el Aljarafe (1999), dejando de manifiesto un estilo personal, testimonial y humano, sobrado de lirismo, de inteligencia y de perfecta construcción.

Rosa Díaz, F. Morales Lomas, Concejal de Cultura Ayuntamiento de Sevilla y José Cenizo


EN TORNO A ACRÓPOLIS DEL TESTIMONIO (en Obra poética, Colección Esquío de poesía, Edita Sociedad de Cultura Valle-Inclán, 2002, 577 págs.)




Lo que sostiene el mundo, su esencia, su verdad plena. Piedras como relámpagos, como cimas, como testimonios, como atributos. La verticalidad de los sueños, la altura de miras de la existencia. También creer en su fortaleza, en su callosidad de vida, en su reciedumbre, en su resistencia. Resistir, ésta es la palabra, la horma que define esa Acrópolis del testimonio. La conciencia alegórica de un símbolo. Su ser en sí, su explicación sublime. Lo trascendente de esa altura que es la Acrópolis que preside nuestra vida, nuestra forma de ver el mundo desde el otero, nuestra forma de estar en el mundo desde lo sublime, testimonio, lumbre, empeño humano.
María de los Reyes Fuentes es una de nuestras escritoras más queridas junto a la malagueña María Victoria Atencia, la sevillana Julia Uceda, la gaditana Pilar Paz Pasamar y la granadina Elena Martín Vivaldi; forman el núcleo de nuestras poetas mayores y a las que todavía se les debe un estudio sereno y amplio.
Reyes Fuentes construyó Acrópolis del testimonio en 1966, cuando no se anunciaba aún la generación del 68 o los novísimos y estaba en plena ebullición la generación del lenguaje, la generación de Félix Grande, Antonio Hernández o Ángel García López... (la generación entre paréntesis).
Y edificó una poesía de enorme trascendencia metafísica y creadora. Sustentada sobre la alegoría y el símbolo de la columna, Reyes Fuentes interpreta el éxtasis y caída del todo y, en consecuencia, de la propia existencia. Es una alegoría por elevación, sostenida sobre los símbolos místicos y humanizada con sus héroes, soldados y semidioses... finalmente caídos, finalmente solitarios, finalmente perdidos...
Desde tiempos remotos una columna es la vía unitiva entre el cielo y la tierra; símbolo de la estabilidad, fuerza sustentadora: “Aquí, flor de prodigio,/ una columna puede/ salvar eternidades”. Pero más explícitamente cuando afirma: “Lo que más permanece es la columna,/ esta altiva dureza/ que si tira al suelo/ aún proporciona su gloria/ de vertical donaire”, porque hunde sus raíces de firmeza en la tierra y asciende erguida e imperiosa.
La columna es el esquema lógico-argumentativo del ciclo poético que sostiene en su poder metafórico la fenomenología de la esencia. Husserl quiso ir a la esencia de las cosas en sus estudios fenomenológicos, Reyes Fuentes la ha encontrado en el testimonio y la fortaleza lumínica de la columna, esa fortaleza lírica que crea la focalización de las esencias. Y construye templos como en «Columnas para un templo»: “Un templo es esa gracia/ que permanece altiva/ por los siglos cantando”. En el templo de Salomón también se erguían dos columnas con una toponimia simbólica: Jachim (él hace sostener) y Boaz (en él está la fuerza), estas columnas son las que están presentes en los templos masónicos, coronadas con diferentes objetos simbólicos.
También es la columna el árbol de la vida: basa como raíz; fuste como tronco; capitel como copa. Y así lo dirá en el poema que cierra, «Columnata de fondo»: “Allí nacieran fustes/ de perennes firmezas, armoniosos/ desafíos marcando./ Proporcionando gracias/ hicieran capiteles”. En ocasiones puede entenderse incluso como materialización de la figura humana, sentido en el que puede interpretarse la palabra 'capitel' de capitellum (cabeza pequeña), así como las figuras de atlantes y cariátides que aparecen alguna vez sustituyendo a las columnas. Piedras que en su dureza pueden llevar también la esencia de su caos si se sostienen sobre marmóreas riquezas o fogosas ambiciones. También la Biblia habla de columnas sobre las que descansa el mundo, y que Dios derrumbará el día del juicio final.
Acrópolis del testimonio se estructura sobre un trípode poemático y una pértiga que asciende al cielo. El trípode lo componen: «Columnas rotas» (nueve poemas), «Columnas solitarias»(nueve poemas), «Columnas para un templo» (ocho poemas), y «Columnata de fondo» (un poema). En total veintisiete poemas, siendo el tres su múltiplo. El tres es número divino, es la plenitud, la Trinidad, la forma triple de ver a Cristo: muerte, sepultación y resurrección...
Y así lo entendemos en este poemario como un proceso fenomenológico de conocimiento y comprensión de una realidad humana y también divina. La primera parte, la muerte; la segunda, la sepultación y las dos últimas, la resurrección.
En consecuencia, las «Columnas rotas» aspiran a expresar la realidad de la caída, la destrucción y la muerte. Todo se ha venido abajo y la poeta se pregunta por qué, le pregunta a Dios: “Cuánto se ha roto, Tú./ Respóndeme qué pasa/ si sólo quedan puentes destrozados,/descabaladas torres,/ castillos en la hoguera de los sueños”. Esta elegía a la destrucción se sostiene sobre la metáfora del cataclismo de la piedra (“Las piedras no son duras”, dirá la poeta), la ruina, el canto fúnebre de todo lo que ha de perecer: “Estáis heridas, muertas/ despedazadas como/ soldados en un campo sin victoria”.
La escritora en esta construcción, en esta planificación del desprendimiento y la caída planifica el eje temático de esa esperanza derruida y esos sueños rotos, los héroes que caen en la batalla, los cetros demolidos, el vacío del empeño humano: “Ahora ya sé/ por qué vienen abajo los imperios/ por qué caen las rocas/ tiemblan los poderíos”. El imperio de la luz, el imperio de la roca, la fortaleza de lo creado se sustenta en un hilo de esperanza que sucumbe, cae decapitada, capiteles decapitados, capiteles sin cabeza.
Las «Columnas solitarias» encierran el misterio de la sepultación. ¡Qué solos se quedan los muertos! La solitaria espera de lo etéreo, columnas solas, solitarios árboles..., el vacío que se va apoderando de las lápidas: “Allá lápidas fingen/ como blancos sudarios”. Imagina la alegoría de los héroes que buscaban la inmortalidad, sublimes locuras, semidioses que entre sí se despedazaban y están ahora condenados a la soledad: “Han caído los héroes”. La soledad como derrota, la soledad como silencio, como desplome, como brindis a lo desconocido, al monumento trágico del derrotado héroe rendido. Las piedras son memoria del todo, memoria del alma del mundo, ahora solitarias, ahora demolidas en su cima de nada: “Aquí es la soledad –cima de historias-,/en columnas deshechas,/ ilusiones hundidas,/ esperanzas que al fin se nos perdiesen”.
Y, por último, la resurrección, la reencarnación, el retorno en «Columnas para un templo». El prodigio instaurado que canta la gracia. Se instaura la perennidad. Ahora la columna no es piedra sólo, es esencia que construye la metáfora del templo, el sueño edificado, el nuevo horizonte que se alza y levanta su rumbo de vida y proclama la eternidad: “Cualquier pedazo de éstos/ nos sirve el testimonio/ de bellísima acrópolis”. Esta acrópolis construida sobre la esencia de la fuerza, la gracia de las cariátides y la armonía de los atlantes. Ahora el tiempo ha cambiado su rumbo, su esencia, no hay templos derribados, sino que muy al contrario se está resucitando el grito, “reedificando el templo”. La esperanza se apodera de la construcción y su esencia lumínica, sonido que asciende, la gloria del momento, y presidiéndolo la poesía que ahora se refugia, se guarda en sus entrañas: “Oh fecunda cascada/ tu emoción a raudales,/ oh tu siempre encendida/ lámpara del ensueño,/ oh luz que, prodigiosa,/ por tantas veces puedes/ salvarte entre ruinas”.
Es el triunfo definitivo de la luz, y vale hasta la última roca convertida en ceniza, la columna que permanece y canta su vertical donaire. Y siempre, en el último poema el esfuerzo como una antorcha: “Por gradas de imposible ascendiendo”.
Esta es la fuerza de la palabra que al fin resucita y se hace columna perenne.

Cuánto se ha roto, Dios.
Tú que lo sabes,
dime por qué se agrietan las columnas,
se pudren los cimientos,
se desploma el palacio
donde pusimos oro, plata, bronce,
cerámica, cristal, flores y fuentes,
con el primor, la entrega
de eternidades casi.

Cuánto se ha roto. Mira
por dónde los pedazos, ese polvo
que levantan las casas derribadas,
las carreras salvajes
de potros que se pierden a lo lejos,
por horizontes en que el viento llora
quién sabe qué desvíos.

Cuánto se ha roto, Tú.
Respóndeme qué pasa
si sólo quedan puentes destrozados,
descabaladas torres,
castillos en la hoguera de los sueños.

Por estas avenidas
donde pasaran toros, huracanes,
se erigieran estatuas
conmemorando esas
invasiones solemnes,
yo sobre las ruinas te pregunto
qué fue del templo aquél, de aquella roca
donde esculpí mi grito.



El río es como un brazo de justicia
con su sentencia al fin: el tránsito, el ejemplo.
Y en todos los rincones de la tierra
brotan los ríos y los hombres, que fluyen, y discurren,
que abocan en su mar tan sentenciado
definitiva fuente donde hundirse
con el desgarramiento de la huida .
Que el hombre, como el río, es un curso, una fuga,
un arrepentimiento, que primero avasalla
y se agazapa a veces, pero sigue adelante,
en la inútil carrera del minuto a minuto.
Los hombres o los ríos, disparados,
van hacia la constancia de un camino
que les lime las rocas
y les haga contornos de dulzura.
Se desvían sus fuerzas
y hacen marca distinta a la soñada,
la que pudo haber sido pero que se resiste
y allí en la resistencia abandonamos,
o golpeamos mucho,
como pasión segura de todas las razones,
o se deja lamida,
con nuestro gusto, así, para que sepa
al testimonio fiel de última instancia.
Y el río es como un trámite vigente,
y un hombre es como un río,
de la raíz del tiempo al polen mas alado,
de raíz de raices, de la sorpresa al mar.
Hay ríos pequeños y sin lucha,
que llevan la paciencia de enarbolar silencios
sin leyenda o razón que atribuirse.
y hay ríos que son grandes, como este que discurre a mi costado
y que lo sé común a tanta entraña,
con brazos extendidos de ambición o de ensueño,
con ansias de domar a las hirientes peñas
con virtud de caricia si por el tierno valle,
bebiéndose el tesoro de toda Andalucía,
trazando la rúbrica por este Sur de España,
mientras que salta el aire de una sierra a otra sierra
pero él sigue y persigue por su fluida columna
que busca la sentencia del Océano,
la meta irremediable
de donde han de brotar, ay sí, las nuevas aguas,
porque el río delata su parecido al hombre.
Y se hace la justicia de su curso,
su curso por la tierra, por la historia,
y no hay mutilación que nos lo niegue.

lunes, 29 de diciembre de 2008

LA ACTUALIDAD DE MANUEL AZAÑA POR F. MORALES LOMAS



Azaña ha adquirido en los últimos tiempos una gran actualidad con algunas obras que se han publicado sobre él y desde que su Obras Completas (más de siete mil quinientas páginas) fueran publicadas en Taurus. Una de las últimas obras dedicada al que fuera presidente de la República es “Yo, Manuel Azaña, tomo la palabra” de Francisco Cánovas, profesor de la Complutense de Madrid y Premio Nacional de Historia.
El profesor, historiador y narrador Cánovas ha querido con esta obra acercarnos de un modo “novelesco” a la figura de un hombre en el que se resume perfectamente la República y uno de los que intentó con más ahínco cambiar la situación de inestabilidad, conservadurismo y atraso de este país, promoviendo su modernización y basándose en el espíritu que había creado la Generación del 98.
Una figura que en los últimos años se ha engrandecido al ser reivindicado tanto por algunos dirigentes de la izquierda como de la derecha. No cabe duda de que estamos ante uno de los presidentes del Gobierno español más importantes de la historia, tanto por su talla intelectual como por su fácil oratoria y por su ingenio como escritor. Aunar a un tiempo la talla intelectual y la de dirigente histórico no se ha dado hasta el momento en ningún presidente.
Cánovas ha tratado que esta obra no sea ni una ficción, ni una biografía, ni unas memorias, sino que aglutine los condimentos y las técnicas propias de unas y de otras para hacerla más cercana al lector. Efectivamente, Azaña toma la palabra y en primera persona habla de sí mismo y de los personajes y acontecimientos históricos más importantes. Una versión reconstruida a la que no le faltan palabras textuales –que van en cursiva- ni situaciones de una gran dureza personal, de una gran intimidad y de una gran sinceridad. Su punto de vista trae como consecuencia una justificación evidente de su actuación y una ausencia total de autocrítica que tampoco asume el autor Francisco Canovas, totalmente identificado con la forma de pensar y la figura de Azaña.
La obra está organizada en diez capítulos y un epílogo, yendo linealmente desde el momento en que (en el capítulo I, La partida) se va de Madrid al sentirse amenazado por la cercanía de las tropas nacionales a Valencia, el día 18 de octubre de 1936 y más tarde su traslado a la Ciudadela en Barcelona. Salvo algunos capítulos en los que se produce un flash-back y reconstruye la biografía de Azaña desde sus años de estudiante en los agustinos de El Escorial hasta la instauración de la República y el protagonismo en ésta y en la Guerra Civil.



Sus primeras palabras no ofrecen ninguna duda: “Siempre alcé mi voz contra la guerra”. Es una idea permanente en el libro y hay constancia de ello en los continuos problemas que tuvo con Negrín (a partir del 37 jefe del Gobierno) para convencerlo inútilmente de que había que acabar con la guerra y buscar una salida pacífica y negociada. Habla de las cuatro causas de la derrota de la República en la guerra: la política británica: Inglaterra no dejó que Francia ayudara a España, y Francia no podía desarrollar su política exterior sin el acuerdo con Inglaterra: si los países europeos hubieran aplicado una política pacífica y solidaria la guerra se habría agotado: “Nuestro mayor enemigo ha sido hasta ahora el Gobierno británico”, escribió en sus diarios; la falta de cohesión de los partidos republicanos enfrentados entre ellos; la ayuda del fascismo italiano y el nazismo alemán: más de ochenta mil soldados italianos y alemanes, por apenas un millar de rusos; Franco y su voluntad de acabar con la República, son otros causantes.
También analiza el porqué se llegó a esta situación: La estructura social de España ofrecía violentos contrastes y penurias, agravada por la crisis económica mundial del 29 y a las discordias de las diferentes clases sociales que generaron una escalada de la violencia. La propensión al golpismo de algunos militares: desde la primavera del 31 había una trama golpista integrada por los militares Orgaz, Barrera, Ponte, Villegas, Carrasco y financiada por Juan March, el duque de Alba y otros hombres de negocios. A estos se incorporarán el general Sanjurjo, Mola... y muy al final Franco, que vio su oportunidad histórica tras la muerte de Sanjurjo y Mola en sendos accidentes de avioneta.
El apoyo decidido de la Iglesia al golpe. Tenía claro Azaña que “el catolicismo ha dejado de ser la expresión y guía del pensamiento español... España ha dejado de ser católica”. Y esta necesidad de no querer perder el protagonismo histórico que siempre ha querido tener (como en el momento actual con sus manifestaciones en la calle) llevó según hazaña al siguiente papel: “La iglesia española ha participado en esta guerra como en una cruzada contra infieles. Ahora cuenta con los moros, y los infieles son otros”.
Pero sobre todo el “odio y miedo causantes de la desventura de España..., por mucho que se maten unos a otros, siempre quedarán bastantes, y los que queden tienen la necesidad y la obligación de seguir viviendo juntos para que la nación no perezca”. Y por último, “la falta de solidaridad entre los pueblos de España ha sido uno de los mayores desengaños que he sufrido en toda mi trayectoria política”. Se fiaba tan poco de los nacionalistas que ya en la guerra dijo: “Caído Bilbao es verosímil que los nacionalistas arrojen las armas, cuando no se pasen al enemigo. Los nacionalistas no se baten por la causa de la República, ni por la causa de España, a la que aborrecen, sino por su autonomía y semi-independencia”.
Finalmente como causas más concretas: la carencia de mandos intermedios en el ejército republicano. Pero hay otras esferas que aborda: el gran papel de México y su apoyo decidido a los republicanos, la represión brutal de Franco, la importancia del arte, la literatura y la música en su vida: “El Museo del Prado es más importante para España que la República y la Monarquías juntas” dijo a Negrín. Y la gran mentira de Franco, vendida a todos los extranjeros: España se va a hacer comunista, cuando el PCE en las elecciones sólo obtuvo el 4% de los votos, menos que en la actualidad.
Como últimas reflexiones queda esta perla sobre el carácter y la forma de ser de los españoles, muy acreditada en la última legislatura española: “España es un pueblo difícil de someter a la disciplina de la libertad y la racionalidad. La mayoría de la gente es impulsiva y apasionada. Hay pocos sesos, o quizá no estamos preparados para utilizarlos convenientemente”.

domingo, 28 de diciembre de 2008

PACÍFICO DE J. A. GARRIGA VELA POR F. MORALES LOMAS


La narrativa de Garriga Vela es fiel a sí misma y a unos principios que la sustentan desde el origen: un lenguaje sencillo, frases cortas, rapidez narrativa, cambios constantes, secuencias breves, una aparente fragilidad (tanto en la densidad de la obra en sí como de su extensión) que es engañosa porque su profundidad vital está presente, la necesidad de objetivar la realidad a través de frases hechas que encierren una idea precisa original o tomada de otros con el verbo ser en un juego metafórico, la configuración de mundos cerrados (los mundos de Garriga Vela caben en una manzana, como él mismo dirá), el espacio como agente delimitador; y los personajes, miembros de una comunidad reducida (a veces de una familia, como en esta novela) «problemática» que asume un azar generalmente desgraciado –casi como los personajes de su admirado Kafka- que los sobrepasa convirtiéndose en héroes trágicos.
Estas condiciones también se dan en “Pacífico” (Ed. Anagrama, 2008). Su mundo pertenece en este caso al espacio cerrado de la calle de Comercio: “Mi mundo literario cabía en un edificio de calle Comercio”, dirá el narrador protagonista y testigo de los acontecimientos. La proyección de lo cotidiano y su trascendencia simbólica es determinante en su obra. Las aparentes vidas anodinas de cada uno de nosotros pueden (como en la obra de Kafka) ser un símbolo de muchas existencias.
La obra desarrolla la historia de una familia (la del narrador), a la que le persigue la desgracia -son dueños de ella, dirá-. A través de la primera persona cuenta las situaciones más llamativas de la vida de su madre (comadrona), su padre (viajante de comercio), su hermano Sebastián, el amante de su madre Fernando Nogueira, él mismo y los boxeadores, el grupo de Los sonaos...



Comienza la obra el 2 de julio de 1961, desde el momento que hacen la Primera Comunión y Hemingway se pega un tiro en la boca. Va de uno a otro personaje sin una estructura premeditada según el fluir de conciencia (aunque haya una organización estructural en treinta y tres capítulos breves). El narrador es un joven que pretende ser escritor. Este hecho crea una vía metaliteraria en la obra, en la que desde el principio aparecen dos escritores como referentes y guías (con continuos guiños a ellos): Hemingway y Kafka, con el que tiene algunas relaciones Garriga Vela en la concentración en esos mundos pequeños y agobiantes. Esta vía metaliteraria está presente con continuas reflexiones al oficio de escribir. Estas reflexiones nos ofrecen muchas claves sobre el modo en que Garriga Vela entiende el oficio literario: ”Yo soy un hombre que piensa en otra cosa” (esta frase es la cita inicial de Antonio Lobo Antunes); “no cabía duda de que para triunfar en la vida, al menos como escritor, era necesario pasar hambre, ser infeliz o estar muerto”; “siempre quise ser un escritor maldito y al final me convertí en un maldito escribiente”; “los escritores oyen el silencio, descubren lo invisible y después lo cuentan en sus libros”; “Kafka afirmó que un libro tiene que ser el hacha para el mar helado que llevamos dentro. Pero yo no ocultaba nada especial en mi interior”... Pero también existe esa relación entre la psicología personal o inventada y la literatura: “Mi tristeza era una pose, una forma de llamar la atención, una condición ineludible para convertirme en escritor. Estaba contento de ser infeliz. Además no cabía duda de que mi aspecto lánguido y desvalido iba a favorecer en el futuro mi carrera literaria”.
La profundidad en la psicología de los personajes, el aire irónico; a veces, tristón y nostálgico invade esta obra en la que todo son infortunios: su hermano acusado de violar a su propio hijo y encarcelado (la historia de la violación se revela a partir del capítulo veintinueve); su padre con los cuernos permanentes y un accidente de coche que le impedirá andar (el final de éste no lo desvelamos); la madre en su romance con Fernando Nogueira y él con ansias de ser un gran escritor pero conformándose como Kafka en trabajar en una oficina. Como un homenaje al boxeo y a su querido Manuel Alcántara, preparador de boxeadores en la obra, surge el grupo de Los sonaos que jugaban los miércoles por la noche al dominó y las cartas, y Antonio Linares, también boxeador, alias el Pipa.
Una de las búsquedas lingüísticas permanentes de Garriga Vela, poco expansivo y tomando el silencio como técnica narrativa, es la concentración de los significados en una frase, la inmediatez y la búsqueda de la palabra o la frase expresiva que rompa y cree un mundo personal, por ejemplo: “En la vida fallas cuando tienes muchas cosas en la cabeza”; ”la felicidad es una biblioteca repleta de libros y un jardín cubierto de plantas”; “si el corazón pudiera pensar se pararía”; “los mexicanos cuentan que el océano Pacífico no tiene memoria”;“Mi hermano se había convertido en un extranjero del tiempo”; “Más que un viajante de comercio, mi padre era un viajante de calle Comercio”; “mi padre no soportaba el silencio”; “me considerada un niño afortunado porque tenía dos padres en lugar de uno”.
En definitiva, una novela con la que se concentra en un estadio concreto, en un mundo cerrado, en unos seres anodinos con sus desafortunadas vidas que llegan a tener una proyección simbólica y universal.

Garriga Vela, “Pacífico”, Ed. Anagrama, Barcelona, 174 páginas, 15 €

sábado, 13 de diciembre de 2008

LA ARQUITECTURA DE LAS EMOCIONES por F. MORALES LOMAS




Desde que conozco a F. Ruiz Noguera (va ya para un cuarto de siglo) he tenido la impresión de que su lírica se construye desde la expectación de las emociones, su crepúsculo y reconcomio. La alquimia de los deseos, el espectáculo del ser humano ante sí mismo y el mundo que le rodea, sus mitos no consumados, su humildad de ser inacabado y en proceso de suspensión, bajo la férula temporal que establecen los imprecisos límites de la vida, a resultas de la gran astenia, su desaliento y su muerte.
Ello es sintomático en el último poema de su nueva obra, Arquitectura efímera (2008, VII Premio Vicente Núñez), en donde establece una poética que lleva por título “Límites”. Y entre ellos, los que debe encerrar la bonhomía de la palabra, la lengua clara, lumínica: “Hablar con claridad de lo que puede hablarse”. La demarcación del poeta, su territorio, su jurisdicción es, en consecuencia, tanto exterior como interior. Hay unas fronteras que se construyen fuera, pero también otras que impone la capacidad del verbo, su transigencia, su luminosidad o su perversión. Y entre esos límites se establecen una serie de unidades temáticas y significativas que son principios estéticos: “los días azules”, “el tedio de las horas o su fulgor gozoso”, “el corazón”, “un libro”, “la espada”, “la penumbra del misterio”, “la gélida seda de la muerte”, “la palabra”; el verbo con el que se está en una relación de autoayuda.
Símbolos o términos precisos que confieren un significado a la vida y a la obra. Todo ello aderezado por una organización sistemática y ordenada del poema en el que se observa cómo el ruido de las palabras no impide dejarles el hueco que necesitan. Equilibrio y clasicismo que en sus últimos poemarios sigue tan vivo, pero adaptado a la incontinencia de una corriente vitalista y elegíaca. El sustantivo y el adjetivo que dan título a Arquitectura efímera refuerzan dos ideas siempre presentes: la lasitud de todo lo que fluye alrededor del ser humano, el discurso de lo perecedero, de lo efímero y precario... junto a la sistémica del proceso, que bien se puede entender como un armónico que delimita los campos, aunque también como una férrea singladura (inamovible) hacia el estertor de lo provisorio y volátil. Podríamos resumirlo en estas palabras: no somos aquí, sino que estamos hoy. Este estar, determina “agarrarse a la vida”, organizar la hora de los sentidos, su mirar limpio, adentrarse en la vida, en su corriente (“Collige, virgo...”: collige, virgo, rosas dum flos novas et nova publes et memor esto aevum sic properare tuum: coge, muchacha, las rosas mientras haya flores nuevas y juventud incipiente y recuerda que así se marchita tu tiempo; coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto antes que el tiempo airado... dirá Garcilaso), anclarse en la marcha del hoy: “Sin ir más lejos, hoy” y adentrarse en el conformismo de ser ahora: “Confórmate con ver/ tan sólo lo de siempre,/ por ejemplo, esta calle,/ la de todos los días”. El poeta está bien avenido con el estar, callado el firmamento, alto, distante. Y, más que ser un héroe inmortal, estar en la mortalidad, siendo hoy. De ahí su parodia sobre la inmortalidad en “El héroe inmortal”. Y en esa determinación de estar, la contemplación de la luz, su poder, su secuencia vital: “Pondrás toda la luz/ en el negro abundante”. La única forma de determinar el ruido de la muerte, su oscuridad, su inmortalidad.
A este juego de esencia y presencia no es ajena la línea temporal: la memoria, el pasado, el presente y el futuro sobre el que va y viene el poeta tratando de explicarse el mundo. Se busca el que fuimos y también el que se seguirá siendo. Pero siempre en la inmanencia del presente. Esto se hace preciso en el poema “La máquina del tiempo”: “Tú puedes dominar/ la ruta que desees (...) el trayecto se mueve/ entre el reino ya fijo/ de recuerdos que miran a la bruma/ y el imperio futuro/ que domina los sueños”. Pero también el poema “Tránsito”.
Desde el comienzo nos habla de la terminología de la construcción y nos introduce percepciones como simetría o incompleto. Y se detiene en algunas ideas que determinan su utopía lírica: la esencia de la mirada, su aliento último, como uno de los recursos expresivos más empleados. La mirada es el resorte que nos anuncia lo que el mundo nos ofrece y lo que nosotros le ofrecemos al mundo (una visión lúcida), a través de ella, que es luz, penetra esa claridad, esa esencia. Esta recurrencia a la mirada es constante en el poemario: “Qué sencillez tan plena en la mirada”, “que asombre la mirada”, “toma con la mirada/ todo lo que de hermoso se te ofrece”, “miras y miras a ver qué se te ha perdido”, “mirándote a los ojos”... Incluso como un aldabonazo y símbolo indeleble el verso que fija un poema: “Mirar los ojos limpios de lo oscuro”. Esta bendición lumínica de penetrar en lo impenetrable de la existencia queriendo obtener una explicación racional.
Con esta oportunidad para organizar “la arquitectura efímera” de la existencia le llega también la hora a la muerte, como una victoria del “ángel de las sombras”, luciendo su coraza de charol y eternidad. Por este motivo cualquier herida carece de elocuencia, es un borrón en el estar de hoy, en el momento; es prescindible en esta niebla, en esta columna frágil que es el hombre, anclado en un túnel y efímero por su naturaleza: “Ya no hay ninguna huella,/ ningún vestigio queda/ del calor de una vida.// Sólo nada”.
Un poemario de búsquedas, de observaciones, de ojos que sucumben al estertor de la vida y comprenden su vacío, su desnudez completa, lo que fue un espejismo.

martes, 9 de diciembre de 2008

PERE GIMFERRER, EPÍGONO POSMODERNO POR F. MORALES LOMAS




Tornado (Seix Barral, 2008), o la mirada hacia atrás, es el último proyecto lírico del poeta catalán Pere Gimferrer, miembro de la RAE desde 1985 y Premio Nacional de Literatura en dos ocasiones. Es una continuación de su poemario Amor en vilo, en el que conectaba con el cine, el jazz o la tradición literaria...
Tornado lo componen setenta y tres poemas de amor escritos linealmente desde el día veintiséis de febrero de 2006 hasta el nueve/diez de marzo de 2008; siendo durante el año de 2006 cuando se escriben la mayor parte de ellos: 39. Es un libro que trata de almacenar lo mejor de la tradición clásica del barroco, fundamentalmente (aunque hay también poemas dentro del clasicismo del XVI), y del modernismo, tomando como unidad temática el amor explosivo, la exaltación de la amada, el erotismo múltiple, la acumulación de imágenes, metáforas, símbolos, figuras retóricas, símiles...; y la plétora verbal a través de los elementos musicales que conforman todos lo de repetición (anáforas, aliteraciones, la rima, paronomasias...), estructuras paralelísticas..., que conforman un poemario con una sensibilidad vetusta y antigua, que tiene algo de quincalla; y quizá poco creíble, porque acaso se perciba más como un ejercicio literario que como una pulsión emotiva, aunque quizá esto sean considerados prejuicios de lector. El escritor catalán demuestra en Tornado que es un gran gregario de Góngora, Quevedo o Rubén Darío, a los que trata de emular con su continuo juego metafórico, sus imágenes rutilantes y sus verbalismo incontenido, musical y evanescente.
Decir a la amada en estos momentos de la literatura española que es “Una mujer formada de oro y plafones/ y de una algarabía de estruendo y fuego./ Una mujer escrita en modulaciones/ sobre la partitura del tú y el ego”, o hablar de “la pulsación de soles de tu cuerpo”, o “tus talones de oro me han desencuadernado” es una lírica que puede tener sus prosélitos (y Gimferrer los tiene) pero a mí me resulta, como mínimo, una lírica turbadora y, como máximo, un juego con la tradición literaria a la que pretende remedar o parodiar. Estaríamos, en consecuencia, ante un escritor que en estos momentos desea convertirse en epígono posmoderno tratando de acarrear de nuevo a nuestros días un tipo de literatura que en el pasado cosechó indubitables éxitos.

Gimferrer se convierte, pues, en trasgresor desde la concepción de un discurso prístino, intentando una vuelta a los grandes clásicos, rivalizando con Quevedo y Góngora, con Rubén Darío y Valle-Inclán. Pero escribir como lo hicieron Quevedo o Góngora puede resultar a estas alturas un discurso ajado o deslucido. Aunque también es cierto que es una literatura que tiene sus lectores y Gimferrer desde el 66 posee una cohorte de seguidores (en algún momento yo lo fui) a los que, sin duda, agradará su poesía, por ser un virtuoso de la palabra literaria y un buen lector de los clásicos, que diría Borges. Y, efectivamente, creo que uno de los valores del libro es ese virtuosismo creador intentando por momentos unir la posmodernidad con la tradición literaria.
En este extenso libro de poesía amorosa el lector podrá encontrar esa capacidad lingüística que nadie le niega, un notable talento expresivo y la consideración de que ha recogido el testigo de las lecturas clásicas y ha asumido la mejor tradición de la literatura española..., pero también podrá encontrar a un escritor impersonal, incoloro e inodoro, seguidor de alguien que en su momento descubrió al mundo el papel revolucionario y vital de la palabra, pero cuando se crea ex nihilo.
No considero que sea el papel de un gran escritor actual escribir con sucedáneos imitativos de la mejor literatura española áulica. O al menos alguien que, en el pasado, ha demostrado ser un profundo poeta en obras Arde el mar o La muerte en Beverly Hills. A un escritor así le debemos reclamar que escriba una obra personal, una obra que quede como testimonio de una época.

Gimferrer, Per: Tornado, Seix Barral, Barcelona, 2008, 189 págs.

La creación literaria y el escritor

La creación literaria y el escritor
El creador de libros, pintura de José Boyano